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Un Curso de Fe Inegoísta L4, P3

Un Curso de Fe Inegoísta

El poder ilimitado de Dios SER ABSOLUTO vs sufrimiento

Lección No.4

Lección No.3 El SER ABSOLUTO y la Privación de SER Absoluto, la creción o generación de todos los entes

(El modelo panteísta y ontológico de la creación de la realidad espiritual y material)

        La fe inegoísta y la fe religiosa-convencional son radicalmente diferentes: Los estimables y pacientes lectores de este curso de Fe Inegoísta, muy posiblemente han notado a esta altura del curso, la abundante base filosófica occidental, escolástica, patrística y esotérica que dan sustento al mismo. Y más específicamente dentro del componente filosófico occidental, se encuentra el conocimiento ontológico y metafísico. Además, en lo relativo al esoterismo, podemos apreciar la presencia de principios de la filosofía oriental. Todo ello conforma un sincretismo que reúne lo mejor de los dos mundos: la sabiduría occidental y la oriental.

     La palabra fe tienen muchos sinónimos. Algunos soy pertinentes en este punto de nuestro análisis: certidumbre, convicción, convencimiento y dogma. La fe religiosa-convencional parte, primero que nada, de un dogma. En el caso de las diferentes religiones cristianas, inicia con la existencia de la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo). Y a partir de ese dogma, continúa con la certeza y el convencimiento de que Dios actúa en nuestro auxilio o en nuestro provecho porque es compasivo y porque es correspondiente con nuestra fe.

     Por su parte, la fe inegoísta inicia su propuesta con algo más que fundamental: la demostración filosófica (ontológica) de la existencia de Dios y de la naturaleza espiritual de la psique o del alma. Luego, haciendo uso de conceptos fundamentales de la ontología, nos presenta la ley de la causa eficiente, según la cual, a mayor presencia de SER, de Dios en nuestras psiques, mayores serán nuestras probabilidades de librarnos de las causas deficientes o perjudiciales productoras de No-Ser (de sufrimiento, dolor, perjuicio). Algunos de dichos conceptos fundamentales, son los siguientes: el SER ABSOLUTO, Dios increado, los seres o entes que participan de ese SER en forma transitoria, privación de SER o No-Ser, y el enunciado de que las cosas, ideas, creaturas (los entes en general), no son más que simples modos a través de los cuales se manifiesta o participa el SER (Dios). 

     De acuerdo con la la fe inegoísta, la la ley de la causa eficiente es una ley típica de causa-efecto, acción-reacción, similar en cuanto a su lógica a la ley budista del karma, aunque ambas leyes son muy diferentes en cuanto a su base racional filosófica y su propuesta teleológica. Ahora bien, el gran problema para el practicante de la fe inegoísta es lograr el incremento de la presencia de SER, que es una labor muy difícil y sacrificada. Afortunadamente, la doctrina del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, le proporciona a toda aquella persona que se tome el tiempo y la molestia de estudiarla, el conocimiento y entusiasmo necesarios para hacerlo.

     En el marco de la Fe Inegoísta, prescindimos de los dogmas y del Dios con forma de trinidad que acudirá a nosotros por el simple hecho de que consideramos que somos merecedores de su compasión.  En su lugar, nos comprometemos con un modelo de vida regido por el Espiritualismo Ontológico y la Fe Inegoísta que nos permitirá progresar diariamente en el plano espiritual, es decir, que nos permitirá incrementar permanentemente la presencia de SER (de Dios, de Bien, de expansión cualitativa, de riqueza ontológica) en nuestra psique, lo cual es imprescindible para contar con un mayor favorecimiento de la ley de la causa eficiente.

     SER ABSOLUTO, privación de SER y los entes: Dios es el SER. El SER se percibe por la razón, no por los sentidos. Si prescindimos por abstracción mental de todas las determinaciones (esencia) que distinguen un ser de otro, nos quedamos con el concepto puro del SER.  El SER es lo que hace que las cosas sean. No vemos ni entendemos el SER, pero sabemos distinguir lo que es de lo que no es. Dios es el SER (el SER ABSOLUTO), porque es la fuente del ser de todas las cosas. Pero Dios no es el “logos” o la idea pura del SER, sino que es el “ontos” o lo que corresponde en la realidad, al concepto del SER (y el ontos evidentemente es una realidad de orden cualitativo). Y es que en la realidad algo tiene que corresponder al concepto del SER, porque de lo contrario tendríamos que decir que nada existe, lo cual sería absurdo.

     Dios decidió crear. Pero no podía crear dioses, porque lo más característico de Dios es que no es creado. Y al ser increado, es eterno. Dios trasciende el tiempo y el espacio, variables que definen la realidad del ámbito de la verdad relativa, y, por lo tanto, también es infinito. Si bien es cierto que Dios no puede crear otro dios u otros dioses, también es acertado indicar que Dios puede crear o generar una cantidad ilimitada de cosas o seres que en términos ontológicos denominamos entes.

     Los seres o más correctamente los entes creados o generados por Dios, tenían que ser necesariamente limitados en el tiempo y en el SER, porque son múltiples, distintos, mutables y compuestos (es decir, encierran composición). Y esas propiedades (multiplicidad, distinción, mutabilidad y composición) son propiedad exclusiva del NO-SER. Y el No-Ser es todo lo opuesto de Dios, que es el SER PURO, ABSOLUTO.

     Para entender el concepto de NO-SER (o de Privación de SER), es imperativo tener claro que el universo es obra de Dios. En él se manifiestan su poder, su sabiduría y, sobre todo, su bondad. Todo lo que procede de Dios es SER, o es BIEN, aunque todas las cosas creadas incluyan un altísimo grado de imperfección o de No-Ser (Privación de SER). En el caso de los seres humanos, la inevitable imperfección de sus actos es la causa de la mayoría de los males, perjuicios y sufrimientos. Dicha imperfección proviene del mal metafísico y más específicamente, del mal moral.

     Las cosas del mundo son más perfectas en la medida en que tengan más SER (Bien, riqueza ontológica, expansión cualitativa) y estén, por eso mismo, más cerca de Dios. El NO-SER inherente a cada ente constitutivo del universo (desde las partículas más diminutas y elementales de la materia como los electrones, ascendiendo en tamaño y complejidad hasta las células, el ser humano y los astros), al ser el causante de la multiplicidad, la distinción, el cambio (mutabilidad) y la composición, está haciendo posible la existencia del mismo cosmos y contribuye con la belleza de toda la naturaleza.

     Definición de ente de género material: Es todo aquel objeto o cosa dotada o compuesta de esencia y existencia, de acto y potencia, de forma y materia, a la que Dios le ha permitido participar de su SER exclusivamente en el ámbito de la verdad relativa (que es el ámbito condicionado por el tiempo y el espacio), por lo que existe transitoriamente (inclusive el universo mismo). En su inmensa mayor parte, es privación de SER (o No-Ser), o sea, imperfección, indeterminación, inconcreción.

     Definición de ente de género espiritual: Hay dos tipos de entes espirituales, las almas y los bienes espirituales, tales como la contemplación, el Estadio Existencial de Plenitud, la Ley Eterna, la autorrealización espiritual, la libertad derivada del dominio sobre sí mismo, la voluntad transigente y misericordiosa, el recto camino de las virtudes, los actos moralmente buenos, el conocimiento de la sabiduría universal, de los valores espirituales y de la virtual inexistencia de los entes. Todos los anteriores tipos de bienes espirituales incrementan la magnitud de SER en nuestra psique u organismo sobrenatural.

     Un principio básico de carácter ontológico es que el SER (Dios), es único e inmutable, mientras que los entes son múltiples y en continuo cambio. El SER es total y absoluta determinación (el ontos). El ente no es ni nada ni todo, es algo. Todo lo que es algo, es ente. Todas las cosas que de alguna manera participan del SER, son entes. Tanto los entes materiales como los espirituales son imperfectos, pues recibieron la existencia de Dios (en el ámbito de la verdad relativa exclusivamente). Por lo tanto, tienen una existencia distinta de su esencia y una gigantesca privación de SER o presencia de No Ser, es decir, de imperfección, de indeterminación, de inconcreción. Por esa razón existe el Estadio Existencial de Carencial, en el cual las almas separadas de sus cuerpos por la muerte tendrán que purgarse de su enorme dependencia con la avidez, es decir, tendrán que lograr un alto grado de perfeccionamiento espiritual o de santidad, de autodominio (tendrán que incrementar la presencia de SER, de Dios, de Bien, de expansión cualitativa, de riqueza ontológica).

     Las almas, en su condición de entes han recibido la dicha de ser (de existir) a través del SER de Dios y, por lo tanto, tienen una existencia distinta de su esencia. Y dicha esencia está conformada por la forma (que es acto, y el acto es perfección) y por la potencia (pero no por la materia, que es exclusiva de los entes materiales).

     La potencia es inherente a todo cuanto ha recibido la existencia, es decir, inherente a todos los entes, a todo aquello que, a diferencia de Dios, tiene una esencia distinta de su existencia y que por lo tanto es imperfecto. Y los entes espirituales tales como las almas separadas de sus cuerpos por la muerte, a diferencia de los entes materiales, en virtud de su voluntad (misericordiosa y transigente) y de su entendimiento (puro, inegoísta, ascético, abnegado y resiliente) tienen la capacidad o están en potencia para incrementar la presencia de SER, de Dios, de Bien, de causa eficiente en su psique u organismo sobrenatural. O lo que es equivalente, las almas están en potencia de incrementar y de perfeccionar su santidad y su desempeño ético, no solo durante su vida terrenal, sino también, en los estadios posteriores de evolución, como son el Estadio Existencial Carencial y el Estadio Existencial de Plenitud.

     El ser es acto, la posibilidad de ser es potencia. Dios es acto puro (perfección), con una ausencia absoluta de potencia. Por eso Dios es concreción y determinación absolutas, Ser Puro. La posibilidad de dejar de ser es impotencia (No-Ser). Toda potencialidad supone algún acto. Los entes en general son al mismo tiempo acto y potencia -dada su imperfección-. Y como consecuencia de ello, son contingentes (o inciertos). Tanto el acto como la potencia son extremadamente limitados en los entes contingentes, por lo tanto, la presencia de No-Ser (o la privación de SER) en los entes contingentes es inmensamente mayoritaria. Lo mismo sucede con la presencia de impotencia.

     Todos los anteriores argumentos ontológicos nos permiten demostrar la primera limitación de los entes tanto materiales como espirituales: la composición, y la composición es indeterminación, porque cada uno de los componentes del ente no es el resto de los componentes, lo que implica que hay una gran presencia de No-Ser en el ente. En los seres materiales, una parte No-Es la otra parte (el pétalo No-Es el tallo, por ejemplo). En cambio, Dios es determinación absoluta, porque es existencia pura, sin esencia. Los entes espirituales están compuestos de existencia y esencia, y dicha esencia está compuesta de forma (pero no de materia), o también, de acto y de potencia. La diferencia entre los entes espirituales y los materiales es que éstos últimos tienen en su esencia no solo acto y potencia, sino también forma y materia, y la materia por definición es corruptible, o sea, puede descomponerse o pudrirse como lo hace un árbol o un animal muerto. La corruptibilidad es la segunda limitación de los entes en general.

     Sin embargo, en el caso de los entes de género espiritual, tenemos que considerar que carecen de materia y por lo tanto es necesario cuestionarnos si también son corruptibles como los entes de género material. La Real Academia Española nos brinda varias acepciones del vocablo corromper:

     Alterar y trastrocar la forma de algo. Echar a perder, depravar, dañar, pudrir. Estragar, viciar. Oler mal.

     Según la RAE, algunos sinónimos de corromper son los siguientes: Pudrir, Descomponer, Estropear, Deteriorar, Malograr, Desintegrar, Pervertir, Seducir, Enviciar, Depravar.

     Según la RAE, corromper puede significar:

     Dañar o corromper física o moralmente.

     Pervertir (a alguien), o inducir(lo) a apartarse del comportamiento recto.

     Pudrir, o hacer que se descomponga (un cuerpo o sustancia orgánicos).

     Con base en la anterior base semántica, podemos establecer una corruptibilidad de tipo material y otra de tipo cualitativa, espiritual o ética. Los entes poseen tanto potencia como impotencia. La impotencia es la posibilidad de dejar de ser, es decir, la posibilidad de perder parte de la forma o acto (o perfeccionamiento) que posee el ente en un determinado momento. En lo concerniente a los entes de género espiritual (los seres humanos son entes mixtos, espiritual y material), la impotencia es la posibilidad de perder parte de su modesto grado de perfeccionamiento espiritual, o bien, la incapacidad de conservar su nivel actual de virtud y enviciarse debido a la avidez y al dominio tan poderoso que ejerce la personalidad egoísta (mal moral). Por lo tanto, es perfectamente factible atribuir la corrupción ética-moral a las psiques de las personas (a sus almas).

     Tenemos por un lado la corrupción o descomposición material, y en el otro, la corrupción o descomposición espiritual o moral-ética. La fruta se ha descompuesto físicamente, el alma se ha descompuesto espiritualmente (o sea, ha perdido parte de su forma, de su acto, es decir, de su grado de perfeccionamiento -SER- porque se ha enviciado).

     En su proceso de santificación o perfeccionamiento espiritual, los seres humanos y las almas separadas de sus cuerpos por la muerte (alojadas en el Estadio Existencial Carencial o EEC), deben desarrollar un proceso gradual de kénosis, el cual les permitirá obtener también gradualmente una mayor presencia de SER o de Dios. Es decir, las psiques de los humanos (mundo terrenal) y las almas (EEC) están en potencia para incrementar su grado de perfeccionamiento (de presencia de SER). Dicha cualidad (la potencia) es uno de los factores causantes de la tercera limitación de los entes materiales y espirituales: la mutabilidad (un ser al experimentar cambio se hace lo que No-Era o deja de ser lo que Era). Ejemplo: el cuerpo humano luego de morir y ser cremado, se convierte en lo que No-Era: cenizas y gases.

    Explica San Agustín de Hipona en su obra El libre albedrío: las cosas antes de ser no son, y cuando son, comienzan a No-Ser. Lo cual expresa diáfanamente ese proceso de cambio, de transformación y de indeterminación tan inherente a la naturaleza del No-Ser (que es materia o potencia), es decir, tan inherente a los entes o cosas de la realidad material-personal. Al estar las cosas o los entes sometidos a un proceso constante de cambio (la base de todo son las reacciones químicas y nucleares), adolecen de una enorme presencia de No-Ser, es decir, de indeterminación. El fenómeno de la dualidad onda-partícula, uno de los elementos más importantes de la teoría de la mecánica cuántica, es un ejemplo diáfano de dicha indeterminación (de No-Ser o privación de SER).

     A diferencia de los entes de género material, las almas son sustancias simples porque no tienen materia. Sin embargo, esta característica no las exime de las limitaciones de los entes en general que ya hemos mencionado y que son, la composición, la corruptibilidad y la mutabilidad. En este punto, es imperativo señalar y aclarar, que a diferencia del alma (psique: voluntad y mente), los bienes espirituales que hemos conocido en este curso efectivamente son incorruptibles.

     Dado que tienen una existencia distinta de su esencia, y que en dicha esencia poseen forma (acto) y potencia (pero no materia), las almas no pueden ser eternas, pero son perennes (porque son sustancias simples). La perennidad (más no la eternidad), es la cuarta limitación de los entes exclusivamente de género espiritual. En el caso de los entes materiales, además de acto y potencia, tienen forma y materia, por lo que no son perennes, sino impermanentes (la impermanencia o transitoriedad, es la cuarta limitación de los entes de género material).

     La perennidad de las almas se manifiesta en el ámbito de la verdad relativa singular, cuyo asidero es en primera instancia el Estadio Existencial Carencial (EEC), y en segunda instancia, el Estadio Existencial de Plenitud (EEP).

     Las almas son múltiples porque poseen forma (acto) y potencia. Si hay potencia es porque recibieron el ser, y así como lo recibe un alma, pueden recibirlo muchas, por eso son múltiples. Otra causa de su multiplicidad es que el proceso de purga en el EEC es muy particular para cada alma. Ni siquiera puede haber dos procesos de purga iguales en el EEC. Todos tienen características muy propias. Los entes de género material también son múltiples, porque entre un ser y otro, como por ejemplo entre un árbol y otro, se manifiesta el No-Ser árbol (un árbol No-Es el resto de los millones de árboles que existen). La multiplicidad es la quinta limitación de los entes en general.

     Finalmente, las almas son distintas, ya que cada una de ellas formó parte de un ser humano que es un ente mixto (género espiritual y material). Así como cada individuo es único, lo es también su experiencia de vida en la que su voluntad y entendimiento (psique) estuvieron inextricablemente involucrados en todas las vivencias y acaecimientos. Los entes materiales también son distintos, porque un árbol se distingue de un ave porque el árbol No-Es ave. Y la distinción es la sexta limitación de los entes en general.

     Anteriormente expresamos que los entes espirituales son perpetuos, pero no eternos. Esta condición significa que Dios les ha hecho partícipes de su SER en el ámbito de la verdad relativa singular o Estadio Existencial de Plenitud, en el cual, las almas altamente espiritualizadas y liberadas de la avidez, alcanzarán una presencia concentrada de SER o de Dios.

     El Estadio Existencial de Plenitud (EEP) en esencia es una existencia contemplativa de Dios, es un acto puro de contemplación. En el EEP, el alma dotada de la facultad del entendimiento puro, inegoísta, desapasionado, está dedicada a contemplar (desde una posición mucho más ventajosa que cuando formó parte de un ser humano) la verdad, la voluntad, el entendimiento, la determinación y la concreción absolutas y perfectas de Dios.

     Los entes espirituales tienen la capacidad (por su propia voluntad), de perfeccionarse y de incrementar la presencia de Dios, de SER (de acto, de forma), y por eso son muchísimo más perfectos que los entes de género material.

     Como Dios es SER puro e increado (y, por lo tanto, sin distinción entre existencia y esencia), en Dios no hay impermanencia, como tampoco hay pluralidad (multiplicidad) ni distinción ni cambio ni composición, atributos que como ya dejamos establecido, son propios de los entes y, por lo tanto, sólo pueden darse mediante el NO-SER. Y como en Dios no hay pluralidad ni distinción, es único en número y en esencia. Y como en ÉL no hay mutabilidad, es siempre el mismo y en consecuencia, es absolutamente incorruptible. Y como en ÉL no hay composición, es simple. Además, Dios, aparte de ser SER puro (100 % SER), es espíritu puro, y esto confirma su simplicidad (existencia pura). Y por su omnímoda simplicidad, en Dios no se puede establecer distinción entre saber, querer y hacer.

    En las almas, el acto (presencia de Ser, de Dios, de Bien, de riqueza ontológica) está limitado por su esencia (materia y forma), que es diferente de su existencia. La presencia de SER que puede albergar un alma (exclusivamente en el ámbito de la verdad relativa singular), comparada con Dios que es el SER ABSOLUTO, increado, eterno, infinito, omnisciente, omnipresente y omnipotente, no solamente es infinitesimal, sino que también es aparente y no real ni efectiva, ya que las almas se desenvuelven en ese ámbito extremadamente particular que hemos denominado “verdad relativa singular”.      En contraste, en Dios el acto es puro, ilimitado y único. No hay esencia ni potencia que pueda dividir ese acto puro, ese SER PURO, ese SER ABSOLUTO. En Dios no hay distinción entre existencia y esencia porque es increado, porque es Dios.

     ¿Cómo hace DIOS para crear o producir entes? Haciéndolos partícipes transitoriamente de su Existencia Absoluta (que es increada) pero con existencia y esencia diferentes. Dios nos brinda la dicha de ser o existir a través de la compartición de su SER ABSOLUTO única y exclusivamente en el ámbito de la verdad relativa (en el caso de los entes espirituales, su ámbito es el de la verdad relativa singular). Al hacernos partícipes o compartirnos su SER, nos está dando gratuita y bondadosamente la dicha de ser, aunque por medio de una existencia y una esencia en forma separada. Pero es que no podría ser de otra manera, ya que solo Dios, Increado, SER ABSOLUTO (cuya existencia ontológica ya hemos demostrado en algunas lecciones y secciones anteriores), posee la virtud de que su existencia y su esencia están fundidas en una sola Realidad Divina Noumenal.

     Prestemos atención a todo lo que nos diferencia de Dios, y por lo cual, tenemos una existencia distinta de nuestra esencia, y por lo cual, somos acto y potencia, forma y materia, y por lo cual, estamos expuestos al mal metafísico y a sus respectivos y derivados males físico y moral, los causantes de que nuestro mundo sea tan imperfecto, tan mediocre moral y éticamente, tan extremadamente injusto y desigual:

     A) Dios es absolutamente inmutable, inalterable, inmodificable, incorruptible, imperturbable, indivisible. Es decir, Dios es acto puro indivisible porque en Él no hay absolutamente ninguna presencia de esencia o de potencia que pueda dividir ese acto puro.

     B) Dios es concreción y determinación absolutas. Todo ente por definición adolece de un determinado grado de inconcreción e indeterminación (de No-Ser o de privación de SER).

    C) Dios es increado y es la causa del ser de todos los entes de la realidades material-personal y espiritual (que son virtualmente inexistentes o prácticamente nada), incluyendo las almas y el universo mismo.

      D) Dios es SER puro, SER ABSOLUTO, por lo tanto, no puede admitir la más mínima presencia de No-Ser, es decir, la más mínima presencia de ente alguno, lo cual incluye al universo, al género humano y a las almas separadas de sus cuerpos por la muerte. Los entes, ya sean de género material o espiritual son fundamentalmente No-Ser, y el No-Ser es causa ineficiente, es imperfección, es vicio, es defecto. Las características de los entes son todo lo contrario de las características de Dios que acabamos de enumerar. Por eso mismo, las cosas que tienen lugar en el ámbito de la verdad relativa, o en el de la verdad relativa singular (para el caso de las almas liberadas de sus cuerpos por la muerte), no tienen cabida alguna en el ámbito de la verdad absoluta, la verdad de Dios, del SER ABSOLUTO.

     No obstante, es fundamental indicar, que las almas que han alcanzado el Estadio Existencial de Plenitud poseen una presencia de SER inmensamente mayor a la que poseen las almas en el Estadio Existencial Carencial, lo cual les capacitará para contemplar desde una posición muchísimo más privilegiada y en forma perenne, la verdad, voluntad, mente, determinación y concreción absolutas y perfectas de Dios. Y el resultado final de todo esto, es experimentar en forma plena, la autorrealización y la felicidad espirituales.

      Argumento del carácter infinitesimal de la verdad relativa: Todo ente (desde un átomo, una molécula, el reino animal, el reino vegetal, el reino mineral, los demás reinos naturales que hay en la Tierra, nuestra galaxia, el universo entero incluyendo al ser humano), no es más que un ser (con minúscula) que participa de la existencia de Dios exclusivamente en el ámbito de la verdad relativa o en el de la verdad relativa singular (en el caso de las almas separadas de sus cuerpos por la muerte). Los condicionantes espacio-tiempo, forma y materia, acto y potencia, son los elementos constitutivos de la verdad relativa ordinaria y de la verdad relativa singular, aunque entre ambas, hay algunas diferencias importantes.

     Dicha participación, por lo mismo que se da en el contexto del No-Ser (o privación de SER), y en el ámbito de la verdad relativa (y en el caso específico de las almas en el ámbito de la verdad relativa singular), implica que la totalidad de los entes (inclusive el universo que es una supra entidad, así como también las almas que son entes de género espiritual), y haciendo previamente una ponderación en cuanto a presencia de SER (de Dios, de Bien, de expansión cualitativa, de riqueza ontológica), tienen que concebirse en términos de magnitudes infinitesimales en comparación con Dios, que es el SER ABSOLUTO, y que es omnisciente, omnipresente, omnipotente, increado, eterno, infinito y es en sí mismo, la verdad absoluta. Sustentados en el presente argumento, realmente no existe ninguna limitación racional, lógica, metafísica ni ontológica, para idear a Dios tan gigantesco como, por ejemplo, un trillón de trillones de trillones de trillones de universos como del que tenemos conocimiento, y a la totalidad de los entes, tanto de género material como espiritual, tan chico como la punta de un clavo.

     El SER es pureza absoluta de acto, de perfección, de concreción y de determinación.  El conjunto total de los entes -al que Dios le permite participar del SER brevemente en el orden de la verdad relativa- incluye el universo (la totalidad de la realidad material), la humanidad y sus bienes materiales-personales y las almas separadas de sus cuerpos por la muerte en el Estadio Existencial Carencial y en el Estadio Existencial de Plenitud.

     Pese a que el conjunto total de entes materiales y espirituales es virtualmente inexistente o prácticamente nada (en cuanto a presencia de SER), tienen la dicha de que Dios los ha facultado bondadosamente para participar de su SER, de su perfección absoluta. Los entes existen porque Dios ha dispuesto crearlos o generarlos brindándoles la dicha de ser a través de su SER en el ámbito de la verdad relativa. Y en lo concerniente a las almas separadas de sus cuerpos por la muerte, en el ámbito de la verdad relativa singular. Las cosas, las ideas, las creaturas (los entes en general), no son más que simples modos a través de los cuales se manifiesta o participa el SER (Dios). 

 

Un Curso de Fe Inegoísta L4, P2

 Un Curso de Fe Inegoísta

El poder ilimitado de Dios Ser Absoluto vs sufrimiento

Lección No.4

Parte No.2: Los Bienes Espirituales incorruptibles y perennes

Felicidad vs Santidad


Contamos con tres criterios para determinar que los bienes materiales-personales son virtualmente inexistentes o prácticamente nada. Revisemos cuales son esos criterios: 1. El elemento espacial-temporal: 93 mil millones de años luz de extensión del universo conocido (viajando a 300 mil kilómetros por segundo durante 93 mil millones de años) y su edad de 14 mil millones de años, comparados con el patrimonio y la vida de una persona que tenga una duración de 85 años. La naturaleza del átomo (el 99.99 % del espacio que hay en un átomo es espacio vacío, por lo tanto, la noción de la realidad sólida es una mera ilusión). 3.El argumento de la causa primera del ser de todos los entes (que explicamos en la anterior parte No.1 de la presente lección 4).

Estos tres criterios constituyen una base sólida (los primeros dos poseen un riguroso sustento científico y el tercero un basamento filosófico/ontológico), que nos permite corroborar de manera contundente la validez de uno de los principios fundamentales de la Filosofía Perenne, del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta: el carácter ilusorio, engañoso y semejante a un espejismo que tiene la realidad material que perciben nuestros sentidos. Dicha realidad está conformada por los bienes materiales-personales, que desafortunadamente poseen una categoría de omnipresencia y, además, son detentores de una importancia capital en nuestra vida mundana-cotidiana. Tales bienes, a pesar de hemos establecido perfectamente que son virtualmente inexistentes o prácticamente nada, y que no pasan de ser un mero espejismo, constituyen en gran medida, lo que comúnmente denominamos “felicidad”.

Una consecuencia muy lamentable del dominio que ejerce el ensimismado yo en la inmensa mayoría de humanidad pasada, presente y futura (incluimos aquí la parte de la humanidad practicante de las religiones, cultos, credos, dogmas), ha sido el típico error de asociar el concepto de felicidad con la posesión de cosas, o lo que es lo mismo, asociarlo a los apegos no solo con el yo inferior de nuestros seres amados y congéneres (es decir, sus personalidades egoístas), sino también, con los bienes materiales-personales en general, con los deseos, las pasiones y la vanidad, cuando lo correcto y virtuoso, sería asociarlo a la libertad en relación esas cosas. En términos de Filosofía Perenne y de Espiritualismo Ontológico, la felicidad auténtica no es dependencia con las cosas que nos rodean, sino, todo lo opuesto: independencia en relación con todo aquello que compone el mundo de los entes o, el mundo de ilusión e ignorancia.

Quien mira hacia afuera sueña, quien mira hacia adentro, despierta. Jung

  


El concepto de felicidad es una creación de nuestro ensimismado yo (nuestra personalidad egoísta), mediante el cual, expresa abiertamente su naturaleza ávida, la cual, es extremadamente evidente a través de la gran dependencia con los apegos, los deleites, los deseos, las pasiones y las emociones. En contraste, nuestro espiritual yo inegoísta (el yo Superior o yo Espiritual), prescinde radicalmente de ese tipo de conceptos o de realidades, porque su esencia misma es la independencia en relación con todo tipo de condicionamientos. Ningún elemento del mundo de ilusión e ignorancia puede condicionar nuestro espiritual yo inegoísta (el Yo Superior o yo Espiritual) porque está iluminado por la gracia (es decir, porque posee una presencia concentrada de SER, de Dios, de Bien, de expansión cualitativa, de enriquecimiento ontológico).

Dado que el fenómeno de la felicidad desempeña un papel trascendental en la psique humana (específicamente en la personalidad egoísta, que corresponde a la parte defectuosa o viciosa de la psique), resulta muy conveniente para efectos pedagógicos (de la doctrina del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta), utilizar un concepto equivalente para referirnos al opuesto (al némesis) de la felicidad material-personal: la felicidad espiritual.

Veamos seguidamente las diferencias entre una y otra:

La felicidad ordinaria, vulgar, condicionada, es aquella sustentada en el mundo de ilusión e ignorancia y su conjunto de bienes materiales-personales de naturaleza fugaz, transitoria, frágil, insignificante, fútil, impermanente, corruptible y mutable, es decir, de naturaleza extremadamente imperfecta: 99.99999 % de NO-SER o de PRIVACIÓN DE SER, y por lo tanto, virtualmente inexistente o prácticamente nada.

Debemos entender la felicidad espiritual, como una libertad sustancial e ilimitada en relación con todos los elementos superficiales (materiales-personales) del mundo de ilusión e ignorancia del gran rebaño de ovejas domesticadas (mediática, cultural y dogmáticamente). Dicha libertad, nos brinda un maravilloso bienestar que no depende de ningún apego, que no está condicionado a la posesión de un determinado bien material o personal, sino, que es un bienestar que se deriva de la contemplación mística de la Realidad Divina Noumenal, que nos conduce a un estado de total comunión con nuestro yo interior, nuestro espiritual yo-inegoísta, lo que incrementa la presencia de SER en nuestra psique y la probabilidad de ser causa eficiente para contribuir de alguna manera y en algún grado, a dar el SER a nuestros seres amados y congéneres. En síntesis, ¡la autorrealización espiritual plena!

La felicidad o autorrealización espiritual, virtuosa, está sustentada en los siguientes bienes espirituales que necesariamente tienen que ser permanentes e incorruptibles:

1-La Contemplación Mística y el Estadio Existencial de Plenitud, a través de la práctica implacable de los valores del Espiritualismo Ontológico que nombramos y explicamos en las primeras dos lecciones del presente curso de Fe Inegoísta y que es oportuno volver a citar: santa indiferencia, desprendimiento, abnegación, resiliencia espiritual, recogimiento, anonadamiento y enajenación en Dios, conformidad, pobreza y sufrimiento afectivos.

2-La Ley Eterna (amar las cosas ordenadamente conforme su grado de perfeccionamiento espiritual, y no preferir lo material a lo espiritual, ni lo efímero a lo eterno, ni lo cómodo y placentero a lo virtuoso).

3-Los méritos y la autorrealización (espirituales), derivados de la ejecución óptima, sistemática, consagrada, abnegada y como un culto a Dios de dicha ley. 

4-La libertad derivada del dominio sobre nosotros mismos (dominio sobre los deleites, apegos, deseos y pasiones de nuestro ensimismado yo); la voluntad clarificada/espiritual, el recto camino de las virtudes, nuestros actos moralmente buenos.

5-Las normas, ejercicios y oraciones del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta. La meditación trascendental.

Nota: En relación con este quinto bien, la mayor parte de las normas, ejercicios y oraciones las podremos conocer a medida que avancemos en el presente curso de Fe Inegoísta.

6-El emprendimiento espiritual para convertirnos en practicantes del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta de clase mundial, es decir, para convertirnos en personas gobernadas por nuestro espiritual yo inegoísta o Yo Superior.

Nota: Ya lo hemos explicado anteriormente, pero es oportuno recordar, que el emprendimiento espiritual está compuesto por las obras, la devoción y el conocimiento de la filosofía perenne y de la doctrina del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta.

7. Percibir y experimentar el amor del sufrimiento en todo su esplendor, en toda su inmensa magnitud. Vivir muerto en el mundo del No-Ser, morir para mi ensimismado yo.

Nota: En el contexto de la teología, el concepto del amor del sufrimiento tiene la siguiente connotación que he extraído de la IA de Google y que está complementada, con algunas ideas del autor de este curso: En la teología cristiana, el "amor al sufrimiento" NO ES masoquismo, sino la aceptación voluntaria del dolor por amor a Dios y al prójimo. Es decir, todo lo que hacemos, experimentamos y sufrimos (excepto el vicio, el pecado), tenemos que consagrarlo a Dios, como vía de expiación y salvación (o como medio para purgar nuestra psique de la personalidad egoísta). El amor verdadero es "sufrido", lo que significa que renuncia al egoísmo y se somete alegremente a la voluntad divina. El amor del sufrimiento es un medio para superar el egoísmo, fortalecer la fe y recordar que la meta es la vida eterna, transformando el dolor en una forma de amor puro. De todo esto, se deduce que la teología le atribuye un sentido sobrenatural a la adversidad.

En el marco de la doctrina del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, el amor del sufrimiento está entrañablemente unido con el concepto del Agradecimiento de Fe Inegoísta, que conocimos y explicamos en la Parte 1 de la Lección 3. El mal metafísico y sus respectivos y derivados males físico y moral (los sufrimiento en general), se expresan a través de situaciones de sufrimiento resilientes (SSR) que tienen un determinado grado de dificultad para ser aprovechadas a través del método de la resiliencia espiritual y también, a través de todos los ejercicios que proporciona la doctrina espiritualista ontológica. Cada situación perjudicial que sea aprovechada correctamente de acuerdo con la doctrina tendrá el efecto de incrementar la presencia de SER, de Dios, de enriquecimiento ontológico, de expansión cualitativa, en nuestras psiques. Sin SSR aprovechadas para generar méritos y autorrealización espirituales, no hay incremento de SER, que es el elemento estratégico para tener éxito en nuestra supervivencia espiritual en el Estadio Existencial Carencial. En síntesis, el sufrimiento nos ama indirectamente, al estimular nuestra voluntad y entendimiento no solo para sobreponernos a cualquier SSR, sino, además -y lo más importante- para utilizarla como medio de santificación (generación de méritos y autorrealización).

8. El recurso ontológico de la comparación (en cuanto a presencia de SER), entre Dios (SER ABSOLUTO) y el conjunto total de entes espirituales y materiales intuidos o conocidos. Dicho conjunto incluye: el universo, la humanidad pasada, presente y futura, las almas separadas de sus cuerpos por la muerte en el Estadio Existencial Carencial y en el Estadio Existencial de Plenitud. El argumento de la comparación asigna valores cuantitativos a realidades de carácter cualitativo para disponer de valores numéricos medibles y sujetos a comparación. De acuerdo con la doctrina del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, el resultado de la anterior comparación entre Dios y el conjunto total de entes, es equivalente a poner un trillón de universos como el que conocemos, a la par de 100 átomos de carbono respectivamente. Lo anterior significa que el conjunto total de entes espirituales y materiales intuidos o conocidos, comparado con la perfección ontológica de Dios, es virtualmente inexistente o prácticamente nada. Dicho de una forma estrictamente filosófica, el conjunto total de entes espirituales y materiales tiene una privación de SER (es decir, de No-SER) de un 99.9 %. Recordemos que el SER es Dios, Bien, causa eficiente, expansión cualitativa, enriquecimiento ontológico.

La persona que ha elegido dar énfasis a su felicidad espiritual en perjuicio de su felicidad material-personal (sí, desafortunadamente son excluyentes), es aquella que practica un modelo de vida caracterizado por la práctica irrenunciable de los valores espirituales (que ya nombramos al hacer mención del primer bien espiritual). Para los ojos del inmenso rebaño de ovejas domesticadas, la vida de un espiritualista ontológico y practicante de la Fe Inegoísta (persona que han comprometido sus vida con la felicidad espiritual, con el enriquecimiento ontológico) podría parecer -externamente- muy rutinaria, ordinaria, austera y apática y además, carente de deleites, apegos, deseos y pasiones. Es decir, una vida insípida y anodina. Pero lo que ignoran, es que dentro de esa persona (en la parte virtuosa de su psique) se desarrolla una actividad en extremo dinámica y gratificante, relativa a su superación ascética-espiritual y al desarrollo de su espiritual yo inegoísta. Dicha actividad dinámica y gratificante, hace del espiritualista ontológico el aventurero y explorador más grande de todos los tiempos, el conquistador más ambicioso y exitoso de la historia y la de la persona más rica y exitosa del mundo, llena de bienes espirituales y de contemplación. Porque es muchísimo más desafiante y enriquecedor aprender a vivir sin deseos y sin pasiones, que vivir sometido y condicionado por ellos.

La santa indiferencia y la abnegación implican que ni el bien ni el mal deben perturbar mi economía interna.

                                                                                                   Aldous Huxley, La Filosofía Perenne

 

Los bienes espirituales (permanentes e incorruptibles), determinan el grado de riqueza espiritual de una persona. Y lógicamente, los bienes materiales-personales determinan su grado de riqueza material-personal.

"Para alguien que aspira a ser un espiritualista ontológico de clase mundial (y que por lo tanto, ejercita su voluntad misericordiosa/transigente, y su entendimiento puro, inegoísta, ascético, abnegado y resiliente), su grado de riqueza espiritual es inversamente proporcional a su grado de riqueza material-personal (bienes materiales-personales)".

El anterior aforismo no significa que una persona necesariamente tenga que desprenderse abruptamente de la mayoría de sus bienes materiales-personales y vivir en un entorno económico relativamente precario, con tal de disfrutar de una gran riqueza espiritual.  No es tan simple y frívolo como emprender automáticamente un cambio radical de modelo de vida. El sentido correcto de su connotación es que el individuo debe poseer la capacidad de asumir con entusiasmo, alegría y convicción, el desafío de liberarse de la mayor cantidad posible de sus apegos con dichos bienes exteriores, de tal forma que resulte evidente que los mismos ya no son condicionamientos determinantes para que pueda encontrar un sentido profundo a su vida. Y para aceptar dicho desafío en forma entusiasta, voluntaria y comprometida, es necesario que la persona conozca y experimente un gran amor a la Ley Eterna y la convierta en el pilar básico de su vida, de su desenvolvimiento y de sus acciones. También es imprescindible que el individuo desarrolle la vocación de servicio y adoración a Dios, en el sentido de renunciar a su voluntad obstinada con los deleites, apegos, deseos y pasiones (es decir, renunciar a la avidez), en función de servir eficientemente a Dios y a sus congéneres (en nomenclatura ontológica, ser causa eficiente para contribuir de alguna manera y en algún grado, a dar el ser a sus seres amados y semejantes).

La Ley Eterna y la vocación de servicio y adoración, tendrán la virtud de hacer que la ruptura con el modelo de vida dominado por los apegos con los bienes materiales-personales (es decir, los bienes exteriores), no representará para la persona (para el emprendedor espiritual), un mero sacrificio y un ejercicio doloroso de renunciación auto impuesto, sino todo lo contrario, un ejercicio voluntario y entusiasta de amor, de desprendimiento y de consagración, que lo conducirá a una vida llena de sentido, de propósito, de contemplación y de autorrealización espiritual (en el Estadio Existencial de Plenitud). Es decir, lo conducirán a una vida plena de riqueza espiritual, y lo que es equivalente, a una vida llena de felicidad espiritual.  

La vida no es un fin en sí misma para establecer apegos con los bienes materiales-personales, sino todo lo contrario, un medio para llenar nuestra psique de SER, es decir, de Dios, de Bien, de expansión cualitativa, y a través de la ejecución óptima, sistemática, consagrada, abnegada y como un culto a Dios de nuestro deber supremo: la Ley Eterna y los valores del Espiritualismo Ontológico.

El propósito de Dios para nosotros no es la felicidad, sino la santidad. L. Ravenhill

                                                     



Un Curso de Fe Inegoísta L4, P1

 

                                            Un Curso de Fe Inegoísta

                                     El poder ilimitado de Dios SER ABSOLUTO vs sufrimiento

                                                                        Lección No.4

           Parte No. 1: El argumento de la causa primera del ser de los entes

     El argumento de la causa primera del ser de los entes se sustenta en un principio o fundamento crucial: La demostración filosófica (metafísica, ontológica) de la existencia del Dios filosófico y de la espiritualidad del alma humana.

     La demostración es la siguiente: El Dios abstracto de la filosofía es la causa primera y universal de todo orden y de toda perfección. El Dios de las religiones es la misma causa primera, pero oculta tras un ropaje humano y terreno. El Dios filosófico se conoce sin necesidad de fe porque hay argumentos para demostrar que existe. El Dios religioso sólo puede ser aceptado por la fe, puesto que no ha sido visto ni entendido. Para empezar con la demostración de la existencia de Dios, partimos del siguiente postulado: La razón es lo más valioso que tiene el ser humano, no existe absolutamente nada mejor. Pero al mismo tiempo, la razón entiende que hay un ser superior a ella misma; y más aún, que tiene que haber un ser superior al cual no se da ni puede darse otro; y éste es Dios. La razón entiende que tiene que existir un ser superior a ella, por cuanto ella no se dio a sí misma la existencia; entonces se la dio otro (y éste es superior a ella porque ella depende de él, nada menos que en el ser).  Este ser es superior a la razón, pero no por eso es Dios. Es Dios porque, si el que dio el ser a la razón, lo recibió también de otro, este otro es superior; y así tenemos que llegar al que no recibió de otro la existencia, que existe por derecho propio, por esencia, y que, por eso, es superior a todos los demás.

     Es imperativo considerar que este SER, Dios, existe, no porque la razón lo piense; ni aún porque lo piense como el ser más perfecto que pueda existir (porque podría la razón pensarlo y a pesar de eso no existir), sino que es Dios por ser la causa del ser de todos los entes. Y Dios, cuya existencia queda de esta manera demostrada, es el Dios filosófico, que puede ser demostrado y por lo tanto sabido, y por eso no necesita ser creído. En contraste el Dios religioso (Trinidad-Encarnación) necesita ser creído, porque no puede ser sabido, porque no ha sido visto ni entendido. La realidad del Dios religioso o revelado se basa exclusivamente en dogmas.

     La anterior demostración filosófica-ontológica, puede complementarse y reforzarse leyendo las Cinco Vías de la demostración de la existencia de Dios, del filósofo escolástico Santo Tomás de Aquino. Documento relevante que se encuentra dentro de su gran obra “Suma Teológica”.

     En relación con la demostración filosófica de la espiritualidad del alma humana, la argumentación es la siguiente: Una sustancia es espiritual cuando posee facultades inorgánicas, es decir, facultades que no son del orden fisiológico, o, dicho de otra forma, que no son materiales. La voluntad y el entendimiento son ejemplos admirables de dicha sustancia espiritual. Ambos, voluntad y entendimiento, son ejecutados por un modo superior e independiente de la materia que denominamos “alma”, la cual también, debe tener necesariamente una naturaleza espiritual.

     La voluntad y el entendimiento no solamente son instrumentos valiosos del alma, sino que permiten demostrar indirectamente la existencia de ella como una sustancia espiritual.

     Es imprescindible que tengamos claro que el alma se manifiesta a través de facultades totalmente incompatibles con las condiciones propias de la materiaLa voluntad y el entendimiento son potencias superiores cuya actividad contrasta con la inercia inherente a la materia; ya que no es posible atribuir a los cuerpos dominio sobre su actividad, a diferencia de lo que sucede en el alma, la cual, valiéndose de sus facultades (voluntad y entendimiento entre otras), se determina a sí misma variando los modos de obrar y hasta pudiendo suspender la acción de cualquier acto en forma proactiva.

     Si la capacidad de entender no fuese un acto espiritualtendría que consumarse por medio de órganos o medios materialesy su acción jamás podría superar los límites de lo concreto y sensible. Nuestra propia experiencia nos demuestra que el entendimiento conoce objetos que pertenecen a un orden superior, tales como los conceptos de causa, justicia, virtud, verdad, belleza, armonía, bondad, Dios, etc., y que se eleva hasta descubrir la necesidad de la existencia de un ser eterno, absoluto y perfectísimo. 

     El entendimiento es capaz de conocer, evaluar y meditar sobre sus propios actos (cualidades de la reflexión e introspección).

     De esta manera, queda demostrada no sólo la naturaleza espiritual del alma, sino también de sus dos principales facultades e instrumentos para interactuar: la voluntad y el entendimiento.

     Tomando en cuenta que la voluntad y el entendimiento son facultades o cualidades de naturaleza espiritual ejecutadas por el alma, podemos deducir que una vez que el alma queda separada del cuerpo físico a causa de la muerte, conservará dichas facultades o cualidades, de tal manera que tendrá la capacidad (obligación) de regenerarse espiritualmente antes de acceder al EEP.

     Una segunda argumentación de la naturaleza espiritual del alma:

     "En resumen, la voluntad y el entendimiento del homo sapiens no fueron innatos, sino que se desarrollaron a lo largo de un largo proceso evolutivo, influenciado por la adaptación al entorno, la interacción social y la transmisión de conocimientos". Fuente: IA de Google.

     La anterior afirmación, corresponde a una concepción clásica de la teoría de la evolución, que, ante la complejidad de la subjetividad humana, exhibe muchas carencias para abordar un fenómeno que incluso, y con mucha probabilidad, escapa al ámbito biológico. Para efectos de nuestra segunda argumentación, es necesario partir de lo siguiente: la naturaleza orgánica o inorgánica (espiritual) de la voluntad y del entendimiento puede explicarse básicamente desde dos campos del conocimiento: La neurociencia y la metafísica (rama de la filosofía).

     ¿La voluntad y el entendimiento son funciones orgánicas (biológicas) o inorgánicas (espirituales o de la psique)? ¿Pueden responder a procesos mecanicistas y por lo tanto pueden ser previsibles y medibles? ¿O acaso es imposible reducir la experiencia subjetiva a un marco teórico y, por lo tanto, trasciende lo físico? ¿la voluntad y el entendimiento tienen un sitio asignado en la estructura cerebral, como lo posee por ejemplo la memoria?

     En el chatbot de DeepSeek podemos encontrar algunas ideas fundamentales relacionadas con la discusión que se genera a partir de las anteriores interrogantes:

     -La neurociencia (NC) explica mecanismos, pero no agota la dinámica de la experiencia subjetiva. No hay una "teoría del todo" para la conciencia o la cognición.

    -La voluntad podría vincularse a procesos cognitivos y mecanismos de toma de decisiones (aunque el libre albedrío es controvertido en NC).

     -La corriente del Emergentismo propone que la conciencia surge de la complejidad biológica, pero adquiere propiedades no reductibles a lo físico.

     -Algunas visiones integran ambas perspectivas: lo espiritual como expresión subjetiva emergente de lo biológico.

     -Descartes: La autoconciencia prueba la existencia de un yo no reductible a lo físico.

     -Los estudios de la NC miden actos simples, no decisiones complejas.

     -La mente es indivisible, no hay "mitad de tu voluntad".

     -Kant: La razón trasciende la experiencia sensible. La experiencia consciente no puede reducirse a procesos físicos.

     -La NC no puede explicar la experiencia de deliberación consciente. La NC no ha refutado (ni probado) el libre albedrío filosófico.

     -El debate libre albedrío versus determinismo sigue abierto. La ciencia no ha zanjado la cuestión metafísica.

     -Si la voluntad fuera 100 por 100 orgánica, sería determinada por leyes físicas (sin libertad real o libre albedrío).

     -Kant: La moral exige libertad. De lo cual yo deduzco lo siguiente: la voluntad y el entendimiento no pueden ser determinados por procesos mecánicos o físicos.

     -Las verdades abstractas como Dios, la justicia, la bondad, no son físicas. ¿Podría algo orgánico o físico entender y tener conciencia de conceptos inorgánicos? (esta idea es de mi autoría).

     -La experiencia subjetiva o moral es tan compleja, que necesariamente trasciende lo orgánico.

     -Terminamos con este ejemplo ilustrativo acerca de la polémica entre determinismo (neurociencia) y libre albedrío o experiencia subjetiva (metafísica): Es como predecir el clima: sabemos que habrá lluvia (tendencia), pero no exactamente dónde caerá cada gota (decisión concreta derivada de la subjetividad).

     En lo que concierne a la doctrina del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, la experiencia subjetiva o experiencia de deliberación consciente (libre albedrío, relación con Dios, autoconciencia, introspección, autocrítica, identificación con el ideal de la justicia, el aprecio de la belleza y de la bondad, etc.) no puede ser enmarcada por el determinismo de la neurociencia (NC), disciplina que si bien cumple con las normas usuales del método científico, lamentablemente ha sido utilizada como un fetiche mercantilista por muchos que desean ganar fama y dinero, lo cual definitivamente le ha restado crédito.

     Sin embargo, lo más relevante es que la NC presenta muchas falencias y limitaciones frente a un fenómeno extremadamente complejo, particular y subjetivo. Mientras que por otro lado, y en favor de la naturaleza inorgánica de la voluntad y del entendimiento, la cuestión del libre albedrío engrana a la perfección con el postulado de la Ley Eterna, que ya he explicado anteriormente en este curso de Fe Inegoísta.

     En este punto, damos por concluido el apasionante tema de la naturaleza orgánica (física) o inorgánica (metafísica o espiritual) de la voluntad y del entendimiento, cuyo esclarecimiento es imprescindible para abordar con toda propiedad, el argumento de la causa primera del ser de todos los entes.  En los siguientes dos razonamientos sobre dicho argumento, utilizaremos como ejemplo paradigmático al ser humano:

     Primera descripción del argumento de la causa primera del ser de todos los entes:

     Según las diferentes teorías, el homo sapiens empezó a habitar nuestro planeta entre hace 200 y 300 mil años. En relación con sus antecesores y con el resto del reino animal, es totalmente incuestionable que la voluntad y el entendimiento constituyen un salto cualitativo gigantesco en cuanto a incremento de presencia de SER (de Dios, de Bien) en el homo sapiens. De acuerdo con nuestra postura, respaldada por innumerables escritos de eruditos de la ontología, metafísica y de la escolástica, y por las significativas limitaciones de la neurociencia, tales atributos no fueron resultado de la evolución natural de las especies, sino, resultado de la bondad de Dios que decidió hacer partícipe al ser humano de una mayor presencia de su SER eso sí, en el ámbito de la verdad relativa singular (todos los entes del universo participan del SER de Dios en el ámbito de la verdad relativa, pero los seres humanos, en virtud de nuestras almas que son perennes y espirituales, participamos en el ámbito de la verdad relativa singular).

     El homo sapiens recibió el ser de toda una serie de antepasados. Si nos retrotraemos en el tiempo, y de acuerdo con la teoría de la evolución de las especies, todos nuestros antepasados recibieron el ser en última instancia, de las primeras formas de vida animal, y estas a su vez, de los vegetales, y éstos a su vez, de los microorganismos procariotas (bacterias y arqueas). Y para que esas primigenias y primitivas formas de vida recibieran el ser, fue necesario un planeta con unas características tan particulares como las de la Tierra. Y la Tierra recibió el ser de la interacción de una nebulosa, del Sol y de otros elementos cósmicos. Y así podemos continuar regresando en el tiempo hasta llegar al Big Bang o Gran Explosión, que según su teoría propulsora, dio origen (o el ser) al universo.

     El Big Bang, reconocido como una singularidad en la ciencia de la física, concentraba en un punto infinitamente pequeño, toda la masa y energía del universo observable y todas las condiciones necesarias para que 13500 - 13800 millones de años después, surgiera el homo sapiens como animal pensante, reiterando que sus atributos de la voluntad y el pensamiento -y con base en la anterior disertación- no fueron el resultado de la evolución natural, sino, de una mayor participación de SER de parte de Dios (en el ámbito de la verdad relativa), lo cual, provocó una expansión cualitativa en la psique del homo sapiens.

     Finalmente, para concluir este periplo regresivo y continuando con la lógica de causa-efecto que hemos desarrollado en relación con el origen primordial de los entes y más específicamente, en lo relativo al ser humano, corresponde preguntarnos de quien o de que recibió el ser la singularidad llamada Big Bang o Gran Explosión. Antes del Big Bang no existían ni la materia ni el tiempo relativo. No existían condiciones que propiciaran la creación de tal singularidad. Con el Big Bang llegamos al final de la secuencia de eventos predecesores. Es decir, no había ningún ente que pudiera dar origen a la singularidad. Pero eso no es ningún problema, porque ya tenemos muy claro que Dios es la causa primera del ser de los entes (incluyendo el universo y la humanidad), de tal forma que podemos enunciar certeramente, que la singularidad del Big Bang recibió el ser inequívocamente, de Dios. Para dejarlo totalmente claro, Dios le brindó la dicha de ser al Big Bang a través de la compartición de su SER (exclusivamente en el ámbito de la verdad relativa).

     Independientemente de cualquier teoría que explique cómo se originó el universo, sabemos el QUÉ dio origen o el QUÉ dio el ser al universo: Dios, la Realidad Divina Noumenal. El universo fue el resultado de hacer Dios partícipe su SER específicamente en el ámbito de la verdad relativa.

     Y así, de esta forma tan ilustrativa, hemos demostrado que la presencia de SER o de Dios es incuestionablemente real y verdadera. Y que la trascendencia de dicha presencia divina se manifiesta plenamente a través de su capacidad de ser la causa primera del ser de todos los entes, incluyendo por supuesto, al ser humano.

     Segunda descripción del argumento de la causa del ser de todos los entes (sustentada en la lógica ontológica):

    La existencia de Dios puede definirse como máxima y absoluta determinación y concreción (la indeterminación y la inconcreción constituyen No-Ser o privación de SER). Además, en términos absolutos es una existencia eterna, infinita, intransformable, inmodificable, indivisible, imperturbable, inalterable, inmutable, incorruptible, increada, única, omnisciente, omnipresente, omnipotente.  Es decir, Dios es SER PURO, sin cabida para la más remota presencia de No-Ser (o de privación de SER), lo cual implica que, en Dios, la existencia y la esencia son lo mismo, lo que también es equivalente a afirmar que Dios no tiene esencia. En caso contrario, ya no sería solo existencia, sino existencia y además alguna forma (la forma es ontológicamente acto). Mucho menos podría ser que Dios admita materia, porque la materia es ontológicamente potencia. Dios es acto puro, SER PURO. Por todo lo anterior, es que Dios no puede crear SER, porque significaría que se está creando a sí mismo, lo cual es imposible porque Dios es increado. Sería un absurdo pensar que Dios puede crear SER, ya que ÉL es el SER ABSOLUTO.

     En consecuencia, las cosas, las ideas, las creaturas (los entes en general), no son más que simples modos en los que se manifiesta o participa el SER (Dios), lo que es diametralmente diferente a decir, que un ente para existir, ha recibido una magnitud de SER “nueva” que no existía antes, o a la que Dios ha renunciado o se ha despojado para poder crear el ente. Los entes existen porque Dios ha dispuesto crearlos o generarlos brindándoles la dicha de ser a través de su SER (el SER ABSOLUTO) y por supuesto, en el ámbito de la verdad relativa (o en el ámbito de verdad relativa singular en el caso de las almas).

     El Reino del SER ABSOLUTO es SER PURO. ¿Y qué es el SER? ¿De qué está hecho o constituido? “El SER es lo que hace que las cosas sean. No vemos ni entendemos el ser, pero sabemos distinguir lo que es de lo que no es. Al ser lo percibimos por la razón, no por los sentidos. Si prescindimos por abstracción mental de todas las determinaciones (esencia) que distinguen un ser de otro, nos quedamos con el concepto puro del SER. Lo que corresponde en la realidad al concepto de SER es llamado ontos. Ontos es el ser en sí o la verdad absoluta. El ontos al contrario del ser lógico, es máxima y absoluta determinación, significa toda perfección, porque toda perfección se resume en última instancia en el SER. El SER en sí es en cierto modo todas las cosas porque está en todas y en cierto modo no es ninguna cosa, porque ninguna cosa es ÉL” (filósofo Manuel Segura).

     Notadiferencia entre SER con mayúsculas y ser con minúsculas. El SER es Dios, es el Bien absoluto, es la existencia que Dios comparte en mayor o en menor grado con todos los entes para darles la posibilidad de ser en el orden de la verdad relativa. El ser es cualquier ente, un ser humano, un planeta, un árbol.

     Por más que Dios quiera hacer partícipe en forma generosa su SER en un ente (inclusive el ser humano o el universo), existen leyes ontológicas que lo impiden. Observemos con detalle el siguiente resumen de propiedades y características de Dios y de los entes tanto materiales como espirituales:

  Propiedades inherentes a Dios: Increación, infinitud, eternidad, omnisciencia, omnipresencia, omnipotencia, y además verdad, voluntad, entendimiento, determinación y concreción absolutas y perfectas. Dios es inalterable, indivisible, inmodificable, imperturbable, inmutable, incorruptible. Dios es acto puro, SER ABSOLUTO, sin cabida para la más mínima privación de SER. Sin una existencia distinta a su esencia.

     Propiedades inherentes a los entes (de género material y espiritual): Los entes adolecen de composición (es decir, una parte No-Es el resto de las demás partes, por lo tanto, todas las partes son No-Ser), y también son corruptibles, mutables, impermanentes, múltiples y distintos. En términos de eternidad, tienen una existencia extremadamente breve, transitoria e insignificante (inclusive el universo). Sin embargo, en el caso de los entes de género espiritual (las almas), éstos no adolecen de impermanencia porque son perennes, pero no eternos. En todos los entes (tanto los de género material como espiritual), su existencia es distinta a su esencia, lo que significa que recibieron de Dios el ser (con minúscula), es decir, recibieron la dicha de ser entes. Pertenecen al ámbito de la verdad relativa o al de la verdad relativa singular (en el caso de los entes espirituales como las almas).

   Las anteriores propiedades constitutivas de los entes no son más que limitaciones generadas por el No-Ser (o por el Mal Metafísico que es privación de SER), absolutamente insalvables de acuerdo con los postulados ontológicos universales (limitaciones de acto y potencia, forma y materia, esencia distinta a su existencia).

     La virtual existencia de la verdad relativa depende de la virtual existencia de los entes, y la virtual existencia de ellos depende a su vez, de la presencia o participación de SER o de Dios en ellos. Adicionalmente, podemos agregar que la verdad relativa, cuya existencia es inherente a los entes, es un ente de razón según los fundamentos metafísicos.

     Con base en las anteriores propiedades inherentes a los entes (de género material y espiritual), podemos establecer perfectamente que los entes tienen una presencia o participación de SER tan insignificante que son virtualmente inexistentes o prácticamente nada, lo cual implica necesariamente, que lo es también la verdad relativa (medio donde se desenvuelven dichos entes).

     Al ser Dios el SER ABSOLUTO, es tan grande (tan eterno, tan infinito, tan omnisciente, omnipresente y omnipoderoso, tan increado y único porque existe por derecho propio porque es Dios), que cualquier entidad o ente (del ámbito de la verdad relativa), comparado con ÉL, siempre será virtualmente inexistente prácticamente nada. Las proporciones entre las entidades o entes y Dios (inclusive entre Dios y el universo o entre Dios y la humanidad), siempre serán infinitamente dispares y abismales.

     Para una mejor comprensión de las proporciones que existen entre las realidades espiritual (verdad absoluta) y material (verdad relativa), o dicho con otras palabras, para mostrar la inmensa diferencia de escala entre ambas, podemos recurrir al recurso didáctico de las comparaciones con valores cuantitativos, de tal forma que podamos presentar la siguiente propuesta (no sin antes señalar que es algo que está fuera de discusión, que la naturaleza espiritual de Dios no admite ningún tipo de cuantificaciones o magnitudes físicas):

     El Reino del SER ABSOLUTO (Dios), tiene una magnitud de 10 x 10 elevado a la potencia 100000 (un número que tiende al infinito) de verdad, voluntad, entendimiento, determinación y concreción absolutas y perfectas. Es decir, el Reino del SER ABSOLUTO es una existencia eterna, infinita, intransformable, inalterable, indivisible, inmodificable, imperturbable, inmutable, incorruptible, increada, omnisciente, omnipresente y ominipoderosa, sin cabida para la más remota presencia de No-Ser (de privación de SER). En contraste, el universo (incluida la humanidad en su condición de entidad de género material) o lo que es igual, el reino de la verdad relativa, tiene una presencia de No-Ser de 10 x 10 elevado a la potencia 0.9999999999, es decir, una presencia de No-Ser de 99.999999997697418 (prácticamente un 100 % de No-Ser), o lo que es lo mismo, el universo es una entidad con una presencia de SER (de Dios) de 10 x 10 elevado a la potencia -100, es decir, una presencia SER de 0.0000000… 000000.1 (cien ceros y un uno a la derecha del punto decimal), es decir, prácticamente un 0 % de SER, de Dios. En síntesis, el universo es virtualmente inexistente o prácticamente nada.

     El concepto de verdad absoluta es totalmente incomprensible para el entendimiento humano que se desenvuelve en el orden de la verdad relativa, que es el orden del No-Ser.

     Enuncia el maestro Manuel Segura, filósofo de la Universidad de Costa Rica: Realmente lo que nosotros conocemos, no es la verdad absoluta o el SER en sí, sino los entes (orden de la verdad relativa). Existen tantos modos de entes como modos de participar el SER. Hay entes reales o concretos, de razón (como el unicornio), abstractos, etc. Todo lo que es, de cualquier forma que sea, excepto el SER en sí, es ente.

     Como conclusión, podemos afirmar categóricamente, que los entes existen porque Dios dispuso darles la dicha de ser a través de la compartición de su SER en el ámbito de la verdad relativa (para los entes de género material) y en el ámbito de la verdad relativa singular (para los entes de género espiritual como lo son las almas).

     En el orden de la verdad absoluta no hay posibilidad alguna para la presencia de entes, ya que perfecto, increado y absoluto solo el Poder Superior. Por lo que ningún ente -llámese el universo o un alma separada de su cuerpo por la muerte y eventualmente con un alto grado de santidad o perfección- puede formar parte de la Realidad Divina Noumenal que es inmutable, invariable, inalterable, Ser Puro, existencia pura, sin la más mínima posibilidad de presencia de No-Ser. Inclusive las almas altamente espiritualizadas, siguen siendo entes y por lo tanto, imperfectas (es decir, con un determinado grado de No-Ser).

     No obstante, en el Estadio Existencial de Plenitud (que pertenece al ámbito de la verdad relativa singular), las almas altamente espiritualizadas -luego de superar su etapa de purga y avidez en el Estadio Existencial Carencial- gozarán de una existencia perenne en la podrán contemplar  la Realidad Noumenal del Poder Superior bajo condiciones privilegiadas y además, al estar liberadas en gran medida de las privaciones de SER (ya que han absorbido una ingente magnitud de la presencia de SER, de Dios, de Bien, de causa eficiente), se beneficiarán de un altísimo nivel de autorrealización y felicidad espirituales.

     Práctica No. 1 de la lección No. 4:

    Diariamente, invocaré las siguientes dos premisas de la Fe Inegoísta:

     1) Dos de los principales objetivos del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, son los siguientes: Depender principalmente de la resiliencia espiritual proactiva y efectiva para vivir muy bien anímicamente. Generar méritos y autorrealización espirituales diariamente, y para tal efecto, una vida tipo rutinaria, ordinaria, austera y apática (en lo exterior o lo exotérico exclusivamente *), resulta ser sin duda alguna, el mejor medio para lograrlo. 

     2) Dentro del contexto del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, una vida tipo rutinaria, ordinaria, austera y apática (en lo exterior o lo exotérico exclusivamente *), es un don divino y un bien invaluable, esencial, imperativo e imprescindible. Es el principal nutriente de mi fe inegoísta para superar exitosamente el Estadio Existencial Carencial (EEC) y para acceder posteriormente, al Estadio Existencial de Plenitud (EEP).

Nota (*) Porque en lo interior o esotérico, es decir, en mi existencia íntima, mi vida es dinámica, extraordinaria, desafiante, llena de prosperidad y de riqueza inmaterial, llena de los bienes espirituales, incorruptibles y perennes.

 

Un Curso de Fe Inegoísta L 3, P 3

     Un Curso de Fe Inegoísta

                        El poder ilimitado de Dios SER ABSOLUTO vs sufrimiento

                                                                    Lección No.3

                                     Parte No. 3: Causa Efiente y Causa Ineficiente

     El Emprendimiento Espiritual es uno de los elementos constitutivos de la soteriología del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, es decir, del método para alcanzar la supervivencia espiritual en el Estadio Existencial de Plenitud. Es importante recordar que el Emprendimiento Espiritual comprende las obras, la devoción y el conocimiento, y que en lo que concierne a este último (el conocimiento), abarca la filosofía occidental (metafísica, ontología, ética universal), la filosofía cristiana (patrística, escolástica) y la filosofía oriental (incluyendo religiones y esoterismo). El Espiritualismo Ontológico está estructurado o sistematizado de la siguiente manera: Teleología, Soteriología y Escatología (el por qué, cómo y para qué respectivamente).

     Un aspecto muy importante de la soteriología del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, es el rasgo que distingue a un practicante de dichas doctrinas: ser causa eficiente para contribuir de alguna manera y en algún grado a dar el SER a sus seres amados, a sus congéneres y a sí mismo. Para desempeñarse como un facilitador del SER, de BIEN. Para ser un medio de canalización, un actor destacado en la “cadena de suministro del SER”. Para compartir la magnitud de SER (de Dios) que hay en su psique u organismo sobrenatural.

     El deber sagrado del EO y de la Fe Inegoísta es causa eficiente de SER:

     El deber sagrado de un espiritualista ontológico y practicante de la Fe Inegoísta consiste en la ejecución óptima, sistemática, consagrada, abnegada y como un culto a Dios de la Ley Eterna, los Valores Espirituales y el Algoritmo del Espiritualismo Ontológico (elementos explicados en las anteriores publicaciones). Semejante ejecución del deber sagrado es causa eficiente del incremento de la presencia de SER en nuestra psique u organismo sobrenatural. Dicha presencia nos proporciona la investidura de Espiritualista Ontológico y todo lo inmenso que ello significa, y que debe constituir la fuente máxima y suprema de nuestra autorrealización espiritual. 

     Y cuanto más grande sea nuestro espiritual yo inegoísta (en cuanto a presencia de SER, de Dios, de Bien), y más pequeño sea nuestro ensimismado yo (en cuanto a presencia de No-Ser, de mal, de defecto o vicio), mayores serán nuestras probabilidades (por efecto de la Ley de la Causa Eficiente) de alcanzar eficientemente el Estadio Existencial de Plenitud (o lo que es lo mismo, la supervivencia espiritual). Y de igual manera, mayores serán nuestras probabilidades de librarnos de las causas deficientes o perjudiciales productoras de No-Ser. 

    Y en el sentido contrario, cuanto más chico sea nuestro espiritual yo inegoísta (en cuanto a presencia de SER, de Dios, de Bien), y más grande sea nuestro ensimismado yo (en cuanto a presencia de No-Ser, de mal, de defecto o vicio), menores serán nuestras probabilidades (por efecto de la Ley de la Causa Eficiente) de alcanzar eficientemente el Estadio Existencial de Plenitud (o lo que es lo mismo, la supervivencia espiritual). Y de igual manera, menores serán nuestras probabilidades de librarnos de las causas deficientes o perjudiciales productoras de No-Ser. 

     En la anterior publicación expusimos y destacamos dos principios fundamentales del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta: La Premisa de las limitaciones generadas por el No-Ser, y el Recurso didáctico para comprender metafóricamente la magnitud eterna e infinita del SER ABSOLUTO. Con base en ambos fundamentos, establecimos que mientras Dios, el SER ABSOLUTO, tiene una presencia de SER, de Bien, de perfección, que en términos figurados es equivalente a a un trillón de universos como el nuestro, la humanidad entera por su parte tiene una presencia de SER que proporcionalmente es equivalente a unos pocos electrones. Y si la humanidad entera, es equivalente a unos pocos electrones, entonces un solo ser humano será equivalente a unos pocos neutrinos. 

     Un ser humano, que en virtud de su trabajo como emprendedor espiritual, es capaz de ser causa eficiente para contribuir de alguna manera y en algún grado a dar el SER a sus seres amados, congéneres y a sí mismo, estaría incrementando en forma automática (por efecto de la Ley de la Causa Eficiente) la presencia de SER en su propia psique u organismo sobrenatural. Dicho incremento, en términos figurados podría pasar por ejemplo de 5 neutrinos a 20 neutrinos (recordemos que también, en términos metafóricos, Dios, el SER ABSOLUTO, equivale a un trillón de universos). Y de vital trascendencia resulta, señalar que el enriquecimiento de SER es imperativo para que un individuo pueda superar eficientemente el Estadio Existencial Carencial, y acceder en forma relativamente favorable al Estadio Existencial de Plenitud (Nota: no olvidemos que el emprendimiento espiritual abarca las obras, la devoción y el conocimiento trascendental).

     Causa eficiente versus causa deficiente: Causa es lo que contribuye de alguna manera y en algún grado a dar a otro el ser (el bien). Si una causa no da ser, sino no-ser (es decir, que produce daño), no es causa eficiente, sino causa deficiente.

     El espiritualista ontológico, cuyo estilo de vida es totalmente consecuente con su deber sagrado (la Ley Eterna, los Valores Espirituales y el Algoritmo del Espiritualismo Ontológico),  y que en consecuencia, tiene la dicha y la capacidad de experimentar la felicidad espiritual (que está conformada por los bienes espirituales incorruptibles, perennes e inmutables) y de prescindir en alguna medida de la felicidad material-personal, tiene un mayor grado de SER (puesto que se ha librado del ensimismado yo que es puro NO-SER), lo cual implica que tiene un mayor grado de perfeccionamiento espiritual, lo cual a su vez implica  que tiene mayores probabilidades de librarse de las causas deficientes o perjudiciales productoras de No-Ser (Ley de la Causa Eficiente), así  como también, de eludir lo peor del Estadio Existencial Carencial y alcanzar de una forma relativamente favorable, el Estadio Existencial de Plenitud.

     Ser causa eficiente en el contexto del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, significa ejecutar en forma óptima, sistemática, suprema, abnegada y como un culto a Dios, nuestro deber sagrado.

     El concepto de costo de oportunidad está definido como la diferencia entre el beneficio que se ha obtenido con el bien A, menos el beneficio que se hubiese obtenido con el bien B. Definido de otra manera, el costo de oportunidad es aquello a lo que tuve que renunciar (el bien B), con tal de obtener aquello otro (el bien A).   Dicho lo anterior, debemos preguntarnos lo siguiente: ¿Cuál es el costo de oportunidad de NO ser causa eficiente como espiritualistas ontológicos? (o sea, el costo de oportunidad de NO ejecutar en forma óptima, sistemática, suprema, abnegada y como un culto a Dios, nuestro deber sagrado). Dicho costo de oportunidad será permanecer con una presencia de SER (de Dios, de Bien) estática, inamovible, sin crecimiento ni evolución, lo cual tiene una consecuencia potencialmente desastrosa que tiene que ver con la Ley de la Causa Eficiente. 

     Recordemos que dicha ley se comporta según el principio de causa efecto (toda acción genera una reacción). Cuanta MAYOR sea la presencia de SER (de Dios, de Bien, de virtud) en nuestra psique u organismo sobrenatural, mayor será también la presencia de causa eficiente y en consecuencia, mayores serán nuestras probabilidades de librarnos de las causas deficientes o perjudiciales productoras de No-Ser, es decir, librarnos de eventos malignos o perjudiciales. Dicho de otra manera, mayores serán nuestras probabilidades de librarnos del mal metafísico y de sus respectivos y derivados males físico y moral.

     Pero si no obramos según el deber sagrado del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, y en lugar de ser causa eficiente actuamos inversamente y somos causa ineficiente, entonces, el algoritmo descrito en el párrafo anterior se invertirá y en consecuencia, MENOR será la presencia de SER (de Dios, de Bien, de virtud) en nuestra psique u organismo sobrenatural y mayor será la presencia de causa ineficiente, lo cual implica inexorablemente, que menores serán nuestras probabilidades de librarnos de las causas deficientes o perjudiciales productoras de No-Ser, es decir, de librarnos de cualquier evento maligno o perjudicial. Dicho de otra manera, menores serán nuestras probabilidades de librarnos del mal metafísico y de sus respectivos y derivados males físico y moral.

     Es fundamental destacar, que la Ley de la Causa Eficiente opera tanto durante nuestra existencia terrenal, como también, durante nuestra existencia en el Estadio Existencial Carencial.

     También podemos determinar o medir el costo de oportunidad a partir de otros parámetros diferentes a la Ley de la Causa Eficiente, aunque estrechamente relacionados: 

    ¿Cuál es el costo de oportunidad de NO ejecutar en forma OSCAC (óptima, sistemática, suprema, abnegada y como un culto a Dios) nuestro deber sagrado? (es decir, la Ley Eterna, los Valores y el Algoritmo del Espiritualismo Ontológico). Respuesta: Experimentar aquellos grados de precariedad espiritual más sufridos y dolorosos del EEC, como parte del imperativo proceso de regeneración espiritual (lo cual significaría la concreción total de la amenaza escatológica). 

    ¿Cuál es el costo de oportunidad de satisfacer mi voluntad obstinada? Respuesta: mi psique vacía de SER (de Dios, de Bien, de Causa Eficiente) y de los bienes espirituales, incorruptibles e inmutables e imperecederos. 

     ¿Cuál es el costo de oportunidad de poseer los bienes espirituales, incorruptibles, inmutables e imperecederos? Respuesta: La carencia y la renuncia de los bienes materiales-personales/un nivel de superación material-personal modesto, limitado, discreto/una situación económica relativamente precaria/una vida rutinaria, ordinaria y austera (en lo exterior exclusiva y específicamente).

     ¿Cuál es el costo de oportunidad de NO realizar un avance considerable en el proceso purgatorio del yo egocentrista y/o de la voluntad obstinada durante la existencia terrenal? Respuesta: Soportar aquellos grados de precariedad existencial que son los más dolorosos y desoladores del Estadio Existencial Carencial, que pueden tomar eones de tiempo y que el alma debe enfrentar en total soledad y con un altísimo grado de incertidumbre, ya que constituyen un errar sin rumbo y sin propósito

     ¿Cuál ha sido el costo de oportunidad de ser yo un practicante del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta? (Es decir, el costo de oportunidad de ser un emprendedor espiritual, un asceta, un abnegado, un resiliente).  Dicho costo está constituido por los siguientes tres factores: a) un nivel de superación material-personal modesto, discreto, limitado; b) una vida tipo ROA (rutinaria, ordinaria y austera) en lo exterior exclusiva y específicamente, porque en lo interior (en lo espiritual), es todo lo contrario, es decir, está llena de abundancia, de prosperidad, de riqueza, de bienes espirituales, de desafíos, de autorrealización espiritual, etc.; c) una situación económica relativamente limitada. 

     Ya anteriormente, en este mismo ensayo establecimos lo siguiente: "mientras Dios, el SER ABSOLUTO, tiene una presencia de SER, de Bien, de perfección, que en términos figurados, es equivalente a un trillón de universos como el nuestro, la humanidad entera por su parte tiene una presencia de SER que proporcionalmente es equivalente a unos pocos electrones. Y si la humanidad entera, es equivalente a unos pocos electrones, entonces un solo ser humano será equivalente a unos pocos neutrinos". La presencia de SER, de Dios, de Bien, en un ser humano, podría variar -en sentido figurado- de 5 a 15 neutrinos, según el grado de compromiso con su deber sagrado. Ya sean 5 o 15 neutrinos, en principio parece ser un valor absolutamente irrelevante al compararlo con el SER ABSOLUTO de Dios -que en términos metafóricos- equivale a un trillón de universos como del que formamos parte.

     Sin embargo, esa cantidad extra de 10 neutrinos representa una presencia de SER absolutamente relevante e imprescindible para que un alma separada de su cuerpo por la muerte pueda superar eficientemente el Estadio Existencial Carencial (eludiendo lo peor de dicho escenario) y acceder en forma relativamente favorable, al Estadio Existencial de Plenitud. 

    Esa misma alma, si suponemos que cuando formó parte de un ser humano en el mundo terrenal, tuvo la capacidad de incrementar la presencia de SER (de Dios, de Bien) en su psique y en una magnitud de 10 neutrinos -metafóricamente hablando- entonces necesariamente gozó -por efecto de la Ley de la Causa Eficiente- de mayores  probabilidades de librarse de las causas deficientes o perjudiciales productoras de No-Ser, lo que significa en otras palabras, que dispuso de mayores probabilidades de librarse de los eventos malignos o perjudiciales (sobre todo, de aquellos de un considerable grado de perjuicio, de dolor, de sufrimiento). Dicho de otra manera, disfrutó de mayores probabilidades de librarse principalmente de las versiones más aciagas y funestas del mal metafísico y de sus respectivos y derivados males físico y moral. 

     Nota: No olvidemos lo dicho algunos párrafos anteriores: La Ley de la Causa Eficiente opera tanto durante nuestra existencia terrenal, como también, durante nuestra existencia en el Estadio Existencial Carencial.

     Esa cantidad extra de 10 neutrinos, que comparada con el SER ABSOLUTO DE DIOS (que es equivalente a un trillón de universos como el que habitamos), parece ser absolutamente insignificante, virtualmente inexistente o prácticamente nada, es la que hace la gran diferencia para que podamos superar eficientemente el Estadio Existencial Carencial y acceder en forma relativamente favorable al Estadio Existencial de Plenitud, en el cual, como ya lo hemos explicado reiteradamente, podremos contemplar desde una posición excepcional y privilegiada, la Realidad Divina Noumenal del Poder Superior, lo cual significa, enriquecernos progresivamente de ella (que es el bien espiritual supremo), y colmar nuestras almas de espiritualidad y de autorrealización, lo que es idéntico a experimentar la felicidad espiritual en su plenitud. 

     La obtención de esa cantidad extra de 10 neutrinos (de SER, de Dios), tiene un costo de oportunidad que ya  hemos descrito detalladamente, de tal forma que sabemos de lo que se trata ese costo de oportunidad. En forma extremadamente breve, tal costo consiste en renunciar en gran medida a la avidez, a los deseos y las pasiones. Por supuesto que no todos, sino la gran mayoría, no están hechos para aceptar tal desafío. ¿Un asunto de libre albedrío? En principio sí, pero tenemos que comprender el concepto de libre albedrío en el contexto de la filosofía y del Espiritualismo Ontológico.

Objetivo funcional No.3 de Un curso de Fe Inegoísta (el poder de Dios SER ABSOLUTO)

Aprovecharé toda situación de sufrimiento resiliente (SSR), de alto o mediano grado de dificultad para ser asimilada y aprovechada, para poner en práctica inmediatamente el Agradecimiento de Fe Inegoísta. Toda SSR es una magnífica oportunidad para medir el grado de aptitud que poseo como Espiritualista Ontológico y practicante de la Fe Inegoísta. Son las SSR las que me permitirán medir mi progreso en cuanto a generación y calidad de mis obras, devoción y conocimiento (los tres elementos de mi trabajo artesanal de emprendedor espiritual).

Práctica No.1 de la Lección No.3

Diariamente, me estableceré el objetivo de ser causa moral eficiente para contribuir de alguna manera y en algún grado a dar el SER, el Bien, a mis seres amados, congéneres y a mí mismo. Para tal propósito, haré que prevalezca mi espiritual yo inegoísta sobre mi ensimismado yo, sobre la avidez, sobre mis deseos y pasiones.