Buscar este blog

Un Curso de Fe Inegoísta L4, P2

 Un Curso de Fe Inegoísta

El poder ilimitado de Dios Ser Absoluto vs sufrimiento

Lección No.4

Parte No.2: Los Bienes Espirituales incorruptibles y perennes

Felicidad vs Santidad


Contamos con tres criterios para determinar que los bienes materiales-personales son virtualmente inexistentes o prácticamente nada. Revisemos cuales son esos criterios: 1. El elemento espacial-temporal: 93 mil millones de años luz de extensión del universo conocido (viajando a 300 mil kilómetros por segundo durante 93 mil millones de años) y su edad de 14 mil millones de años, comparados con el patrimonio y la vida de una persona que tenga una duración de 85 años. La naturaleza del átomo (el 99.99 % del espacio que hay en un átomo es espacio vacío, por lo tanto, la noción de la realidad sólida es una mera ilusión). 3.El argumento de la causa primera del ser de todos los entes (que explicamos en la anterior parte No.1 de la presente lección 4).

Estos tres criterios constituyen una base sólida (los primeros dos poseen un riguroso sustento científico y el tercero un basamento filosófico/ontológico), que nos permite corroborar de manera contundente la validez de uno de los principios fundamentales de la Filosofía Perenne, del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta: el carácter ilusorio, engañoso y semejante a un espejismo que tiene la realidad material que perciben nuestros sentidos. Dicha realidad está conformada por los bienes materiales-personales, que desafortunadamente poseen una categoría de omnipresencia y, además, son detentores de una importancia capital en nuestra vida mundana-cotidiana. Tales bienes, a pesar de hemos establecido perfectamente que son virtualmente inexistentes o prácticamente nada, y que no pasan de ser un mero espejismo, constituyen en gran medida, lo que comúnmente denominamos “felicidad”.

Una consecuencia muy lamentable del dominio que ejerce el ensimismado yo en la inmensa mayoría de humanidad pasada, presente y futura (incluimos aquí la parte de la humanidad practicante de las religiones, cultos, credos, dogmas), ha sido el típico error de asociar el concepto de felicidad con la posesión de cosas, o lo que es lo mismo, asociarlo a los apegos no solo con el yo inferior de nuestros seres amados y congéneres (es decir, sus personalidades egoístas), sino también, con los bienes materiales-personales en general, con los deseos, las pasiones y la vanidad, cuando lo correcto y virtuoso, sería asociarlo a la libertad en relación esas cosas. En términos de Filosofía Perenne y de Espiritualismo Ontológico, la felicidad auténtica no es dependencia con las cosas que nos rodean, sino, todo lo opuesto: independencia en relación con todo aquello que compone el mundo de los entes o, el mundo de ilusión e ignorancia.

Quien mira hacia afuera sueña, quien mira hacia adentro, despierta. Jung

  


El concepto de felicidad es una creación de nuestro ensimismado yo (nuestra personalidad egoísta), mediante el cual, expresa abiertamente su naturaleza ávida, la cual, es extremadamente evidente a través de la gran dependencia con los apegos, los deleites, los deseos, las pasiones y las emociones. En contraste, nuestro espiritual yo inegoísta (el yo Superior o yo Espiritual), prescinde radicalmente de ese tipo de conceptos o de realidades, porque su esencia misma es la independencia en relación con todo tipo de condicionamientos. Ningún elemento del mundo de ilusión e ignorancia puede condicionar nuestro espiritual yo inegoísta (el Yo Superior o yo Espiritual) porque está iluminado por la gracia (es decir, porque posee una presencia concentrada de SER, de Dios, de Bien, de expansión cualitativa, de enriquecimiento ontológico).

Dado que el fenómeno de la felicidad desempeña un papel trascendental en la psique humana (específicamente en la personalidad egoísta, que corresponde a la parte defectuosa o viciosa de la psique), resulta muy conveniente para efectos pedagógicos (de la doctrina del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta), utilizar un concepto equivalente para referirnos al opuesto (al némesis) de la felicidad material-personal: la felicidad espiritual.

Veamos seguidamente las diferencias entre una y otra:

La felicidad ordinaria, vulgar, condicionada, es aquella sustentada en el mundo de ilusión e ignorancia y su conjunto de bienes materiales-personales de naturaleza fugaz, transitoria, frágil, insignificante, fútil, impermanente, corruptible y mutable, es decir, de naturaleza extremadamente imperfecta: 99.99999 % de NO-SER o de PRIVACIÓN DE SER, y por lo tanto, virtualmente inexistente o prácticamente nada.

Debemos entender la felicidad espiritual, como una libertad sustancial e ilimitada en relación con todos los elementos superficiales (materiales-personales) del mundo de ilusión e ignorancia del gran rebaño de ovejas domesticadas (mediática, cultural y dogmáticamente). Dicha libertad, nos brinda un maravilloso bienestar que no depende de ningún apego, que no está condicionado a la posesión de un determinado bien material o personal, sino, que es un bienestar que se deriva de la contemplación mística de la Realidad Divina Noumenal, que nos conduce a un estado de total comunión con nuestro yo interior, nuestro espiritual yo-inegoísta, lo que incrementa la presencia de SER en nuestra psique y la probabilidad de ser causa eficiente para contribuir de alguna manera y en algún grado, a dar el SER a nuestros seres amados y congéneres. En síntesis, ¡la autorrealización espiritual plena!

La felicidad o autorrealización espiritual, virtuosa, está sustentada en los siguientes bienes espirituales que necesariamente tienen que ser permanentes e incorruptibles:

1-La Contemplación Mística y el Estadio Existencial de Plenitud, a través de la práctica implacable de los valores del Espiritualismo Ontológico que nombramos y explicamos en las primeras dos lecciones del presente curso de Fe Inegoísta y que es oportuno volver a citar: santa indiferencia, desprendimiento, abnegación, resiliencia espiritual, recogimiento, anonadamiento y enajenación en Dios, conformidad, pobreza y sufrimiento afectivos.

2-La Ley Eterna (amar las cosas ordenadamente conforme su grado de perfeccionamiento espiritual, y no preferir lo material a lo espiritual, ni lo efímero a lo eterno, ni lo cómodo y placentero a lo virtuoso).

3-Los méritos y la autorrealización (espirituales), derivados de la ejecución óptima, sistemática, consagrada, abnegada y como un culto a Dios de dicha ley. 

4-La libertad derivada del dominio sobre nosotros mismos (dominio sobre los deleites, apegos, deseos y pasiones de nuestro ensimismado yo); la voluntad clarificada/espiritual, el recto camino de las virtudes, nuestros actos moralmente buenos.

5-Las normas, ejercicios y oraciones del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta. La meditación trascendental.

Nota: En relación con este quinto bien, la mayor parte de las normas, ejercicios y oraciones las podremos conocer a medida que avancemos en el presente curso de Fe Inegoísta.

6-El emprendimiento espiritual para convertirnos en practicantes del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta de clase mundial, es decir, para convertirnos en personas gobernadas por nuestro espiritual yo inegoísta o Yo Superior.

Nota: Ya lo hemos explicado anteriormente, pero es oportuno recordar, que el emprendimiento espiritual está compuesto por las obras, la devoción y el conocimiento de la filosofía perenne y de la doctrina del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta.

7. Percibir y experimentar el amor del sufrimiento en todo su esplendor, en toda su inmensa magnitud. Vivir muerto en el mundo del No-Ser, morir para mi ensimismado yo.

Nota: En el contexto de la teología, el concepto del amor del sufrimiento tiene la siguiente connotación que he extraído de la IA de Google y que está complementada, con algunas ideas del autor de este curso: En la teología cristiana, el "amor al sufrimiento" NO ES masoquismo, sino la aceptación voluntaria del dolor por amor a Dios y al prójimo. Es decir, todo lo que hacemos, experimentamos y sufrimos (excepto el vicio, el pecado), tenemos que consagrarlo a Dios, como vía de expiación y salvación (o como medio para purgar nuestra psique de la personalidad egoísta). El amor verdadero es "sufrido", lo que significa que renuncia al egoísmo y se somete alegremente a la voluntad divina. El amor del sufrimiento es un medio para superar el egoísmo, fortalecer la fe y recordar que la meta es la vida eterna, transformando el dolor en una forma de amor puro. De todo esto, se deduce que la teología le atribuye un sentido sobrenatural a la adversidad.

En el marco de la doctrina del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, el amor del sufrimiento está entrañablemente unido con el concepto del Agradecimiento de Fe Inegoísta, que conocimos y explicamos en la Parte 1 de la Lección 3. El mal metafísico y sus respectivos y derivados males físico y moral (los sufrimiento en general), se expresan a través de situaciones de sufrimiento resilientes (SSR) que tienen un determinado grado de dificultad para ser aprovechadas a través del método de la resiliencia espiritual y también, a través de todos los ejercicios que proporciona la doctrina espiritualista ontológica. Cada situación perjudicial que sea aprovechada correctamente de acuerdo con la doctrina tendrá el efecto de incrementar la presencia de SER, de Dios, de enriquecimiento ontológico, de expansión cualitativa, en nuestras psiques. Sin SSR aprovechadas para generar méritos y autorrealización espirituales, no hay incremento de SER, que es el elemento estratégico para tener éxito en nuestra supervivencia espiritual en el Estadio Existencial Carencial. En síntesis, el sufrimiento nos ama indirectamente, al estimular nuestra voluntad y entendimiento no solo para sobreponernos a cualquier SSR, sino, además -y lo más importante- para utilizarla como medio de santificación (generación de méritos y autorrealización).

8. El recurso ontológico de la comparación (en cuanto a presencia de SER), entre Dios (SER ABSOLUTO) y el conjunto total de entes espirituales y materiales intuidos o conocidos. Dicho conjunto incluye: el universo, la humanidad pasada, presente y futura, las almas separadas de sus cuerpos por la muerte en el Estadio Existencial Carencial y en el Estadio Existencial de Plenitud. El argumento de la comparación asigna valores cuantitativos a realidades de carácter cualitativo para disponer de valores numéricos medibles y sujetos a comparación. De acuerdo con la doctrina del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, el resultado de la anterior comparación entre Dios y el conjunto total de entes, es equivalente a poner un trillón de universos como el que conocemos, a la par de 100 átomos de carbono respectivamente. Lo anterior significa que el conjunto total de entes espirituales y materiales intuidos o conocidos, comparado con la perfección ontológica de Dios, es virtualmente inexistente o prácticamente nada. Dicho de una forma estrictamente filosófica, el conjunto total de entes espirituales y materiales tiene una privación de SER (es decir, de No-SER) de un 99.9 %. Recordemos que el SER es Dios, Bien, causa eficiente, expansión cualitativa, enriquecimiento ontológico.

La persona que ha elegido dar énfasis a su felicidad espiritual en perjuicio de su felicidad material-personal (sí, desafortunadamente son excluyentes), es aquella que practica un modelo de vida caracterizado por la práctica irrenunciable de los valores espirituales (que ya nombramos al hacer mención del primer bien espiritual). Para los ojos del inmenso rebaño de ovejas domesticadas, la vida de un espiritualista ontológico y practicante de la Fe Inegoísta (persona que han comprometido sus vida con la felicidad espiritual, con el enriquecimiento ontológico) podría parecer -externamente- muy rutinaria, ordinaria, austera y apática y además, carente de deleites, apegos, deseos y pasiones. Es decir, una vida insípida y anodina. Pero lo que ignoran, es que dentro de esa persona (en la parte virtuosa de su psique) se desarrolla una actividad en extremo dinámica y gratificante, relativa a su superación ascética-espiritual y al desarrollo de su espiritual yo inegoísta. Dicha actividad dinámica y gratificante, hace del espiritualista ontológico el aventurero y explorador más grande de todos los tiempos, el conquistador más ambicioso y exitoso de la historia y la de la persona más rica y exitosa del mundo, llena de bienes espirituales y de contemplación. Porque es muchísimo más desafiante y enriquecedor aprender a vivir sin deseos y sin pasiones, que vivir sometido y condicionado por ellos.

La santa indiferencia y la abnegación implican que ni el bien ni el mal deben perturbar mi economía interna.

                                                                                                   Aldous Huxley, La Filosofía Perenne

 

Los bienes espirituales (permanentes e incorruptibles), determinan el grado de riqueza espiritual de una persona. Y lógicamente, los bienes materiales-personales determinan su grado de riqueza material-personal.

"Para alguien que aspira a ser un espiritualista ontológico de clase mundial (y que por lo tanto, ejercita su voluntad misericordiosa/transigente, y su entendimiento puro, inegoísta, ascético, abnegado y resiliente), su grado de riqueza espiritual es inversamente proporcional a su grado de riqueza material-personal (bienes materiales-personales)".

El anterior aforismo no significa que una persona necesariamente tenga que desprenderse abruptamente de la mayoría de sus bienes materiales-personales y vivir en un entorno económico relativamente precario, con tal de disfrutar de una gran riqueza espiritual.  No es tan simple y frívolo como emprender automáticamente un cambio radical de modelo de vida. El sentido correcto de su connotación es que el individuo debe poseer la capacidad de asumir con entusiasmo, alegría y convicción, el desafío de liberarse de la mayor cantidad posible de sus apegos con dichos bienes exteriores, de tal forma que resulte evidente que los mismos ya no son condicionamientos determinantes para que pueda encontrar un sentido profundo a su vida. Y para aceptar dicho desafío en forma entusiasta, voluntaria y comprometida, es necesario que la persona conozca y experimente un gran amor a la Ley Eterna y la convierta en el pilar básico de su vida, de su desenvolvimiento y de sus acciones. También es imprescindible que el individuo desarrolle la vocación de servicio y adoración a Dios, en el sentido de renunciar a su voluntad obstinada con los deleites, apegos, deseos y pasiones (es decir, renunciar a la avidez), en función de servir eficientemente a Dios y a sus congéneres (en nomenclatura ontológica, ser causa eficiente para contribuir de alguna manera y en algún grado, a dar el ser a sus seres amados y semejantes).

La Ley Eterna y la vocación de servicio y adoración, tendrán la virtud de hacer que la ruptura con el modelo de vida dominado por los apegos con los bienes materiales-personales (es decir, los bienes exteriores), no representará para la persona (para el emprendedor espiritual), un mero sacrificio y un ejercicio doloroso de renunciación auto impuesto, sino todo lo contrario, un ejercicio voluntario y entusiasta de amor, de desprendimiento y de consagración, que lo conducirá a una vida llena de sentido, de propósito, de contemplación y de autorrealización espiritual (en el Estadio Existencial de Plenitud). Es decir, lo conducirán a una vida plena de riqueza espiritual, y lo que es equivalente, a una vida llena de felicidad espiritual.  

La vida no es un fin en sí misma para establecer apegos con los bienes materiales-personales, sino todo lo contrario, un medio para llenar nuestra psique de SER, es decir, de Dios, de Bien, de expansión cualitativa, y a través de la ejecución óptima, sistemática, consagrada, abnegada y como un culto a Dios de nuestro deber supremo: la Ley Eterna y los valores del Espiritualismo Ontológico.

El propósito de Dios para nosotros no es la felicidad, sino la santidad. L. Ravenhill