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Un Curso de Fe Inegoísta L 3, P 1

Un Curso de Fe Inegoísta

El poder ilimitado de Dios SER ABSOLUTO vs sufrimiento 

Lección No. 3

Parte No. 1: El problema fundamental de la existencia

     El Espiritualismo Ontológico (que abarca la Fe Inegoísta) es una doctrina que explica cuál es el sentido de la vida o su razón de ser (TELEOLOGÍA), un método que instruye cómo alcanzar la supervivencia espiritual (SOTERIOLOGÍA), y una dialéctica que describe con precisión, cómo son el Estadio Existencial Carencial y el Estadio Existencialo de Plenitud (ESCATOLOGÍA).

    Si buscas la definición de teleología en algún chat de IA, encontrarás una respuesta como la siguiente: La teleología, en filosofía, es la doctrina que estudia la finalidad o propósitos de las cosas, ya sean objetos, procesos naturales o acciones humanas. Se centra en entender el "para qué" de algo, en lugar de solo su causa eficiente. En otras palabras, la teleología se pregunta por el fin o meta hacia la cual algo está orientado o dirigido.

     Si alguna vez en tu vida, en un momento de inquietud o de pesadumbre te has preguntado por el sentido de la vida, entonces, en ese instante ingresaste en el campo de la teleología. 

     De acuerdo con el Espiritualismo Ontológico y con la Fe Inegoísta, el sentido de la vida (su razón de ser), constituye el problema fundamental de la existencia (problema de orden teleológico). Y la solución a dicho problema empieza en primerísimo lugar, por contar con una demostración racional de la existencia de Dios (del Dios filosófico). Y tal demostración solamente puede obtenerse por medio de la filosofía, y, más específicamente, en virtud de la ontología Y, en segundo lugar, contando ya con la certeza de la existencia de Dios, del Dios filosófico, es necesario conocer el método y la forma para tener un desempeño sobresaliente durante el desafío del Estadio Existenical Carencial, de tal forma que podamos eludir lo peor de dicho estadio y acceder de una forma relativamente favorable al Estadio Existencial de Plenitud. De esta forma, ya tendríamos la solución al problema del sentido de la vida.

    Veamos de inmediato la demostración racional, sistemática y ontológica de la demostración de la existencia de Dios, cuyo autor es el filósofo costarricense Manuel Segura: El hombre tiene la tendencia de meter a Dios dentro de los esquemas de lo humano y de lo terreno. Este error surge de no distinguir claramente entre la verdad absoluta y la relativa, por lo que pone a Dios y el mal en el mismo plano. Pero la verdad es que una cosa es el Dios abstracto de la filosofía (causa primera y universal de todo orden y de toda perfección), y otra cosa es el Dios de las religiones: la misma causa primera pero oculta tras un ropaje humano y terreno. El Dios filosófico se conoce sin necesidad de fe, porque hay argumentos para demostrar que existe. El Dios religioso sólo puede ser aceptado por la fe, puesto que no ha sido visto ni entendido (trinidad, encarnación, resucitación, etc.).

     El hombre puede dudar de todo, pero hay algo que el hombre conoce con absoluta certeza: su propia existencia. La bestia ve, pero no ve que ella ve, mientras que la razón piensa las cosas, y piensa que ella piensa, y piensa que la viste ve, por eso la razón es lo mejor que hay en el ser humano. Pero la razón entiende que hay, sin embargo, un ser superior a ella misma, y más aún, que tiene que haber un ser superior al cual, no se da ni puede darse otro, y éste es Dios. La razón entiende que tiene que existir un ser superior a ella, por cuanto ella no se dio a sí misma la existencia; entonces se la dio otro (y este es superior a ella porque ella depende de él, nada menos que en el ser). Este ser es superior a la razón, pero no por eso es Dios. Es Dios porque si el que dio el ser a la razón, lo recibió también de otro, este otro es superior; y si este otro, lo recibió de otro, este otro es superior; y así tenemos que llegar al que no recibió de otro la existencia, que existe por derecho propio, por esencia, y que, por eso es superior a todos los demás. Hay que tener el cuidado de entender que este SER, Dios, existe no porque la razón lo piense, ni aún porque lo piense como el ser más perfecto que pueda existir. Sino que es Dios por ser la causa del ser de todos los entes. Este Dios, cuya existencia ha quedado demostrada, es el Dios filosófico que puede ser demostrado y por lo tanto, sabido y por eso no necesita ser creído. En cambio, el Dios religioso necesita ser creído, porque no puede ser sabido, porque no ha sido visto ni entendido.

     Una vez que disponemos de la demostración racional de la existencia de Dios (del Dios filosófico), nos corresponde resolver la segunda parte del problema fundamental de la existencia, tal y como lo hemos dejado establecido anteriormente en esta misma publicación: Determinar el método y la forma para tener un desempeño sobresaliente durante el desafío del Estadio Existencial Carencial, de tal forma que seamos capaces de eludir lo peor de dicho estadio y acceder de una forma relativamente favorable al Estadio Existencial de Plenitud, donde podremos obtener una contemplación muchísimo más efectiva de la Realidad Divina Noumenal, que en última instancia, nos proporcionará la felicidad y la autorrealización espirituales. 

     El método requerido para solucionar la segunda parte del problema fundamental, consiste en cumplir con la Ley Eterna, los Valores Espirituales y el Algoritmo del Espiritualismo Ontológico. Y en cuanto a la forma, ella radica en la ejecución óptima, sistemática, consagrada, apasionada y como un culto a Dios (OSCAC) de esos tres elementos, que conforman nuestro deber supremo 

     En publicaciones anteriores de este mismo curso, hemos conocido la definición de la Ley Eterna y la lista de los valores espirituales. Sin embargo, el método contiene un tercer elemento que aún no hemos explicado: el Algoritmo del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta

     Tengamos en cuenta que un algoritmo es un conjunto ordenado y finito de operaciones que permite hallar la solución de un problema (diccionario de la RAE). También podemos agregar que un algoritmo es una secuencia lógica y precisa de pasos para resolver un problema específico (IA). En consonancia con las dos anteriores nociones del vocablo algoritmo, podemos enunciar que el Algoritmo del Espiritualismo Ontológico (AEO) es un proceso metódico, sistemático y escalonado, aplicado a la solución de una cuestión o problema de orden metafísico.

   Explicado en detalle, el primer paso del Algoritmo del Espiritualismo Ontológico (AEO) consiste en la ejecución apasionada y metódica del emprendimiento espiritual, el cual está constituido por la caridad o por las obras de carácter material o espiritual (en sabiduría universal, la caridad es la expresión más pura de amor al Bien, a la humanidad); por la devoción (con la que realizamos las oraciones, los ejercicios espirituales, la meditación trascendental, la contemplación) y por el conocimiento de la filosofía y el misticismo orientales, de la filosofía cristiana (la escolástica), de las religiones, del esoterismo, de la sofiología, de la metafísica, ontología y ética, de la sabiduría universal y del Espiritualismo Ontológico. 

Luego, los siguientes pasos del AEO son los siguientes:

     Cuanto mayor sea el grado cuantitativo y cualitativo de nuestras obras, devoción y conocimiento, mayor será la presencia de SER en nuestra psique u organismo sobrenatural. 

      En consecuencia, mayor será la magnitud de nuestra voluntad misericordiosa y transigente y de nuestro entendimiento puro, inegoísta, ascético, abnegado y resiliente. 

     Lo cual nos brindará un incremento en nuestro acervo de méritos y autorrealización espirituales. 

     En consecuencia, mayor será nuestro acervo de bienes espirituales, incorruptibles e inmutables. 

     Lo cual nos brindará un incremento en la magnitud de nuestra  investidura y uniforme inmaterial de espiritualistas ontológicos y todo lo inmenso que ellos significan y que constituyen las fuentes máximas y supremas de nuestra autorrealización espiritual. 

     En consecuencia, mayores serán nuestras probabilidades de alcanzar plenamente el Estadio Existencial de Plenitud después de nuestra muerte material (y en una pequeñísima medida durante nuestra existencia terrenal). Y también, serán mayores nuestras probabilidades de librarnos de las causas deficientes o perjudiciales productoras de No-Ser o de sufrimiento (por efecto de la Ley de la Causa Eficiente). Estos últimos dos grandes beneficios constituyen el propósito fundamental del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, y son el resultado tal y como ha quedado demostrado de manera inequívoca, de la ejecución correcta de nuestro deber supremo

     En cuanto al emprendimiento espiritual (el primer paso del AEO), que ya explicamos y que abarca entre otros elementos las obras o la caridad, es fundamental indicar que no solamente incluye las obras dirigidas a hacer el Bien a nuestros semejantes, sino también, una norma o protocolo muy particular y de enorme trascendencia llamado Agradecimiento de Fe Inegoísta (AFI) y que conoceremos seguidamente:

     Según el gran Leibniz, el mal metafísico consiste en la simple imperfección inherente a todo ente. Del mal metafísico se derivan el mal físico (enfermedades, accidentes, etc.) y el mal moral (el pecado o la fabilidad de la voluntad). La totalidad de los males, dolores y sufrimientos se derivan taxativamente del mal físico y del mal moral. A cada mal, dolor o sufrimiento lo denominaremos Situación de Sufrimiento Resiliente (SSR)  de bajo, mediano o alto grado de dificultad para ser asimilada y aprovechada

  Por cada SSR de mediano o alto grado de dificultad que logremos aprovechar estratégicamente para nuestro proceso de perfeccionamiento y desenvolvimiento espiritual -a través de la ejecución de la Ley Eterna, de los valores del Espiritualismo Ontológico y del Algoritmo del Espiritualismo Ontológico- lograremos un incremento de la presencia de SER en nuestra psique u organismo sobrenatural. Es decir, incrementaremos nuestra riqueza espiritual, nuestra santidad, nuestro dominio sobre la personalidad egoísta, nuestra capacidad de supervivencia espiritual en el Estadio Existencial Carencial.

     Las SSR inicialmente constituyen amenazas, pero luego de utilizarlas estratégicamente y dentro del contexto del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, se transforman en enormes y valiosísimas oportunidades para incrementar nuestras probabilidades de supervivencia espiritual  en el Estadio Existencial Carencial. Por lo tanto, es necesario brindar un agradecimiento formal a Dios cada vez que se presente una SSR en nuestras vidas, ya que sin dichas experiencias sería imposible medir nuestro grado de aptitud como espiritualistas ontológicos y practicantes de la Fe Inegoísta. Cada SSR aprovechada correctamente, provoca una mayor concentración de Dios, de SER, de causa eficiente en nuestra psique  u organismo sobrenatural. 

     Los fundamentos del ejercicio del Agradecimiento de Fe Inegoísta (AFI), son los siguientes tres elementos:

     A) El ejercicio de la ponderación o balanza espiritual: Su objetivo es ubicar cualquier evento trágico y/o doloroso en su lugar correcto, proporcional a su importancia real en relación con un evento que tenga un grado de malignidad , daño o perjuicio mucho mayor o mucho más grande, de tal forma que podamos contextualizar o relativizar dicho evento real que nos está afectando o perjudicando  y no verlo como algo aislado y superlativo.

     Prestemos atención al siguiente ejercicio de ponderación o de balanza espiritual: En un extremo de una balanza de la justicia se encuentra la situación de sufrimiento resiliente (SSR) que nos está afectando y que tiene metafóricamente un peso de 1 Kg. En el otro extremo se encuentra una situación de sufrimiento resiliente (SSR) ajena a nuestra realidad (pero lamentablemente inherente a la realidad de varias o muchas personas) con un peso de  10 Kg (metafóricamente hablando también). ¿Cuál sería el grado de inclinación que exhibiría la balanza de la justicia? Evidentemente un ángulo de 90 grados, lo que significa que nuestra SSR, que en principio nos parece extremadamente maligna o perjudicial, es relativamente insignificante.

     En la próxima publicación, tomaremos el presente ejercicio de ponderación o de la balanza espiritual y asignaremos ejemplos reales y concretos de Situaciones de Sufrimiento Resilientes (SSR) a cada uno de los extremos de la balanza de la justicia, para que podamos tomar plena conciencia de que en la escala del sufrimiento (o del mal metafísico y sus derivados  y respectivos males físico y moral), que va de 1 a 100, donde el 100 representa una SSR extremadamente cruda, despidada, funesta, fúnebre, desgarradora, trágica, espantosa, incurable, inexorable, inhumana e inimaginable, la SSR que nos está perjudicando (a pesar de que podría significar inclusive una pérdida irreparable) comparada con una infinidad de otras SSR mucho más graves, a fin de cuentas no está ubicada en una posición tan alta en la escala del sufrimiento.  

     B) Las Situaciones de Sufrimiento Resilientes (SSR) de mediano y de alto grado de dificultad para ser asimiladas o aprovechadas, tienen la virtud de apartanos de las emociones, pasiones y preocupaciones mundanas (o sea, nos apartan de la avidez), y nos obligan a estar más tiempo y con mayor intensidad en el modo virtuoso de nuestra psique (nuestra voluntad misericordiosa-transigente y nuestro entendimiento puro, inegoísta, ascético, abnegado y resiliente). Es decir, nos compelen a vivir poniendo en práctica todos los valores del Espiritualismo Ontológico (recogimiento, abnegación, conformidad, etc.). En términos de planificación estratégica, las SSR de mediano y alto grado, constituyen invaluables oportunidades para profundizar en nuestra vocación de emprendedores espirituales.  Por lo tanto, constituyen un insumo imprescindible para nuestro crecimiento como emprendedores espirituales. Sin ellas, careceríamos de la motivación suficiente para progresar en nuestra santificación o proceso de enriquecimiento espiritual, que ineludiblemente requiere en su etapa inicial de mucho sacrificio.

     En lo que respecta a algunas SSR de mediano grado y a todas las SSR de bajo grado de dificultad para ser asimiladas o aprovechadas, si bien no poseen la capacidad de  apartanos de la avidez, al menos tienen el mérito de recordarnos que tenemos una personalidad egoísta que procura mantenernos en el modo vicioso o defectuoso (nuestra voluntad obstinada con la avidez y nuestro entendimiento  egoísta, calculador, deseoso y especulador) y a la que estamos obligados a contener, doblegar y apartar, para regresar al modo virtuoso. 

     C) Las Situaciones de Sufrimiento Resilientes son auténticas pruebas que le permiten al emprendedor espiritual determinar objetivamente si tiene la suficiente pasión y aptitud para ser un Espiritualista Ontológico y practicante de la Fe Inegoísta. Tales pruebas son imperativas para que podamos verificar o comprobar que nuestro desenvolvimiento espiritual es coherente con nuestro conocimiento, fundamentos y valores espirituales. Dicho en forma aforística, "sin dolor no hay ganancia". (Esta frase, según lo que he investigado, fue creada por alguien de habla inglesa, y en su forma original, sería "no pain, no gain").

     Una persona que ha sido entrenada y preparada para ser un soldado militar, requiere necesariamente de experiencia real de combate (experiencia en el campo de batalla) para culminar satisfactoriamente su formación y consolidarse como tal. Es tan determinante la experiencia, que un soldado experimentado o veterano, puede valer perfectamente por dos o tres soldados novatos. De la misma manera, un espiritualista ontológico y practicante de la Fe Inegoísta, requiere de experiencia real en el campo de batalla del mal metafísico, lo cual significa,  enfrentar, asimilar y aprovechar exitosamente Situaciones de Sufrimiento Resilientes (SSR), de tal forma que pueda consolidarse como un  soldado espiritual. 

     Así como hay veteranos de diferentes guerras (Vietnam, Corea, Afganistán, Irak, Siria, Donbass, Ucrania, etc.), también hay soldados espirituales que han tenido un gran desenvolvimiento enfrentando y superando estratégicamente diversas SSR, por lo cual están en todo el derecho de considerarse veteranos de la guerra del Mal Metafísico y sus respectivos y derivados mal físico y moral.

    Son estos supervivientes espirituales y veteranos de la guerra del Mal Metafísico, los que tendrán un alto grado de probabilidad de eludir lo peor del Estadio Existencial Carencial (EEC) y acceder al Estadio Existencial de Plenitud (EEP) de una manera relativamente favorable. Y ya sabemos que el EEP, aun siendo un ámbito de verdad relativa singular y perteneciente al Reino del No-Ser, tiene la virtud de permitirnos percibir telepáticamente y en forma privilegiada el Reino del SER ABSOLUTO, el Reino de Dios, que comparado con el universo, la humanidad entera y las almas altamente espiritualizadas en el EEP, es como comparar un trillón de universos con unos cuantos electrones respectivamente.

     Aquí concluimos por ahora el relevante tema de la norma del Agradecimiento de Fe Inegoísta, con lo cual, también estamos logrando resolver la segunda parte del problema fundamental de la existencia: Determinar el método y la forma para tener un desempeño sobresaliente durante el desafío del Estadio Existencial Carencial, de tal forma que seamos capaces de eludir lo peor de dicho estadio y acceder de una forma relativamente favorable al Estadio Existencial de Plenitud, donde podremos obtener una contemplación muchísimo más efectiva de la Realidad Divina Noumenal, que en última instancia, nos proporcionará la felicidad y la autorrealización espirituales. 






    


Un Curso de Fe Inegoísta L 2, P 4

Un Curso de Fe Inegoísta

El poder ilimitado de Dios SER ABSOLUTO

Lección No.2

Parte No.4

    Y precisamente, nuestro octavo valor espiritual es el de la pobreza y el sufrimiento afectivos. Para abordar este tema, hay que empezar por distinguir entre la pobreza efectiva y la pobreza afectiva. En el sitio web del Diccionario de Acción Humanitaria y Cooperación al Desarrollo, encontramos la siguiente definición de pobreza que es equivalente a la pobreza Efectiva: Situación de una persona cuyo grado de privación se halla por debajo del nivel que una determinada sociedad considera mínimo para mantener la dignidad. En términos más simples, la pobreza (efectiva) se refiere a aquella persona o familia que no tiene lo necesario para satisfacer sus necesidades básicas. Dado que la pobreza efectiva se mide en términos de un ingreso mínimo personal o familiar, se trata de un elemento objetivo.

     Mientras tanto, la Pobreza Afectiva se refiere a la indiferencia que logra experimentar una persona con relación a un determinado grado de austeridad, a una situación económica relativamente precaria, o a la ausencia de un determinado nivel de bienestar material que se puede considerar como el mínimo o el promedio para pertenecer a una determinada clase media. La pobreza afectiva es el resultado de una valoración muy particular que hace el individuo de su modelo de vida totalmente coherente con los principios de la doctrina del Espiritualismo Ontológico o de la Fe Inegoísta (que incluye la Ley Eterna) y/o con los ideales  de la filosofía perenne, y por ende, se trata de un elemento subjetivo y volitivo.

     Algo muy relevante en cuanto a la pobreza afectiva, es que solo un individuo cuya voluntad y entendimiento (funciones inorgánicas y elementos de naturaleza espiritual alojados en la psique u organismo sobrenatural), permanezcan la mayor parte del tiempo en el modo virtuoso, tendrán la capacidad de experimentar y regocijarse con dicha condición. A ese individuo lo denominamos emprendedor espiritual.

     La pobreza y el sufrimiento afectivos son el resultado de lograr un alto grado de incondicionalidad en relación con la avidez (es decir, los apegos, deleites, deseos, pasiones, emociones). Dicha incondicionalidad proviene de un trabajo intenso, permanente e inclaudicable con la voluntad misericordiosa/transigente y con el entendimiento puro, inegoísta, ascético, abnegado y resiliente (o sea, con la voluntad y el entendimiento enfocados en el modo virtuoso). 

     El emprendedor espiritual, cuyo modelo de vida es totalmente coherente con su deber sagrado (La Ley Eterna y los valores espirituales), y que en consecuencia tiene la dicha y la capacidad de experimentar la felicidad espiritual (sustentada en los bienes espirituales) y de prescindir o de ser indiferente en gran medida a la felicidad material-personal (sustentada en los bienes exteriores), obtendrá como resultado una mayor presencia concentrada de SER, de Dios, de Bien, ya que se ha librado del ensimismado yo que es puro No-Ser, lo cual implica que tiene un mayor grado de desenvolvimiento espiritual, y por lo tanto mayores probabilidades de librarse de las causas deficientes o perjudiciales productoras de No-Ser (de la privación de SER y del mal metafísico) y de alcanzar la contemplación y el Estadio Existencial de Plenitud. La pobreza y el sufrimiento afectivos, junto con la práctica de otros ejercicios espirituales, además de la  meditación, del estudio y lectura de libros de filosofía perenne (filosofía oriental, filosofía cristiana, sofiología), son algunas características muy particulares del modelo de vida sustentado en el emprendimiento espiritual.

     Pero el emprendedor espiritual no es una persona enclaustrada en un monasterio, en una abadía o un cenobio. Es un ciudadano común y corriente que tiene que cumplir con sus funciones o roles profesionales-laborales, familiares, sociales, religiosos o confesionales, académicos, de entretenimiento, etc. Y necesita distribuir su tiempo de tal forma que pueda cumplir con todas y cada una de sus funciones o papeles de la manera más perfecta posible (porque todo lo que hace lo consagra a Dios) y proporcional (según su importancia desde el punto de vista ascético-espiritual). Cuanto menos esté condicionado por la avidez (los bienes exteriores o materiales-personales), menor será su consumo de objetos prescindibles, mayor será su independencia económica, mucho más simple será su vida, y finalmente, mejores serán sus posibilidades de contar con minutos u horas de ocio para su rol más importante, el de emprendedor espiritual, que recordemos, está constituido por las obras (o la caridad o altruismo), la devoción y el conocimiento de la ciencia espiritual. Es imperativo indicar en este punto, que el emprendimiento espiritual es el paso previo para aspirar a ser un espiritualista ontológico y practicante de la Fe Inegoísta de clase mundial.

     La pobreza y el sufrimiento afectivos está admirablemente encarnados en el siguiente fundamento del Espiritualismo Ontológico y de la filosofía perenne: La vida no es un fin en sí misma para establecer apegos de todo tipo con los bienes materiales-personales (incluida la personalidad egoísta de nuestros seres amados), sino, todo lo contrario, es un medio para alcanzar el conocimiento unitivo de la Realidad Divina Noumenal a través de la ruptura con la mayor cantidad posible de apegos y finalmente, acceder al Estadio Existencial de Plenitud.

     En el sentido opuesto, la pobreza y el sufrimieto efectivos se manifiestan cuando nuestra voluntad y entendimiento se encuentran principalmente en el modo defectuoso o vicioso. Nos referimos a nuestra mente calculadora, deseosa, egocentrista y a nuestra voluntad obstinada con los deleites, apegos, deseos y pasiones; nuestra voluntad obstinada con lo que yo queremos, deseamos, necesitamos, consideramos merecer, y hasta con lo que le rogamos o suplicamos a Dios. En síntesis, la avidez.

     Todos los objetos, las cosas y los seres humanos somos entes. El mal metafísico es el costo de oportunidad de ser un ente, es decir, de existir. Dicho mal en principio es insalvable, ya que Dios no podía crearnos tan perfectos como Él mismo, puesto que Dios por definición es increado y consecuentemente no puede crear dioses. Por lo tanto, los seres humanos en nuestra calidad de entes y al igual que todos los demás entes del universo, estamos determinados por el mal metafísico, del cual se derivan el mal físico que afecta a la especie humana y al reino animal, y el mal moral (defectibilidad de la razón y de la voluntad), que afecta específicamente a la especie humana y que está profundamente relacionado con la avidez. Todos los males, dolores y sufrimientos humanos, se derivan del mal moral (defectibilidad de la razón y de la voluntad) y del mal físico, los cuales a su vez, son el producto del mal metafísico. Y dichos males pertenecen al ámbito de la verdad relativa, que es No-Ser, mientras que Dios es el Bien absoluto, la verdad absoluta, el SER ABSOLUTO.

     De todo lo anterior, podríamos extraer una deducción muy lamentable: nosotros, en nuestro ámbito o estadio existencial de verdad relativa, nos encontramos en un alto grado de exposición ante el mal metafísico y sus males derivados, el moral y el físico, o lo que es lo mismo, ante las causas deficientes o perjudiciales de No-Ser. Y Dios no puede atender nuestras súplicas y oraciones, ya que mientras los humanos nos encontramos en el orden de la verdad relativa, Dios es la verdad absoluta, el SER ABSOLUTO, el SER puro. Son dos planos totalmente diferentes y separados. En el orden de la verdad relativa hay mucha más esencia que ser, o mucho más No-Ser que SER, y el No-Ser no tiene    sentido en el orden de la verdad absoluta. El mal metafísico, al pertenecer al orden de la verdad relativa, al orden del No-Ser, no es una verdad. Y al no ser una verdad absoluta, no tiene causa o explicación en la verdad absoluta que es Dios. Lo anterior significa que ante el mal, ante el dolor y ante el sufrimiento (en nuestro ámbito de la verdad relativa), dependemos exclusivamente de nosotros mismos, de nuestras virtudes (principalmente las virtudes cardinales: fortaleza, templanza, prudencia y tolerancia), ya que no podemos contar con la gracia de Dios.

     No obstante, tal deducción no es del todo correcta, ya que, si los seres humanos somos entes, es porque Dios nos ha permitido participar de su existencia (de su SER) en una magnitud que si bien es cierto, es ínfima o insignificante (así lo establecimos anteriormente), es la causa de la naturaleza espiritual de nuestra voluntad y de nuestro entendimiento, que recordemos, son de naturaleza binaria, por lo que pueden estar en el modo virtuoso o en el modo vicioso. Vivir la gran mayor parte del tiempo en el modo virtuoso (el fundamento de la Fe Inegoísta) significa vaciar nuestra psique de la voluntad obstinada con los bienes materiales-personales y de la mente concreta, de deseos, calculadora, especuladora, y en su lugar, llenarla de la voluntad clarificada-espiritual y del entendimiento puro, inegoísta, ascético, abnegado y resiliente (proceso denominado kénosis).

     Por lo tanto, vivir permanentemente en el modo virtuoso (innecesario decir que es un desafío descomunal que exige muchísimo sacrificio), incrementará en forma vertiginosa la naturaleza o esencia espiritual de nuestra voluntad y entendimiento, lo que es equivalente a un incremento de la magnitud de SER, de Dios, de perfección, de virtud, de causa eficiente, de Bien en nuestra psique u organismo sobrenatural, y en forma concomitante, reducirá considerablemente la magnitud o presencia de No-Ser, de imperfección, de vicio, de causa ineficiente, de Mal. Vivir permanentemente en el modo virtuoso, implica vivir en una situación muy cercana al vacío perfecto, que es la psique liberada en su totalidad de los deleites, apegos, deseos y pasiones (de la avidez). Y es a través de ese vacío perfecto (kénosis), o de ese estado muy cercano a dicho vacío, que puede obrar la Ley de la Causa Eficiente. 

     Y la Ley de la Causa Eficiente, recordemos, responde a la ley de causa-efecto: cuanta mayor sea la concentración de SER, de Dios, de virtud, de Bien en nuestra psique u organismo sobrenatural, menor será la concentración de No-Ser, de vicio, de mal metafísico y sus derivados mal físico y moral, y por lo tanto, mayores serán nuestras probabilidades de librarnos de los males, dolores y sufrimientos. 

     Como conclusión final, la ejecución correcta del valor de la pobreza y sufrimiento Afectivos requiere necesariamente de la kénosis, que es una condición espiritual extremadamente difícil de lograr y que requiere un trabajo sobresaliente como emprendedor espiritual (recordemos que el emprendimiento espiritual está constituido de obras, devoción y conocimiento). El sacrificio material-personal y la abnegación necesarios para alcanzar la kénosis son ingentes, pero uno de los beneficios que optendremos a cambio es absolutamente invaluable: el favorecimiento de la Ley de la Causa Eficiente.

Objetivo funcional No.2 de Un curso de Fe Inegoísta (el poder de Dios SER ABSOLUTO): Ejecutaré en forma óptima, sistemática, consagrada y como un culto a Dios todos los valores espirituales de la doctrina del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, con el objetivo de alcanzar la kénosis, que tal y como ya lo hemos explicado, es la eliminación de la avidez o de mi personalidad egoísta, para que en su lugar, mi psique u organismo sobrenatural se llene de mi espiritual yo inegoísta, es decir, de SER, de Dios, de Bien, de virtud, de poder contra el mal metafísico (el sufrimiento en general). 


Práctica No.1 de la Lección No.2: Lo primero que haré al iniciar cada nuevo día, será asumir el compromiso sagrado de permanecer hora tras hora, minuto tras minuto en el modo virtuoso, lo cual significa que mi vida está siendo gobernada por mi voluntad misericordiosa/transigente y mi entendimiento puro, inegoísta, ascético, abnegado y resiliente.