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Un Curso de Fe Inegoísta L4, P4

 Un Curso de Fe Inegoísta

El poder ilimitadode Dios SER ABSOLUTO vs sufrimiento

Lección No.4

Parte No.4: Significado e importancia de Dios SER ABSOLUTO. Significado e importancia de los entes espirituales y/o materiales

(El modelo panteísta y ontológico de la creación de la realidad espiritual y material)


     La metafísica y la ontología están estrechamente relacionadas con el panteísmo. El diccionario de filosofía Torre de Babel, brinda la siguiente definición de panteísmo: “Teoría filosófica que considera que no cabe establecer una distinción radical entre Dios y la Naturaleza. Teoría que identifica la Naturaleza con Dios”. Esta segunda idea de la definición de panteísmo es fundamental: “Teoría que identifica la naturaleza con Dios”, ya que es totalmente coherente con la forma en la que Dios crea o genera entes según nuestro modelo ontológico-metafísico-panteísta de la creación.

     Dicho modelo enuncia que los entes existen porque Dios (el SER) ha dispuesto crearlos o generarlos brindándoles la dicha de ser a través de su SER en el ámbito de la verdad relativa. Y en el caso de las almas separadas de sus cuerpos por la muerte, ya no en el ámbito de la verdad relativa, sino, en el ámbito de la verdad relativa singular. Al brindarle a un ente la fortuna de ser un hombre, una mujer, un árbol, un mineral, una molécula de agua o cualquier otra cosa o criatura, Dios está compartiendo con todos estos tipos de entes su SER eso sí, exclusivamente en el ámbito de la verdad relativa. Y este gesto amoroso de compartir, en modo alguno contraviene la naturaleza indivisible, inmutable e inalterable de Dios, ya que lo que está compartiendo es un bien absolutamente espiritual, cualitativo (y no cuantitativo). Para dejarlo totalmente claro con un ejemplo: un ser humano comparte su aprecio y estima con sus seres amados, sus amigos y en general, con todos sus semejantes, y por supuesto, en grados diferentes según cada caso, pero por supuesto, no significa que ese ser humano se ha dividido en una determinada cantidad de fracciones o fragmentos de aprecio y estima.

     Para tener más clara la forma en la que la naturaleza (o el conjunto total de entes de género material y espiritual) está relacionado o vinculado con Dios, es muy oportuno prestar atención al filósofo costarricense Manuel Segura.  El profesor Segura dice que “el Panteísmo es una doctrina filosófica que considera que Dios es la verdad en sí o absoluta, y que todas las cosas no son más que manifestaciones pasajeras de esa verdad. De modo que Dios es en todas las cosas, y todas las cosas son en Dios. Y que la misma participación del SER en otro sentido es imposible, pues el SER NO PUEDE DIVIDIRSE”. Y a la anterior proposición del profesor Segura, podemos agregar que al ser Dios increado no puede crear dioses, solo entes, y que los entes pertenecen exclusivamente al ámbito de la verdad relativa o de la verdad relativa singular (en el caso de las almas que son entes de género espiritual). La ontología, la metafísica y el panteísmo se conjugan eficientemente para darnos como resultado, un modelo que contiene una concepción coherente, elocuente y concreta de la creación divina. Lo hemos denominado el modelo ontológico-metafísico-panteísta de la creación.

     El cristianismo rechaza el panteísmo como también, la idea de que el SER participa en todas las cosas o entes. En su lugar, se basa en el teísmo. Según el diccionario de la Real Academia Española, el teísmo es la creencia en la existencia de un dios personal, creador del mundo y que vela por él pero que no se manifiesta en él. El panteísmo no acepta en principio la existencia de un Dios personal, pero tampoco rechaza la existencia de una vinculación con Dios.

    Por eso el panteísmo se sustenta en la idea que ya conocemos de la compartición del SER de Dios en el ámbito de la verdad relativa con todos los entes, siendo los humanos los más favorecidos en cuanto a presencia de SER en virtud de nuestra psique o alma cuya naturaleza de carácter espiritual ya hemos demostrado anteriormente. Y no solamente somos los entes más favorecidos, sino que, además, la voluntad y entendimiento que configuran nuestra psique, nos brindan la capacidad de incrementar la presencia concentrada de SER, de Dios, a través de la ejecución óptima, sistemática, consagrada, abnegada y como un culto a Dios de nuestro deber supremo: la Ley Eterna y los valores del Espiritualismo Ontológico. Los humanos, entes mixtos de género material y espiritual, tenemos en forma exclusiva el enorme e invaluable poder entre todos los demás entes de la creación, de incrementar dicha presencia de Dios, de SER, de Bien, de causa eficiente, de riqueza ontológica, de expansión cualitativa.

     La capacidad de nuestra psique que es de naturaleza espiritual (en oposición a una naturaleza biológica u orgánica), de aumentar voluntariamente la presencia de SER, es la causa de que cualitativamente, una sola persona, sea mucho más valiosa que todo el universo (que es un ente exclusivamente de género material sin autonomía para aumentar su nivel de perfección, de SER). En lenguaje ontológico, lo podemos argumentar de la siguiente manera: aunque el universo tiene incomparablemente mucha más materia o potencia, tiene mucho menos de acto o de forma. Recordemos que los entes espirituales están compuestos de existencia y esencia, y dicha esencia está compuesta de forma o acto y de potencia, y que la diferencia con los entes materiales es que éstos últimos tienen en su esencia no solo forma o acto y potencia, sino también materia, que por definición es corruptible. Al carecer de materia, las almas son sustancias simples y, por lo tanto, mucho más perfectas que las sustancias materiales (que son compuestas). Además, la demostración de la espiritualidad del alma es un hecho harto demostrado por la filosofía y más específicamente a través de la metafísica (demostración que hemos expuesto en este curso). Por todo lo anterior, podemos asegurar con total seguridad, que el universo es inferior en SER a un solo ser humano (considerado este último en su dimensión de ente espiritual).

     Cuanto mejor ejecutemos la Ley de la Causa Eficiente y los valores del Espiritualismo Ontológico, mayor será nuestra producción de méritos y de autorrealización espirituales, y como consecuencia, mayor será nuestro acervo de bienes espirituales y en última instancia, mayor será la presencia concentrada de SER, de Dios, de Bien, en nuestras psiques. En sentido inverso, cuanto peor ejecutemos dicha ley y valores, menor producción de méritos y autorrealización, menor acervo de bienes y menor presencia de SER. Y nuestra psique, o está con mayor presencia de SER, o está con mayor presencia de NO-SER (de privación de SER). El SER es equivalente a nuestro espiritual yo inegoísta, y el No-Ser es equivalente a nuestro ensimismado yo (personalidad egoísta). En síntesis, o trabajamos en forma ardua, sacrificada y entusiasta para llenar nuestra psique de Dios, de SER, o inevitablemente se llenará de avidez (o sea, de deleites, apegos, deseos, pasiones y emociones que son NO-SER).

     La dificultad para consagrar nuestras vidas al cumplimiento de la Ley Eterna y los valores del Espiritualismo Ontológico se debe básicamente al hecho de que al estar dominados por la avidez y nuestra personalidad egoísta (nuestro ensimismado yo o yo inferior). Somos entes extremadamente imperfectos, caracterizados mucho más por los defectos y los vicios, que por las virtudes. Lo anterior significa también, que somos seres ética y moralmente muy poco productivos, carentes de dominio sobre muchos de nuestros impulsos e instintos como la iracundia, la arrogancia, la avaricia, la codicia, la vanidad, los apegos, la imprudencia, etc. El notable dominio que ejerce la personalidad egoísta en nosotros provoca que nuestra psique permanezca llena de No-Ser y que el espacio para el SER (es decir, para Dios) sea muy reducido.

     Hemos establecido en lecciones anteriores que Dios (de manera imperativa) es increado, lo que significa que existe por derecho propio, por sí mismo, con total independencia (es decir, sin condicionamientos de ningún tipo), que no recibió de nada ni de nadie la existencia. Es Dios por ser la causa del ser de todos los entes, y por eso mismo, es infinitamente superior a todos los que participan de su existencia y también es la verdad absoluta, el Ser Puro, y, en consecuencia, es eterno e infinito. Al ser Dios el SER ABSOLUTO, eterno, infinito, omnisciente, omnipresente, omnipotente, ilimitado e increado, no existe restricción ontológica o metafísica alguna para que pueda crear o producir una ilimitada cantidad de entes haciéndoles partícipes de su SER exclusivamente en el ámbito de la verdad relativa o lo que es igual, con limitaciones temporales y espaciales (limitaciones de forma y materia, o de acto y potencia).

     Si es que aún no los ha hecho, Dios podría crear millones de millones de millones de universos como el que conocemos, o al menos, del que tenemos noción. Cada universo es una supraentidad que alberga trillones de trillones de entes, desde las partículas elementales de la materia (las indivisibles, las que poseen menos masa), ascendiendo gradualmente en complejidad o en tamaño (en lo cualitativo o en lo cuantitativo), hasta llegar, por ejemplo, al ser humano (u otros seres provistos de alma) y a las galaxias. De acuerdo con la dialéctica ontológica y metafísica del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, no existe limitación alguna física o metafísica para que Dios se manifieste a través de una cantidad inimaginable de entes.

     El ente de género material más grande que conocemos es el universo. Es tan grande y complejo (tiene una extensión de 93 mil millones de años luz), que debemos considerarlo una supra entidad. Sin embargo, como ente que es, y al igual que cualquier otro ente (un átomo, una célula), no es más que una manifestación divina con cierta presencia de SER en el orden de la verdad relativa.

     En el plano de la física teórica pura, podemos encontrar paralelismos que apuntan a la existencia de múltiples universos. Nos estamos refiriendo a las teorías del multiverso, y algunas de ellas son las siguientes:  La teoría de la inflación caótica, la de la mecánica cuántica, la teoría de cuerdas, la del multiverso infinito, la de los universos paralelos, la teoría de los universos burbuja y la de los universos hijos. Según todas estas teorías, podrían existir, desde varios universos infinitos hasta un número inimaginable pero finito de ellos como 10 elevado a la potencia 500 (un 1 seguido de 500 ceros). Toda esta información sobre las teorías del multiverso proviene de la búsqueda en IA. El gran inconveniente de ellas es la insalvable limitación de la física experimental actual para comprobarlas empíricamente. Sin embargo, son teorías que cumplen con las normas científicas en cuanto a sus fundamentos matemáticos. Resulta muy interesante y sugestivo el hecho de que tanto la doctrina del Espiritualismo Ontológico (con sus cimientos ontológicos-metafísicos) y la ciencia de la física, lleguen a conclusiones muy similares, desde métodos epistemológicos diferentes.

     Dios es el SER, y el SER es Bien, causa eficiente, expansión cualitativa, riqueza ontológica eterna e infinita. El SER es un concepto o realidad de orden cualitativo. Y lo cualitativo es lo relativo a la calidad de un bien, de un objeto o de una creatura. Y la calidad es el conjunto de propiedades inherentes a algo que permiten juzgar su valor. Por lo tanto, la calidad determina el valor de una cosa. Finalmente, el valor es la Magnitud de la Significación o Importancia (MSI) de una cosa, acción, palabra.

     Los entes espirituales, materiales y mixtos (los seres humanos), son formas a través de las cuales se manifiesta o participa el SER (Dios). Es decir, Dios nos ha hecho partícipes de su SER exclusiva y necesariamente en el orden de la verdad relativa. Entre mayor sea la presencia de SER en nuestras psiques (o entre mayor sea la magnitud de la significación o importancia -MSI- de nuestras psiques), mayor será nuestro grado de perfeccionamiento, de santidad, de calidad espiritual.

     Por el simple hecho de ser un ente de género mixto (cuerpo físico y psique o alma), una sola persona posee más presencia de SER (o de MSI) que todo el universo, y eso sin considerar que está en potencia para incrementar dicha presencia concentrada de SER en virtud de su voluntad y mente que son de naturaleza espiritual y que conforman su psique. Sin embargo, tal presencia de SER no la exime de una endeble situación de exposición e indefensión ante el mal metafísico y sus respectivos y derivados males físico y moral. De acuerdo con la ley de la causa eficiente, una persona que contenga en su psique una proporción de SER (de Dios, de Bien), muchísimo mayor que la proporción de No-Ser (de Mal, de defecto, de vicio, de avidez), contará con un mayor grado de protección contra los efectos del mal metafísico y, por lo tanto, con un mayor grado de inmunidad ante el mal moral que se manifiesta por medio de los defectos psicológicos y vicios (tanto los propios como los de las personas con las que se relaciona) y ante el mal físico que se manifiesta a través  de las enfermedades, de las lesiones y de los defectos o anomalías congénitas. Además, contará con un gran domino sobre su ensimismado yo (personalidad egoísta) y sobre la avidez.

     Pero para que la proporción de SER sea mucho mayor a la proporción de No-Ser, es necesario que la presencia de SER sea superior a la presencia de SER promedio que tiene todo hombre y toda mujer. Y para lograrlo, se requiere previamente de una preparación espiritual y psicológica que puede obtenerse exclusivamente por medio de algún tipo de emprendimiento y doctrina espirituales, como, por ejemplo, el Espiritualismo Ontológico y la Fe Inegoísta.

     Consideremos tres hechos capitales que hemos establecido en esta cuarta parte del capítulo 4 de Un Curso de Fe Inegoísta: 1) Ontológicamente, un solo ser humano posee más presencia de SER que el mismo universo. 2) La presencia de SER en la psique de los 8 mil quinientos millones de seres humanos es inicialmente la misma en todos ellos (una presencia de SER promedio), salvo casos de una maldad o codicia inusuales o de una gran dependencia con la avidez (apegos, deleites, placeres, deseos). 3) Un ser humano puede incrementar su presencia de SER original o promedio, si compromete su vida con un modelo de vida radicalmente fiel a la ley eterna y a los valores del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, que lo potencie para obtener un dominio evidente sobre todos los defectos de su personalidad egoísta como la ira, la vanidad, los apegos, la imprudencia, la intolerancia, etc., y también, sobre la avidez (vivir condicionado por los bienes materiales-personales).

     La doctrina el Espiritualismo Ontológico posee un método y un criterio para comparar las diferentes realidades cualitativas-espirituales ((como lo son Dios -el SER ABSOLUTO-, el Estadio Existencial de Plenitud (EEP), el Estadio Existencial Carencial (EEC), las almas)) entre sí y con las realidades cuantitativas-materiales como el universo, la especie humana y sus bienes materiales-personales, utilizando para tal fin, un determinado valor cuantitativo y una determinada unidad de medida. Es un ejercicio mental que nos brindará una idea exacta de las diferencias abismales que existen entre Dios (verdad absoluta) y todo lo demás (verdad relativa).

     El método en cuestión, se llama Recurso Espiritualista Ontológico de la Comparación en cuanto a presencia de SER o en cuanto a la Magnitud de la Significación o Importancia, entre Dios (SER ABSOLUTO) y el conjunto total de entes espirituales y materiales intuidos o conocidos que incluye: las almas separadas de sus cuerpos por la muerte en el Estadio Existencial Carencial (EEC) y en el Estadio Existencial de Plenitud (EEP), el universo, la humanidad pasada, presente y futura y sus bienes materiales personales.

     Este instrumento tan valioso, asigna valores cuantitativos a realidades de carácter cualitativo-espiritual para disponer de valores numéricos medibles y sujetos a comparación.

     El valor cuantitativo que emplea el Recurso de la Comparación es el del valor de la masa (magnitud física fundamental que expresa la cantidad de materia de un cuerpo), y las unidades de medida utilizadas son las partículas elementales de la materia (las que ya no pueden dividirse en algo más pequeño), como, por ejemplo, el neutrino y el electrón (dos de las partículas elementales de la materia con menor masa).

     Otro valor cuantitativo al que puede recurrir el Recurso Espiritualista Ontológico de la Comparación es el valor numérico en notación exponencial.

      En cuanto al criterio para establecer el valor específico de Dios y de cada ente (ya sea espiritual o material), el Espiritualismo Ontológico cuenta con un valioso instrumento denominado Premisa del Absolutismo y del Relativismo Ontológicos y de las Limitaciones Generadas por el No-Ser.

     Dicha premisa justifica racional y ontológicamente, determinados valores de masa asignados a las diferentes realidades cualitativas-espirituales tales como Dios SER ABSOLUTO, las almas separadas de sus cuerpos por la muerte y con asidero en el EEP y en el EEC, el universo, la humanidad pasada, presente, futura y su conjunto de bienes materiales-personales. Los argumentos para establecer los diferentes valores de masa son los siguientes:

   

     A) Propiedades ontológicas inherentes a Dios, el SER ABSOLUTO

     Dios es increado, ya que no recibió la existencia de nada ni de nadie. También es infinito, eterno, omnisciente, omnipresente y omnipotente. Dios es verdad, voluntad, entendimiento, determinación y concreción absolutas y perfectas (la indeterminación es No-Ser). Dios es inalterable, indivisible, inmodificable, imperturbable, inmutable, incorruptible. Dios es acto puro, SER PURO y ABSOLUTO, sin cabida para la más mínima privación de SER y sin una existencia distinta a su esencia.

     B) Propiedades inherentes a los entes (de género material y espiritual) que describen todo un marco limitativo:

     A diferencia de Dios, que existe por derecho propio y por eso es increado, los entes o seres creados tienen que ser necesariamente limitados en el tiempo y en el ser porque son corruptibles, mutables, impermanentes, múltiples y distintos, y tales propiedades solo son posibles mediante el No-Ser. 

     Los entes o seres creados son corruptibles (se descomponen o se pudren y dejan de ser lo que eran), mutables (porque un ser al experimentar cambio se transforma en lo que NO-ERA, o deja de ser lo era), impermanentes (transitorios, efímeros), múltiples (porque entre un ser y otro, por ejemplo, entre una mujer y otra, se da el No-Ser mujer), distintos (porque una mariposa se distingue de un canario porque la mariposa NO-ES canario) y compuestos (porque en los seres materiales una parte NO-ES la otra parte). Y en términos de eternidad e infinitud, son transitorios, efímeros e insignificantes. Todas las anteriores propiedades evidencian, que los entes poseen una dinámica permanente de estar siendo No-Ser, que es privación de SER, que es defecto, vicio, imperfección.

     Utilicemos al ser humano como ejemplo para comprender con mayor amplitud la dinámica del No-Ser que es el factor que provoca todas las anteriores limitaciones en los entes o en los seres creados: Estamos constituidos de átomos, células, tejidos, órganos y sistemas. De un cuerpo físico y de psique (de alma). De una existencia diferente a la esencia, de acto y potencia y la potencia posee materia (por lo tanto, somos seres compuestos). Estamos en un permanente “estando dejar de ser” y en un “estando llegar a ser” (de hecho, así es el comportamiento de la materia: de ser potencia pasa a ser acto y de ser acto pasa a ser potencia, en un proceso continuo). El niño está dejando de serlo para ser adolescente, y el adolescente está dejando de serlo para ser un adulto, y el adulto está dejando de serlo para llegar a ser una persona senil. Si eres un adulto, ya no volverás a ser un niño, ese niño que fuiste ayer, hoy es No-Ser. De la misma forma, la adultez que posees ahora llegará a ser No-Ser, cuando seas una persona senil o si mueres mañana. El día que viviste ayer ya no existe, es parte del pasado, es No-Ser. Cada segundo consumido por el reloj se convierte en No- Ser. “Las cosas antes de ser no son, y cuando son, comienzan a no ser” (San Agustín de Hipona). Antes de nacer, no existes. Una vez engendrado, empiezas un permanente, constante e irreversible proceso de transformación desde que estás en el vientre materno, hasta que te conviertes en un adulto mayor, mueres, y si tu cuerpo es incinerado, se transforma en cenizas compuestas de celulosa, taninos, sales de calcio y potasio, carbonatos y fosfatos, entre otros componentes inertes. Empezaste siendo un ser de dos células, cantidad que fue creciendo exponencialmente hasta llegar a un máximo aproximado de 30 millones de millones de células, y finalmente, quedaste convertido en cenizas o en huesos y restos de tejidos. Desde el mismo instante del engendro, empiezas el proceso de No-Ser: el No-Ser un feto, un neonato, un niño, un adolescente, un joven adulto, un adulto, un adulto mayor. Tus ideales, valores, gustos, convicciones van cambiando con el tiempo, es decir, también comportan esta dinámica de dejar de ser, o de llegar a no ser.

     Comparados con la eternidad de Dios, los entes tienen una existencia extremadamente breve y efímera (inclusive el universo). Un caso particular es el de los entes de género espiritual (las almas), que no adolecen de impermanencia porque son perennes (pero no eternos). En todos los entes (tanto los de género material como espiritual), su existencia es distinta a su esencia, lo que significa que recibieron de Dios el ser (con minúscula), es decir, recibieron la dicha de ser entes. Pertenecen al ámbito de la verdad relativa o al de la verdad relativa singular (en el caso de los entes espirituales como las almas).

     Las anteriores propiedades constitutivas de los entes no son más que limitaciones generadas por el No-Ser (o por el Mal Metafísico que es privación de SER), absolutamente insalvables de acuerdo con los postulados ontológicos universales que mencionamos de inmediato: limitaciones de acto y potencia, forma y materia, esencia distinta a su existencia.

     C) En términos de verdad absoluta, tanto los entes de género material como espiritual son inexistentes, pues solamente tienen existencia en el orden de la verdad relativa. Y en dicho orden de la verdad relativa, en lo que respecta a los entes de género material, están limitados por el tiempo, por el espacio y por las leyes físicas (o por el tiempo y por el ser).

     D) La existencia de la verdad relativa depende de la existencia de los entes, y la existencia de ellos depende a su vez, de la presencia o participación de SER (de Dios) en ellos. Sin la participación del SER de Dios, no habría entes. Las cosas, las ideas, las creaturas (los entes) no son más que simples modos en los que se manifiesta o participa el SER eso sí, en el orden de la verdad relativa. Dicha manifestación o participación en ninguna circunstancia podría sugerir que Dios es divisible, mutable o alterable (lo cual negaría el principio fundamental de que Dios es el SER ABSOLUTO), ya que como lo dejamos establecido anteriormente, dicha participación o manifestación del SER (de Dios) evidentemente es de orden cualitativo y no cuantitativo, y, además, sucede única y exclusivamente en el orden de la verdad relativa.

     La verdad absoluta es la verdad de Dios. La verdad relativa es la verdad de los entes. En el marco de la verdad relativa hay limitaciones ontológicas, de tiempo, espacio y en general, de las leyes de la física. En el marco de la verdad absoluta, los entes y la verdad relativa (que es el medio donde se desenvuelven), son inexistentes, son No-Ser.

     La verdad relativa es un ente de razón según los fundamentos metafísicos.

     Complementando los cuatro anteriores fundamentos, y haciendo un compendio ontológico y metafísico, podemos enunciar que Dios, al ser el SER ABSOLUTO, consecuentemente posee una magnitud de significación o de importancia (o grado de calidad) absoluto. Dios es el SER PURO, increado y único porque existe por derecho propio, no recibió de nadie ni de nada su existencia precisamente porque es Dios. Por lo tanto, también es eterno, infinito, omnisciente, omnipresente y omnipotente. En el orden de la verdad absoluta solo existe Dios, los entes no tienen cabida en el orden o ámbito de la verdad absoluta. Simplemente NO existen. Los entes pertenecen al ámbito de la verdad relativa. Esta última afirmación responde a lo que denominaremos en adelante, la Premisa del Absolutismo y del Relativismo Ontológicos y de las limitaciones generadas por el No-Ser. 

     Con base en los anteriores cuatro fundamentos o argumentos de la Premisa del Absolutismo y del Relativismo Ontológicos y de las Limitaciones Generadas por el No-SER, y considerando además el anterior compendio, podemos concluir que no hay ningún límite para concebir a Dios cualitativamente tan gigantesco y al conjunto total de entes espirituales y materiales (cualitativa y cuantitativamente) tan chico como lo permita nuestra imaginación.

     Por lo tanto, haciendo uso de dicha Premisa del Absolutismo y del Relativismo Ontológicos y de las Limitaciones Generadas por el No-Ser, y obteniendo además, el máximo provecho del Recurso Espiritualista Ontológico de la Comparación en cuanto a presencia de SER o en cuanto a la Magnitud de la Significancia o Importancia (MSI), y empleando el valor cuantitativo de la masa y el electrón como unidad de medida,  podríamos afirmar perfectamente, que Dios tiene una masa o magnitud de la significación o importancia (MSI) equivalente un trillón de trillones de trillones de trillones de trillones de universos como del que tenemos conocimiento. Mientras que el conjunto total de entes espirituales y materiales (seres creados) tiene una masa o MSI equivalente a 300 mil millones de electrones. Para tener un marco de referencia que nos permita tener una noción más concreta de la relación que se da entre ambos valores de masa o de MS, de acuerdo con Deep Seek (IA), al hacer el análisis de un clavo de 5 cm de longitud, con un diámetro de 2 mm y una composición principalmente de hierro (densidad de 7.8 g/cm3), un volumen de aproximadamente 0.157 cm3 que da como resultado una masa de 1.2g, y considerando que el número de átomos de hierro es de unos 1.32 x 10 (elevado a la potencia 22), y con 26 electrones por átomo, el total de electrones es 3.4 x 10 (elevado a la potencia 23). Para facilitar la comprensión de dicha cantidad, en trillones son 340 mil trillones (340 millones de millones de millones) de electrones. Toda esa inmensidad de electrones en un solo clavo de 5 cm de longitud. Evidentemente, nuestra masa de 300 mil millones de electrones es insignificante. Solo queda tratar de imaginar la cantidad inconcebible de electrones, neutrones y protones que se encuentran en un trillón de trillones de trillones de trillones de trillones de universos como el que conocemos.

     Luego de concluir nuestro primer ejercicio espiritual-metafísico, tenemos como resultado que el conjunto total de entes espirituales y materiales comparado con Dios, en términos de la presencia de SER o en cuanto a la Magnitud de la Significación o Importancia (y utilizando el valor de la masa como valor cuantitativo de los entes y el electrón como unidad de medida), es virtualmente inexistente o prácticamente nada. En términos de verdad absoluta es inexistente.

     Ejercicio espiritual-metafísico No.2: También, haciendo uso de la premisa y del recurso anteriores, podemos comparar a Dios con el conjunto total de entes espirituales y materiales, pero en esta ocasión, utilizando valores numéricos en notación exponencial.

     Antes de proceder con el respectivo ejercicio espiritual, prestemos atención a algunos datos generales del universo y de la especie humana. Nuestro universo tiene aproximadamente 13 mil quinientos millones de años de existencia y una extensión de 93 mil millones de años luz (es decir, la distancia recorrida viajando a 300 mil km por segundo durante 93 mil millones de años, que equivale a 880 mil trillones de kilómetros).

     Además, los científicos estiman que la especie homo sapiens habita la Tierra desde hace unos 300 mil años y tendrá su fin muchísimo antes de que el sol se extinga dentro de 5 mil millones de años.

     El universo, por más grande que sea en lo temporal y espacial, es finito, perecedero y en consecuencia, insignificante a la par de Dios, el SER ABSOLUTO.

     Considerando los anteriores datos y utilizando en este caso valores numéricos en notación exponencial para representar la magnitud de la presencia de SER (en lugar del valor de la masa y de la unidad de medida del electrón), podríamos suponer perfectamente que Dios, el SER ABSOLUTO, tiene una presencia de SER de 10 x 10 elevado a la potencia 100000 (un número que tiende al infinito). Mientras que el conjunto total de entes espirituales y materiales tiene una presencia de SER de 10 x 10 elevado a la potencia -95, que, expresado en notación decimal, es 0.0000…00001 (es decir, 95 ceros y un 1 a la derecha del separador decimal), que es prácticamente un 0 % de SER.

     Resultado ejercicio espiritual-metafísico No.2: El conjunto total de entes espirituales y materiales comparado con Dios, en términos de la presencia de SER o en cuanto a la Magnitud de la Significación o Importancia (y utilizando esta vez como valor cuantitativo de los entes los valores numéricos en notación exponencial), es virtualmente inexistente o prácticamente nada. En términos de verdad absoluta es inexistente.

     Ejercicio espiritual-metafísico No.3: También podemos hacer la comparación con Dios en términos de privación de SER (o de No-Ser), que constituye la comparación inversa a hacerlo en el marco de la presencia de SER. En tal caso, podemos concebir que Dios, el SER ABSOLUTO, tiene una presencia de SER  10x10 elevado a la potencia 100000 (un número que tiende al infinito). Mientras que el conjunto total de entes espirituales y materiales tiene una privación de SER de 10 x 10 elevado a la potencia 0.99, que, expresado en notación decimal, es 97.72372209558107, que es prácticamente un 100 % de privación de SER (o de No-Ser).

     Resultado ejercicio espiritual-metafísico No.3: El conjunto total de entes espirituales y materiales comparado con Dios, en términos de la privación de SER o magnitud de No-Ser (y utilizando en este ejercicio los valores numéricos en notación exponencial como valor cuantitativo de los entes), es virtualmente inexistente o prácticamente nada. En términos de verdad absoluta es inexistente.

     Sabemos que las almas separadas de sus cuerpos por la muerte son los entes con mayor magnitud de significancia o importancia (MSI) o con mayor presencia de SER (de Dios) que hay en el orden de la verdad relativa. Ya hemos expuesto las razones por las cuales, los entes espirituales tienen una presencia de SER mucho mayor a la presencia de SER que tienen los entes de género material, inclusive el mismo universo. En cuanto a las almas altamente evolucionadas que han logrado alcanzar el Estadio Existencial de Plenitud (EEP), es indiscutible que tienen una presencia concentrada de SER mucho mayor a la presencia de SER que detentan las almas que están realizando el proceso de purga en el Estadio Existencial Carencial (EEC).  Desde que surgió la especie humana hace 300 o 200 mil años (según diferentes estimaciones de científicos), han existido unos 117 mil millones de seres humanos (fuente: IA). Por lo tanto, también 117 mil millones de almas. De acuerdo con nuestra doctrina del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, de esa enorme cantidad, solo una pequeña parte se encuentra en el EEP, puesto que el proceso de purga es muy difícil y tarda en promedio eones de tiempo. Podrían existir almas que llevan siglos o milenios realizando aún dicho proceso en el EEC. Es tan enorme el poder de la personalidad egoísta o del ensimismado yo, y tan difícil lograr la liberación total con ella, que solo un pequeño porcentaje de almas han avanzado al EEP, quizás un 10 o un 20 %.

     Ejercicio espiritual-metafísico No.4: Ahora bien, qué tal si comparamos a Dios con algo muchísimo más valioso en cuanto a presencia de SER que el conjunto total de entes espirituales y materiales. Supongamos un EEP albergando un billón de almas (un millón de millones) de almas altamente santificadas o espiritualizadas. Para este ejercicio, al igual que en los anteriores, nos fundamentaremos en la Premisa del Absolutismo y del Relativismo Ontológicos y de las Limitaciones Generadas por el No-Ser, y también por supuesto, en la Premisa de la Comparación en cuanto a presencia de SER o en cuanto a la Magnitud de la Significancia o Importancia (MSI). Emplearemos el valor de la masa y el electrón como unidad de medida.

     Pero antes de estimar el valor cuantitativo de un billón de almas, es necesario reiterar que aquellas almas que han logrado evolucionar hasta ascender al EEP, son las más ricas en cuanto a presencia de SER, y este es un dato crucial que tomaremos en cuenta para fijar su valor cuantitativo. En un ejercicio previo, hemos especificado que el conjunto total de entes materiales y espirituales tiene una masa o MSI de 300 mil millones de electrones. De esa cifra, el 90 % aproximadamente (270 mil millones), corresponde a las almas albergadas en el EEP, lo cual nos indica de manera inequívoca, lo que ya hemos explicado anteriormente: que proporcionalmente son las más valiosas, las de mayor MSI, las de mayor calidad.

     Ahora bien, si partimos de que un 20% del total de almas pasadas y presentes está gozando de la felicidad y autorrealización espirituales plenas en el EEP, y que ese 20 % corresponde a 20 mil millones (el 20 % de cien mil millones de almas), entonces, de manera absolutamente acertada,  podríamos fijar la masa o la MSI del billón de almas (un millón de millones de almas) en 13.5 billones de electrones (porque al dividir 270 mil millones de electrones entre 20 mil millones de almas, tenemos como resultado que el valor unitario de cada alma es de 13.5 electrones, y un millón de millones multiplicado por 13.5 es igual a 13 500 000 000 000, número que ser verbaliza como 13 billones quinientos mil millones). Dicha cantidad de 13.5 billones de electrones, es 45 veces más grande que los 300 mil millones de electrones. No obstante, aún resulta ser una cantidad muy pequeña comparada con la cantidad de electrones que caben en un clavo de 5 cm. Recordemos el análisis que tomé de IA sobre un clavo un clavo de 5 cm de longitud, con un diámetro de 2 mm y una composición principalmente de hierro (densidad de 7.8 g/cm3). Un clavo con esas características tiene una cantidad de electrones de 4 x 10 (elevado a la potencia 23). Verbalizando dicho número que aparece en notación exponencial, son nada menos que 340 mil trillones (340 millones de millones de millones) de electrones. Toda esa inmensidad de electrones en un solo clavo de 5 cm de longitud. !Solo nos queda tratar de imaginar la cantidad inconcebible de electrones, neutrones y protones que se encuentran en un trillón de trillones de trillones de trillones de trillones de universos como el que conocemos!

     Tal y como lo hemos establecido en los ejercicios anteriores, Dios puede tener perfectamente, una masa o una magnitud de la significación o importancia (MSI) equivalente un trillón de trillones de trillones de trillones de trillones de universos como del que tenemos conocimiento. Y en lo que respecta al hipotético billón de almas altamente evolucionadas y ascendidas al EEP, tal y como lo hemos determinado en el párrafo anterior, su masa o MSI es equivalente a 13.5 billones de electrones.

     Resultado ejercicio espiritual-metafísico No.4: Un billón de almas altamente evolucionadas comparado con Dios, en términos de la presencia de SER o en cuanto a la Magnitud de la Significación o Importancia (y utilizando en este ejercicio, los valores numéricos en notación exponencial como valor cuantitativo de las almas), es virtualmente inexistente o prácticamente nada. En términos de verdad absoluta es inexistente.

     Si hacemos el mismo ejercicio con valores numéricos en notación exponencial, para representar la magnitud de la presencia de SER (en lugar del valor de la masa y de la unidad de medida del electrón), el resultado es el siguiente: Dios, el SER ABSOLUTO, tiene una presencia de SER de 10 x 10 elevado a la potencia 100000 (un número que tiende al infinito). Mientras que el billón de almas altamente evolucionadas tiene una presencia de SER de 10 x 10 elevado a la potencia -50, que, expresado en notación decimal, es 0.0000…00001 (es decir, 50 ceros y un 1 a la derecha del separador decimal), que sigue siendo prácticamente un 0 % de SER.

     Resultado ejercicio espiritual-metafísico No.5: un billón de almas altamente evolucionadas comparado con Dios, en términos de la presencia de SER o en cuanto a la Magnitud de la Significación o Importancia (y utilizando en este ejercicio, los valores numéricos en notación exponencial como valor cuantitativo de las almas), es virtualmente inexistente o prácticamente nada. En términos de verdad absoluta es inexistente.

     A pesar de que los anteriores argumentos demuestran y evidencian con gran solidez, que los entes en términos de presencia de SER o en cuanto a la Magnitud de la Significación o Importancia, son virtualmente inexistentes o prácticamente nada, o que en el marco de la verdad absoluta son inexistentes, tienen la dicha de haber recibido bondadosa y gratuitamente de Dios una determinada presencia de SER (en el ámbito de la verdad relativa claro está). Los seres humanos, que son los entes más favorecidos en cuanto a presencia de SER, de Dios, de Bien, de riqueza ontológica, de expansión cualitativa, de causa eficiente, son responsables de hacer lo mejor posible con esa participación de SER desde el punto de vista de la Ley Eterna y de los valores del Espiritualismo Ontológico. Sumado a lo anterior, en virtud de la naturaleza espiritual de su entendimiento y su voluntad (psique), los seres humanos (entes mixtos: género espiritual y material), tienen la capacidad de perfeccionarse o de incrementar la presencia de Dios, de SER (o de forma o de acto), razón por la que también son muchísimo más favorecidos y perfectos que los entes de género material.

     Conclusión: Los anteriores ejercicios nos permiten entender la relación tan infinitamente desigual en términos de calidad o de la Magnitud de la Significancia o Importancia que existe entre Dios SER ABSOLUTO y el conjunto total de entes espirituales o materiales (o seres creados o generados que son manifestaciones de ese SER ABSOLUTO eso sí, en el orden de la verdad relativa). Dios es una realidad espiritual y cualitativa eterna, infinita, perfecta que por sí misma, constituye el orden de la verdad absoluta.

     Los 5 ejercicios espirituales están sustentados en la Premisa del Absolutismo y del Relativismo Ontológicos y de las Limitaciones generadas por el No-Ser, y en el Recurso Espiritualista Ontológico de la Comparación en cuanto a presencia de SER o en cuanto a la Magnitud de la Significación o Importancia, entre Dios (SER ABSOLUTO) y el conjunto total de entes espirituales y materiales intuidos o conocidos que incluye: las almas separadas de sus cuerpos por la muerte en el Estadio Existencial Carencial (EEC) y en el Estadio Existencial de Plenitud (EEP), el universo, la humanidad pasada, presente y futura y sus bienes materiales personales.

     Tener plena conciencia de que nuestro destino final como seres espirituales será el EEP, un estadio perenne donde podremos contemplar la Realidad Divina del Poder Superior dotados de recursos espirituales inmensamente superiores a los que podríamos obtener durante nuestra vida terrenal, es una situación que debería convertirse en la máxima causa de motivación y entusiasmo de nuestras existencias, una situación que debería contagiarnos de un apasionamiento indescriptible y mantenernos constantemente llenos de alegría a pesar de las vicisitudes.

     Por último, si bien el EEP es el destino final de todos y todas, ha quedado muy claro a lo largo de todos los capítulos de este método llamado Un Curso de Fe Inegoísta, que ese destino final pasa primero por el EEC, en el cual, las almas experimentarán diferentes grados de precariedad existencial como parte del respectivo e imperativo proceso de regeneración espiritual, y en el que las almas tendrán que purgarse de su enorme tendencia a identificarse con su personalidad egoísta o con la avidez, proceso doloroso que las almas tendrán que realizar en total y completa soledad, que puede tomar eones de tiempo y que en principio, está caracterizado por un sufrimiento emocional inclemente.

     De la presencia concentrada de SER obtenida en la existencia terrenal y en el EEC, dependerá que la Ley de la Causa Eficiente nos libre de lo peor del mal metafísico (y sus respectivos y derivados males físico y moral) y logremos acceder al EEP de una manera relativamente vertiginosa y benigna.

 



Un Curso de Fe Inegoísta L4, P3

Un Curso de Fe Inegoísta

El poder ilimitado de Dios SER ABSOLUTO vs sufrimiento

Lección No.4

Lección No.3 El SER ABSOLUTO y la Privación de SER Absoluto, la creción o generación de todos los entes

(El modelo panteísta y ontológico de la creación de la realidad espiritual y material)

        La fe inegoísta y la fe religiosa-convencional son radicalmente diferentes: Los estimables y pacientes lectores de este curso de Fe Inegoísta, muy posiblemente han notado a esta altura del curso, la abundante base filosófica occidental, escolástica, patrística y esotérica que dan sustento al mismo. Y más específicamente dentro del componente filosófico occidental, se encuentra el conocimiento ontológico y metafísico. Además, en lo relativo al esoterismo, podemos apreciar la presencia de principios de la filosofía oriental. Todo ello conforma un sincretismo que reúne lo mejor de los dos mundos: la sabiduría occidental y la oriental.

     La palabra fe tienen muchos sinónimos. Algunos soy pertinentes en este punto de nuestro análisis: certidumbre, convicción, convencimiento y dogma. La fe religiosa-convencional parte, primero que nada, de un dogma. En el caso de las diferentes religiones cristianas, inicia con la existencia de la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo). Y a partir de ese dogma, continúa con la certeza y el convencimiento de que Dios actúa en nuestro auxilio o en nuestro provecho porque es compasivo y porque es correspondiente con nuestra fe.

     Por su parte, la fe inegoísta inicia su propuesta con algo más que fundamental: la demostración filosófica (ontológica) de la existencia de Dios y de la naturaleza espiritual de la psique o del alma. Luego, haciendo uso de conceptos fundamentales de la ontología, nos presenta la ley de la causa eficiente, según la cual, a mayor presencia de SER, de Dios en nuestras psiques, mayores serán nuestras probabilidades de librarnos de las causas deficientes o perjudiciales productoras de No-Ser (de sufrimiento, dolor, perjuicio). Algunos de dichos conceptos fundamentales, son los siguientes: el SER ABSOLUTO, Dios increado, los seres o entes que participan de ese SER en forma transitoria, privación de SER o No-Ser, y el enunciado de que las cosas, ideas, creaturas (los entes en general), no son más que simples modos a través de los cuales se manifiesta o participa el SER (Dios). 

     De acuerdo con la la fe inegoísta, la la ley de la causa eficiente es una ley típica de causa-efecto, acción-reacción, similar en cuanto a su lógica a la ley budista del karma, aunque ambas leyes son muy diferentes en cuanto a su base racional filosófica y su propuesta teleológica. Ahora bien, el gran problema para el practicante de la fe inegoísta es lograr el incremento de la presencia de SER, que es una labor muy difícil y sacrificada. Afortunadamente, la doctrina del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, le proporciona a toda aquella persona que se tome el tiempo y la molestia de estudiarla, el conocimiento y entusiasmo necesarios para hacerlo.

     En el marco de la Fe Inegoísta, prescindimos de los dogmas y del Dios con forma de trinidad que acudirá a nosotros por el simple hecho de que consideramos que somos merecedores de su compasión.  En su lugar, nos comprometemos con un modelo de vida regido por el Espiritualismo Ontológico y la Fe Inegoísta que nos permitirá progresar diariamente en el plano espiritual, es decir, que nos permitirá incrementar permanentemente la presencia de SER (de Dios, de Bien, de expansión cualitativa, de riqueza ontológica) en nuestra psique, lo cual es imprescindible para contar con un mayor favorecimiento de la ley de la causa eficiente.

     SER ABSOLUTO, privación de SER y los entes: Dios es el SER. El SER se percibe por la razón, no por los sentidos. Si prescindimos por abstracción mental de todas las determinaciones (esencia) que distinguen un ser de otro, nos quedamos con el concepto puro del SER.  El SER es lo que hace que las cosas sean. No vemos ni entendemos el SER, pero sabemos distinguir lo que es de lo que no es. Dios es el SER (el SER ABSOLUTO), porque es la fuente del ser de todas las cosas. Pero Dios no es el “logos” o la idea pura del SER, sino que es el “ontos” o lo que corresponde en la realidad, al concepto del SER (y el ontos evidentemente es una realidad de orden cualitativo). Y es que en la realidad algo tiene que corresponder al concepto del SER, porque de lo contrario tendríamos que decir que nada existe, lo cual sería absurdo.

     Dios decidió crear. Pero no podía crear dioses, porque lo más característico de Dios es que no es creado. Y al ser increado, es eterno. Dios trasciende el tiempo y el espacio, variables que definen la realidad del ámbito de la verdad relativa, y, por lo tanto, también es infinito. Si bien es cierto que Dios no puede crear otro dios u otros dioses, también es acertado indicar que Dios puede crear o generar una cantidad ilimitada de cosas o seres que en términos ontológicos denominamos entes.

     Los seres o más correctamente los entes creados o generados por Dios, tenían que ser necesariamente limitados en el tiempo y en el SER, porque son múltiples, distintos, mutables y compuestos (es decir, encierran composición). Y esas propiedades (multiplicidad, distinción, mutabilidad y composición) son propiedad exclusiva del NO-SER. Y el No-Ser es todo lo opuesto de Dios, que es el SER PURO, ABSOLUTO.

     Para entender el concepto de NO-SER (o de Privación de SER), es imperativo tener claro que el universo es obra de Dios. En él se manifiestan su poder, su sabiduría y, sobre todo, su bondad. Todo lo que procede de Dios es SER, o es BIEN, aunque todas las cosas creadas incluyan un altísimo grado de imperfección o de No-Ser (Privación de SER). En el caso de los seres humanos, la inevitable imperfección de sus actos es la causa de la mayoría de los males, perjuicios y sufrimientos. Dicha imperfección proviene del mal metafísico y más específicamente, del mal moral.

     Las cosas del mundo son más perfectas en la medida en que tengan más SER (Bien, riqueza ontológica, expansión cualitativa) y estén, por eso mismo, más cerca de Dios. El NO-SER inherente a cada ente constitutivo del universo (desde las partículas más diminutas y elementales de la materia como los electrones, ascendiendo en tamaño y complejidad hasta las células, el ser humano y los astros), al ser el causante de la multiplicidad, la distinción, el cambio (mutabilidad) y la composición, está haciendo posible la existencia del mismo cosmos y contribuye con la belleza de toda la naturaleza.

     Definición de ente de género material: Es todo aquel objeto o cosa dotada o compuesta de esencia y existencia, de acto y potencia, de forma y materia, a la que Dios le ha permitido participar de su SER exclusivamente en el ámbito de la verdad relativa (que es el ámbito condicionado por el tiempo y el espacio), por lo que existe transitoriamente (inclusive el universo mismo). En su inmensa mayor parte, es privación de SER (o No-Ser), o sea, imperfección, indeterminación, inconcreción.

     Definición de ente de género espiritual: Hay dos tipos de entes espirituales, las almas y los bienes espirituales, tales como la contemplación, el Estadio Existencial de Plenitud, la Ley Eterna, la autorrealización espiritual, la libertad derivada del dominio sobre sí mismo, la voluntad transigente y misericordiosa, el recto camino de las virtudes, los actos moralmente buenos, el conocimiento de la sabiduría universal, de los valores espirituales y de la virtual inexistencia de los entes. Todos los anteriores tipos de bienes espirituales incrementan la magnitud de SER en nuestra psique u organismo sobrenatural.

     Un principio básico de carácter ontológico es que el SER (Dios), es único e inmutable, mientras que los entes son múltiples y en continuo cambio. El SER es total y absoluta determinación (el ontos). El ente no es ni nada ni todo, es algo. Todo lo que es algo, es ente. Todas las cosas que de alguna manera participan del SER, son entes. Tanto los entes materiales como los espirituales son imperfectos, pues recibieron la existencia de Dios (en el ámbito de la verdad relativa exclusivamente). Por lo tanto, tienen una existencia distinta de su esencia y una gigantesca privación de SER o presencia de No Ser, es decir, de imperfección, de indeterminación, de inconcreción. Por esa razón existe el Estadio Existencial de Carencial, en el cual las almas separadas de sus cuerpos por la muerte tendrán que purgarse de su enorme dependencia con la avidez, es decir, tendrán que lograr un alto grado de perfeccionamiento espiritual o de santidad, de autodominio (tendrán que incrementar la presencia de SER, de Dios, de Bien, de expansión cualitativa, de riqueza ontológica).

     Las almas, en su condición de entes han recibido la dicha de ser (de existir) a través del SER de Dios y, por lo tanto, tienen una existencia distinta de su esencia. Y dicha esencia está conformada por la forma (que es acto, y el acto es perfección) y por la potencia (pero no por la materia, que es exclusiva de los entes materiales).

     La potencia es inherente a todo cuanto ha recibido la existencia, es decir, inherente a todos los entes, a todo aquello que, a diferencia de Dios, tiene una esencia distinta de su existencia y que por lo tanto es imperfecto. Y los entes espirituales tales como las almas separadas de sus cuerpos por la muerte, a diferencia de los entes materiales, en virtud de su voluntad (misericordiosa y transigente) y de su entendimiento (puro, inegoísta, ascético, abnegado y resiliente) tienen la capacidad o están en potencia para incrementar la presencia de SER, de Dios, de Bien, de causa eficiente en su psique u organismo sobrenatural. O lo que es equivalente, las almas están en potencia de incrementar y de perfeccionar su santidad y su desempeño ético, no solo durante su vida terrenal, sino también, en los estadios posteriores de evolución, como son el Estadio Existencial Carencial y el Estadio Existencial de Plenitud.

     El ser es acto, la posibilidad de ser es potencia. Dios es acto puro (perfección), con una ausencia absoluta de potencia. Por eso Dios es concreción y determinación absolutas, Ser Puro. La posibilidad de dejar de ser es impotencia (No-Ser). Toda potencialidad supone algún acto. Los entes en general son al mismo tiempo acto y potencia -dada su imperfección-. Y como consecuencia de ello, son contingentes (o inciertos). Tanto el acto como la potencia son extremadamente limitados en los entes contingentes, por lo tanto, la presencia de No-Ser (o la privación de SER) en los entes contingentes es inmensamente mayoritaria. Lo mismo sucede con la presencia de impotencia.

     Todos los anteriores argumentos ontológicos nos permiten demostrar la primera limitación de los entes tanto materiales como espirituales: la composición, y la composición es indeterminación, porque cada uno de los componentes del ente no es el resto de los componentes, lo que implica que hay una gran presencia de No-Ser en el ente. En los seres materiales, una parte No-Es la otra parte (el pétalo No-Es el tallo, por ejemplo). En cambio, Dios es determinación absoluta, porque es existencia pura, sin esencia. Los entes espirituales están compuestos de existencia y esencia, y dicha esencia está compuesta de forma (pero no de materia), o también, de acto y de potencia. La diferencia entre los entes espirituales y los materiales es que éstos últimos tienen en su esencia no solo acto y potencia, sino también forma y materia, y la materia por definición es corruptible, o sea, puede descomponerse o pudrirse como lo hace un árbol o un animal muerto. La corruptibilidad es la segunda limitación de los entes en general.

     Sin embargo, en el caso de los entes de género espiritual, tenemos que considerar que carecen de materia y por lo tanto es necesario cuestionarnos si también son corruptibles como los entes de género material. La Real Academia Española nos brinda varias acepciones del vocablo corromper:

     Alterar y trastrocar la forma de algo. Echar a perder, depravar, dañar, pudrir. Estragar, viciar. Oler mal.

     Según la RAE, algunos sinónimos de corromper son los siguientes: Pudrir, Descomponer, Estropear, Deteriorar, Malograr, Desintegrar, Pervertir, Seducir, Enviciar, Depravar.

     Según la RAE, corromper puede significar:

     Dañar o corromper física o moralmente.

     Pervertir (a alguien), o inducir(lo) a apartarse del comportamiento recto.

     Pudrir, o hacer que se descomponga (un cuerpo o sustancia orgánicos).

     Con base en la anterior base semántica, podemos establecer una corruptibilidad de tipo material y otra de tipo cualitativa, espiritual o ética. Los entes poseen tanto potencia como impotencia. La impotencia es la posibilidad de dejar de ser, es decir, la posibilidad de perder parte de la forma o acto (o perfeccionamiento) que posee el ente en un determinado momento. En lo concerniente a los entes de género espiritual (los seres humanos son entes mixtos, espiritual y material), la impotencia es la posibilidad de perder parte de su modesto grado de perfeccionamiento espiritual, o bien, la incapacidad de conservar su nivel actual de virtud y enviciarse debido a la avidez y al dominio tan poderoso que ejerce la personalidad egoísta (mal moral). Por lo tanto, es perfectamente factible atribuir la corrupción ética-moral a las psiques de las personas (a sus almas).

     Tenemos por un lado la corrupción o descomposición material, y en el otro, la corrupción o descomposición espiritual o moral-ética. La fruta se ha descompuesto físicamente, el alma se ha descompuesto espiritualmente (o sea, ha perdido parte de su forma, de su acto, es decir, de su grado de perfeccionamiento -SER- porque se ha enviciado).

     En su proceso de santificación o perfeccionamiento espiritual, los seres humanos y las almas separadas de sus cuerpos por la muerte (alojadas en el Estadio Existencial Carencial o EEC), deben desarrollar un proceso gradual de kénosis, el cual les permitirá obtener también gradualmente una mayor presencia de SER o de Dios. Es decir, las psiques de los humanos (mundo terrenal) y las almas (EEC) están en potencia para incrementar su grado de perfeccionamiento (de presencia de SER). Dicha cualidad (la potencia) es uno de los factores causantes de la tercera limitación de los entes materiales y espirituales: la mutabilidad (un ser al experimentar cambio se hace lo que No-Era o deja de ser lo que Era). Ejemplo: el cuerpo humano luego de morir y ser cremado, se convierte en lo que No-Era: cenizas y gases.

    Explica San Agustín de Hipona en su obra El libre albedrío: las cosas antes de ser no son, y cuando son, comienzan a No-Ser. Lo cual expresa diáfanamente ese proceso de cambio, de transformación y de indeterminación tan inherente a la naturaleza del No-Ser (que es materia o potencia), es decir, tan inherente a los entes o cosas de la realidad material-personal. Al estar las cosas o los entes sometidos a un proceso constante de cambio (la base de todo son las reacciones químicas y nucleares), adolecen de una enorme presencia de No-Ser, es decir, de indeterminación. El fenómeno de la dualidad onda-partícula, uno de los elementos más importantes de la teoría de la mecánica cuántica, es un ejemplo diáfano de dicha indeterminación (de No-Ser o privación de SER).

     A diferencia de los entes de género material, las almas son sustancias simples porque no tienen materia. Sin embargo, esta característica no las exime de las limitaciones de los entes en general que ya hemos mencionado y que son, la composición, la corruptibilidad y la mutabilidad. En este punto, es imperativo señalar y aclarar, que a diferencia del alma (psique: voluntad y mente), los bienes espirituales que hemos conocido en este curso efectivamente son incorruptibles.

     Dado que tienen una existencia distinta de su esencia, y que en dicha esencia poseen forma (acto) y potencia (pero no materia), las almas no pueden ser eternas, pero son perennes (porque son sustancias simples). La perennidad (más no la eternidad), es la cuarta limitación de los entes exclusivamente de género espiritual. En el caso de los entes materiales, además de acto y potencia, tienen forma y materia, por lo que no son perennes, sino impermanentes (la impermanencia o transitoriedad, es la cuarta limitación de los entes de género material).

     La perennidad de las almas se manifiesta en el ámbito de la verdad relativa singular, cuyo asidero es en primera instancia el Estadio Existencial Carencial (EEC), y en segunda instancia, el Estadio Existencial de Plenitud (EEP).

     Las almas son múltiples porque poseen forma (acto) y potencia. Si hay potencia es porque recibieron el ser, y así como lo recibe un alma, pueden recibirlo muchas, por eso son múltiples. Otra causa de su multiplicidad es que el proceso de purga en el EEC es muy particular para cada alma. Ni siquiera puede haber dos procesos de purga iguales en el EEC. Todos tienen características muy propias. Los entes de género material también son múltiples, porque entre un ser y otro, como por ejemplo entre un árbol y otro, se manifiesta el No-Ser árbol (un árbol No-Es el resto de los millones de árboles que existen). La multiplicidad es la quinta limitación de los entes en general.

     Finalmente, las almas son distintas, ya que cada una de ellas formó parte de un ser humano que es un ente mixto (género espiritual y material). Así como cada individuo es único, lo es también su experiencia de vida en la que su voluntad y entendimiento (psique) estuvieron inextricablemente involucrados en todas las vivencias y acaecimientos. Los entes materiales también son distintos, porque un árbol se distingue de un ave porque el árbol No-Es ave. Y la distinción es la sexta limitación de los entes en general.

     Anteriormente expresamos que los entes espirituales son perpetuos, pero no eternos. Esta condición significa que Dios les ha hecho partícipes de su SER en el ámbito de la verdad relativa singular o Estadio Existencial de Plenitud, en el cual, las almas altamente espiritualizadas y liberadas de la avidez, alcanzarán una presencia concentrada de SER o de Dios.

     El Estadio Existencial de Plenitud (EEP) en esencia es una existencia contemplativa de Dios, es un acto puro de contemplación. En el EEP, el alma dotada de la facultad del entendimiento puro, inegoísta, desapasionado, está dedicada a contemplar (desde una posición mucho más ventajosa que cuando formó parte de un ser humano) la verdad, la voluntad, el entendimiento, la determinación y la concreción absolutas y perfectas de Dios.

     Los entes espirituales tienen la capacidad (por su propia voluntad), de perfeccionarse y de incrementar la presencia de Dios, de SER (de acto, de forma), y por eso son muchísimo más perfectos que los entes de género material.

     Como Dios es SER puro e increado (y, por lo tanto, sin distinción entre existencia y esencia), en Dios no hay impermanencia, como tampoco hay pluralidad (multiplicidad) ni distinción ni cambio ni composición, atributos que como ya dejamos establecido, son propios de los entes y, por lo tanto, sólo pueden darse mediante el NO-SER. Y como en Dios no hay pluralidad ni distinción, es único en número y en esencia. Y como en ÉL no hay mutabilidad, es siempre el mismo y en consecuencia, es absolutamente incorruptible. Y como en ÉL no hay composición, es simple. Además, Dios, aparte de ser SER puro (100 % SER), es espíritu puro, y esto confirma su simplicidad (existencia pura). Y por su omnímoda simplicidad, en Dios no se puede establecer distinción entre saber, querer y hacer.

    En las almas, el acto (presencia de Ser, de Dios, de Bien, de riqueza ontológica) está limitado por su esencia (materia y forma), que es diferente de su existencia. La presencia de SER que puede albergar un alma (exclusivamente en el ámbito de la verdad relativa singular), comparada con Dios que es el SER ABSOLUTO, increado, eterno, infinito, omnisciente, omnipresente y omnipotente, no solamente es infinitesimal, sino que también es aparente y no real ni efectiva, ya que las almas se desenvuelven en ese ámbito extremadamente particular que hemos denominado “verdad relativa singular”.      En contraste, en Dios el acto es puro, ilimitado y único. No hay esencia ni potencia que pueda dividir ese acto puro, ese SER PURO, ese SER ABSOLUTO. En Dios no hay distinción entre existencia y esencia porque es increado, porque es Dios.

     ¿Cómo hace DIOS para crear o producir entes? Haciéndolos partícipes transitoriamente de su Existencia Absoluta (que es increada) pero con existencia y esencia diferentes. Dios nos brinda la dicha de ser o existir a través de la compartición de su SER ABSOLUTO única y exclusivamente en el ámbito de la verdad relativa (en el caso de los entes espirituales, su ámbito es el de la verdad relativa singular). Al hacernos partícipes o compartirnos su SER, nos está dando gratuita y bondadosamente la dicha de ser, aunque por medio de una existencia y una esencia en forma separada. Pero es que no podría ser de otra manera, ya que solo Dios, Increado, SER ABSOLUTO (cuya existencia ontológica ya hemos demostrado en algunas lecciones y secciones anteriores), posee la virtud de que su existencia y su esencia están fundidas en una sola Realidad Divina Noumenal.

     Prestemos atención a todo lo que nos diferencia de Dios, y por lo cual, tenemos una existencia distinta de nuestra esencia, y por lo cual, somos acto y potencia, forma y materia, y por lo cual, estamos expuestos al mal metafísico y a sus respectivos y derivados males físico y moral, los causantes de que nuestro mundo sea tan imperfecto, tan mediocre moral y éticamente, tan extremadamente injusto y desigual:

     A) Dios es absolutamente inmutable, inalterable, inmodificable, incorruptible, imperturbable, indivisible. Es decir, Dios es acto puro indivisible porque en Él no hay absolutamente ninguna presencia de esencia o de potencia que pueda dividir ese acto puro.

     B) Dios es concreción y determinación absolutas. Todo ente por definición adolece de un determinado grado de inconcreción e indeterminación (de No-Ser o de privación de SER).

    C) Dios es increado y es la causa del ser de todos los entes de la realidades material-personal y espiritual (que son virtualmente inexistentes o prácticamente nada), incluyendo las almas y el universo mismo.

      D) Dios es SER puro, SER ABSOLUTO, por lo tanto, no puede admitir la más mínima presencia de No-Ser, es decir, la más mínima presencia de ente alguno, lo cual incluye al universo, al género humano y a las almas separadas de sus cuerpos por la muerte. Los entes, ya sean de género material o espiritual son fundamentalmente No-Ser, y el No-Ser es causa ineficiente, es imperfección, es vicio, es defecto. Las características de los entes son todo lo contrario de las características de Dios que acabamos de enumerar. Por eso mismo, las cosas que tienen lugar en el ámbito de la verdad relativa, o en el de la verdad relativa singular (para el caso de las almas liberadas de sus cuerpos por la muerte), no tienen cabida alguna en el ámbito de la verdad absoluta, la verdad de Dios, del SER ABSOLUTO.

     No obstante, es fundamental indicar, que las almas que han alcanzado el Estadio Existencial de Plenitud poseen una presencia de SER inmensamente mayor a la que poseen las almas en el Estadio Existencial Carencial, lo cual les capacitará para contemplar desde una posición muchísimo más privilegiada y en forma perenne, la verdad, voluntad, mente, determinación y concreción absolutas y perfectas de Dios. Y el resultado final de todo esto, es experimentar en forma plena, la autorrealización y la felicidad espirituales.

      Argumento del carácter infinitesimal de la verdad relativa: Todo ente (desde un átomo, una molécula, el reino animal, el reino vegetal, el reino mineral, los demás reinos naturales que hay en la Tierra, nuestra galaxia, el universo entero incluyendo al ser humano), no es más que un ser (con minúscula) que participa de la existencia de Dios exclusivamente en el ámbito de la verdad relativa o en el de la verdad relativa singular (en el caso de las almas separadas de sus cuerpos por la muerte). Los condicionantes espacio-tiempo, forma y materia, acto y potencia, son los elementos constitutivos de la verdad relativa ordinaria y de la verdad relativa singular, aunque entre ambas, hay algunas diferencias importantes.

     Dicha participación, por lo mismo que se da en el contexto del No-Ser (o privación de SER), y en el ámbito de la verdad relativa (y en el caso específico de las almas en el ámbito de la verdad relativa singular), implica que la totalidad de los entes (inclusive el universo que es una supra entidad, así como también las almas que son entes de género espiritual), y haciendo previamente una ponderación en cuanto a presencia de SER (de Dios, de Bien, de expansión cualitativa, de riqueza ontológica), tienen que concebirse en términos de magnitudes infinitesimales en comparación con Dios, que es el SER ABSOLUTO, y que es omnisciente, omnipresente, omnipotente, increado, eterno, infinito y es en sí mismo, la verdad absoluta. Sustentados en el presente argumento, realmente no existe ninguna limitación racional, lógica, metafísica ni ontológica, para idear a Dios tan gigantesco como, por ejemplo, un trillón de trillones de trillones de trillones de universos como del que tenemos conocimiento, y a la totalidad de los entes, tanto de género material como espiritual, tan chico como la punta de un clavo.

     El SER es pureza absoluta de acto, de perfección, de concreción y de determinación.  El conjunto total de los entes -al que Dios le permite participar del SER brevemente en el orden de la verdad relativa- incluye el universo (la totalidad de la realidad material), la humanidad y sus bienes materiales-personales y las almas separadas de sus cuerpos por la muerte en el Estadio Existencial Carencial y en el Estadio Existencial de Plenitud.

     Pese a que el conjunto total de entes materiales y espirituales es virtualmente inexistente o prácticamente nada (en cuanto a presencia de SER), tienen la dicha de que Dios los ha facultado bondadosamente para participar de su SER, de su perfección absoluta. Los entes existen porque Dios ha dispuesto crearlos o generarlos brindándoles la dicha de ser a través de su SER en el ámbito de la verdad relativa. Y en lo concerniente a las almas separadas de sus cuerpos por la muerte, en el ámbito de la verdad relativa singular. Las cosas, las ideas, las creaturas (los entes en general), no son más que simples modos a través de los cuales se manifiesta o participa el SER (Dios). 

 

Un Curso de Fe Inegoísta L4, P2

 Un Curso de Fe Inegoísta

El poder ilimitado de Dios Ser Absoluto vs sufrimiento

Lección No.4

Parte No.2: Los Bienes Espirituales incorruptibles y perennes

Felicidad vs Santidad


Contamos con tres criterios para determinar que los bienes materiales-personales son virtualmente inexistentes o prácticamente nada. Revisemos cuales son esos criterios: 1. El elemento espacial-temporal: 93 mil millones de años luz de extensión del universo conocido (viajando a 300 mil kilómetros por segundo durante 93 mil millones de años) y su edad de 14 mil millones de años, comparados con el patrimonio y la vida de una persona que tenga una duración de 85 años. La naturaleza del átomo (el 99.99 % del espacio que hay en un átomo es espacio vacío, por lo tanto, la noción de la realidad sólida es una mera ilusión). 3.El argumento de la causa primera del ser de todos los entes (que explicamos en la anterior parte No.1 de la presente lección 4).

Estos tres criterios constituyen una base sólida (los primeros dos poseen un riguroso sustento científico y el tercero un basamento filosófico/ontológico), que nos permite corroborar de manera contundente la validez de uno de los principios fundamentales de la Filosofía Perenne, del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta: el carácter ilusorio, engañoso y semejante a un espejismo que tiene la realidad material que perciben nuestros sentidos. Dicha realidad está conformada por los bienes materiales-personales, que desafortunadamente poseen una categoría de omnipresencia y, además, son detentores de una importancia capital en nuestra vida mundana-cotidiana. Tales bienes, a pesar de hemos establecido perfectamente que son virtualmente inexistentes o prácticamente nada, y que no pasan de ser un mero espejismo, constituyen en gran medida, lo que comúnmente denominamos “felicidad”.

Una consecuencia muy lamentable del dominio que ejerce el ensimismado yo en la inmensa mayoría de humanidad pasada, presente y futura (incluimos aquí la parte de la humanidad practicante de las religiones, cultos, credos, dogmas), ha sido el típico error de asociar el concepto de felicidad con la posesión de cosas, o lo que es lo mismo, asociarlo a los apegos no solo con el yo inferior de nuestros seres amados y congéneres (es decir, sus personalidades egoístas), sino también, con los bienes materiales-personales en general, con los deseos, las pasiones y la vanidad, cuando lo correcto y virtuoso, sería asociarlo a la libertad en relación esas cosas. En términos de Filosofía Perenne y de Espiritualismo Ontológico, la felicidad auténtica no es dependencia con las cosas que nos rodean, sino, todo lo opuesto: independencia en relación con todo aquello que compone el mundo de los entes o, el mundo de ilusión e ignorancia.

Quien mira hacia afuera sueña, quien mira hacia adentro, despierta. Jung

  


El concepto de felicidad es una creación de nuestro ensimismado yo (nuestra personalidad egoísta), mediante el cual, expresa abiertamente su naturaleza ávida, la cual, es extremadamente evidente a través de la gran dependencia con los apegos, los deleites, los deseos, las pasiones y las emociones. En contraste, nuestro espiritual yo inegoísta (el yo Superior o yo Espiritual), prescinde radicalmente de ese tipo de conceptos o de realidades, porque su esencia misma es la independencia en relación con todo tipo de condicionamientos. Ningún elemento del mundo de ilusión e ignorancia puede condicionar nuestro espiritual yo inegoísta (el Yo Superior o yo Espiritual) porque está iluminado por la gracia (es decir, porque posee una presencia concentrada de SER, de Dios, de Bien, de expansión cualitativa, de enriquecimiento ontológico).

Dado que el fenómeno de la felicidad desempeña un papel trascendental en la psique humana (específicamente en la personalidad egoísta, que corresponde a la parte defectuosa o viciosa de la psique), resulta muy conveniente para efectos pedagógicos (de la doctrina del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta), utilizar un concepto equivalente para referirnos al opuesto (al némesis) de la felicidad material-personal: la felicidad espiritual.

Veamos seguidamente las diferencias entre una y otra:

La felicidad ordinaria, vulgar, condicionada, es aquella sustentada en el mundo de ilusión e ignorancia y su conjunto de bienes materiales-personales de naturaleza fugaz, transitoria, frágil, insignificante, fútil, impermanente, corruptible y mutable, es decir, de naturaleza extremadamente imperfecta: 99.99999 % de NO-SER o de PRIVACIÓN DE SER, y por lo tanto, virtualmente inexistente o prácticamente nada.

Debemos entender la felicidad espiritual, como una libertad sustancial e ilimitada en relación con todos los elementos superficiales (materiales-personales) del mundo de ilusión e ignorancia del gran rebaño de ovejas domesticadas (mediática, cultural y dogmáticamente). Dicha libertad, nos brinda un maravilloso bienestar que no depende de ningún apego, que no está condicionado a la posesión de un determinado bien material o personal, sino, que es un bienestar que se deriva de la contemplación mística de la Realidad Divina Noumenal, que nos conduce a un estado de total comunión con nuestro yo interior, nuestro espiritual yo-inegoísta, lo que incrementa la presencia de SER en nuestra psique y la probabilidad de ser causa eficiente para contribuir de alguna manera y en algún grado, a dar el SER a nuestros seres amados y congéneres. En síntesis, ¡la autorrealización espiritual plena!

La felicidad o autorrealización espiritual, virtuosa, está sustentada en los siguientes bienes espirituales que necesariamente tienen que ser permanentes e incorruptibles:

1-La Contemplación Mística y el Estadio Existencial de Plenitud, a través de la práctica implacable de los valores del Espiritualismo Ontológico que nombramos y explicamos en las primeras dos lecciones del presente curso de Fe Inegoísta y que es oportuno volver a citar: santa indiferencia, desprendimiento, abnegación, resiliencia espiritual, recogimiento, anonadamiento y enajenación en Dios, conformidad, pobreza y sufrimiento afectivos.

2-La Ley Eterna (amar las cosas ordenadamente conforme su grado de perfeccionamiento espiritual, y no preferir lo material a lo espiritual, ni lo efímero a lo eterno, ni lo cómodo y placentero a lo virtuoso).

3-Los méritos y la autorrealización (espirituales), derivados de la ejecución óptima, sistemática, consagrada, abnegada y como un culto a Dios de dicha ley. 

4-La libertad derivada del dominio sobre nosotros mismos (dominio sobre los deleites, apegos, deseos y pasiones de nuestro ensimismado yo); la voluntad clarificada/espiritual, el recto camino de las virtudes, nuestros actos moralmente buenos.

5-Las normas, ejercicios y oraciones del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta. La meditación trascendental.

Nota: En relación con este quinto bien, la mayor parte de las normas, ejercicios y oraciones las podremos conocer a medida que avancemos en el presente curso de Fe Inegoísta.

6-El emprendimiento espiritual para convertirnos en practicantes del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta de clase mundial, es decir, para convertirnos en personas gobernadas por nuestro espiritual yo inegoísta o Yo Superior.

Nota: Ya lo hemos explicado anteriormente, pero es oportuno recordar, que el emprendimiento espiritual está compuesto por las obras, la devoción y el conocimiento de la filosofía perenne y de la doctrina del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta.

7. Percibir y experimentar el amor del sufrimiento en todo su esplendor, en toda su inmensa magnitud. Vivir muerto en el mundo del No-Ser, morir para mi ensimismado yo.

Nota: En el contexto de la teología, el concepto del amor del sufrimiento tiene la siguiente connotación que he extraído de la IA de Google y que está complementada, con algunas ideas del autor de este curso: En la teología cristiana, el "amor al sufrimiento" NO ES masoquismo, sino la aceptación voluntaria del dolor por amor a Dios y al prójimo. Es decir, todo lo que hacemos, experimentamos y sufrimos (excepto el vicio, el pecado), tenemos que consagrarlo a Dios, como vía de expiación y salvación (o como medio para purgar nuestra psique de la personalidad egoísta). El amor verdadero es "sufrido", lo que significa que renuncia al egoísmo y se somete alegremente a la voluntad divina. El amor del sufrimiento es un medio para superar el egoísmo, fortalecer la fe y recordar que la meta es la vida eterna, transformando el dolor en una forma de amor puro. De todo esto, se deduce que la teología le atribuye un sentido sobrenatural a la adversidad.

En el marco de la doctrina del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, el amor del sufrimiento está entrañablemente unido con el concepto del Agradecimiento de Fe Inegoísta, que conocimos y explicamos en la Parte 1 de la Lección 3. El mal metafísico y sus respectivos y derivados males físico y moral (los sufrimiento en general), se expresan a través de situaciones de sufrimiento resilientes (SSR) que tienen un determinado grado de dificultad para ser aprovechadas a través del método de la resiliencia espiritual y también, a través de todos los ejercicios que proporciona la doctrina espiritualista ontológica. Cada situación perjudicial que sea aprovechada correctamente de acuerdo con la doctrina tendrá el efecto de incrementar la presencia de SER, de Dios, de enriquecimiento ontológico, de expansión cualitativa, en nuestras psiques. Sin SSR aprovechadas para generar méritos y autorrealización espirituales, no hay incremento de SER, que es el elemento estratégico para tener éxito en nuestra supervivencia espiritual en el Estadio Existencial Carencial. En síntesis, el sufrimiento nos ama indirectamente, al estimular nuestra voluntad y entendimiento no solo para sobreponernos a cualquier SSR, sino, además -y lo más importante- para utilizarla como medio de santificación (generación de méritos y autorrealización).

8. El recurso ontológico de la comparación (en cuanto a presencia de SER), entre Dios (SER ABSOLUTO) y el conjunto total de entes espirituales y materiales intuidos o conocidos. Dicho conjunto incluye: el universo, la humanidad pasada, presente y futura, las almas separadas de sus cuerpos por la muerte en el Estadio Existencial Carencial y en el Estadio Existencial de Plenitud. El argumento de la comparación asigna valores cuantitativos a realidades de carácter cualitativo para disponer de valores numéricos medibles y sujetos a comparación. De acuerdo con la doctrina del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, el resultado de la anterior comparación entre Dios y el conjunto total de entes, es equivalente a poner un trillón de universos como el que conocemos, a la par de 100 átomos de carbono respectivamente. Lo anterior significa que el conjunto total de entes espirituales y materiales intuidos o conocidos, comparado con la perfección ontológica de Dios, es virtualmente inexistente o prácticamente nada. Dicho de una forma estrictamente filosófica, el conjunto total de entes espirituales y materiales tiene una privación de SER (es decir, de No-SER) de un 99.9 %. Recordemos que el SER es Dios, Bien, causa eficiente, expansión cualitativa, enriquecimiento ontológico.

La persona que ha elegido dar énfasis a su felicidad espiritual en perjuicio de su felicidad material-personal (sí, desafortunadamente son excluyentes), es aquella que practica un modelo de vida caracterizado por la práctica irrenunciable de los valores espirituales (que ya nombramos al hacer mención del primer bien espiritual). Para los ojos del inmenso rebaño de ovejas domesticadas, la vida de un espiritualista ontológico y practicante de la Fe Inegoísta (persona que han comprometido sus vida con la felicidad espiritual, con el enriquecimiento ontológico) podría parecer -externamente- muy rutinaria, ordinaria, austera y apática y además, carente de deleites, apegos, deseos y pasiones. Es decir, una vida insípida y anodina. Pero lo que ignoran, es que dentro de esa persona (en la parte virtuosa de su psique) se desarrolla una actividad en extremo dinámica y gratificante, relativa a su superación ascética-espiritual y al desarrollo de su espiritual yo inegoísta. Dicha actividad dinámica y gratificante, hace del espiritualista ontológico el aventurero y explorador más grande de todos los tiempos, el conquistador más ambicioso y exitoso de la historia y la de la persona más rica y exitosa del mundo, llena de bienes espirituales y de contemplación. Porque es muchísimo más desafiante y enriquecedor aprender a vivir sin deseos y sin pasiones, que vivir sometido y condicionado por ellos.

La santa indiferencia y la abnegación implican que ni el bien ni el mal deben perturbar mi economía interna.

                                                                                                   Aldous Huxley, La Filosofía Perenne

 

Los bienes espirituales (permanentes e incorruptibles), determinan el grado de riqueza espiritual de una persona. Y lógicamente, los bienes materiales-personales determinan su grado de riqueza material-personal.

"Para alguien que aspira a ser un espiritualista ontológico de clase mundial (y que por lo tanto, ejercita su voluntad misericordiosa/transigente, y su entendimiento puro, inegoísta, ascético, abnegado y resiliente), su grado de riqueza espiritual es inversamente proporcional a su grado de riqueza material-personal (bienes materiales-personales)".

El anterior aforismo no significa que una persona necesariamente tenga que desprenderse abruptamente de la mayoría de sus bienes materiales-personales y vivir en un entorno económico relativamente precario, con tal de disfrutar de una gran riqueza espiritual.  No es tan simple y frívolo como emprender automáticamente un cambio radical de modelo de vida. El sentido correcto de su connotación es que el individuo debe poseer la capacidad de asumir con entusiasmo, alegría y convicción, el desafío de liberarse de la mayor cantidad posible de sus apegos con dichos bienes exteriores, de tal forma que resulte evidente que los mismos ya no son condicionamientos determinantes para que pueda encontrar un sentido profundo a su vida. Y para aceptar dicho desafío en forma entusiasta, voluntaria y comprometida, es necesario que la persona conozca y experimente un gran amor a la Ley Eterna y la convierta en el pilar básico de su vida, de su desenvolvimiento y de sus acciones. También es imprescindible que el individuo desarrolle la vocación de servicio y adoración a Dios, en el sentido de renunciar a su voluntad obstinada con los deleites, apegos, deseos y pasiones (es decir, renunciar a la avidez), en función de servir eficientemente a Dios y a sus congéneres (en nomenclatura ontológica, ser causa eficiente para contribuir de alguna manera y en algún grado, a dar el ser a sus seres amados y semejantes).

La Ley Eterna y la vocación de servicio y adoración, tendrán la virtud de hacer que la ruptura con el modelo de vida dominado por los apegos con los bienes materiales-personales (es decir, los bienes exteriores), no representará para la persona (para el emprendedor espiritual), un mero sacrificio y un ejercicio doloroso de renunciación auto impuesto, sino todo lo contrario, un ejercicio voluntario y entusiasta de amor, de desprendimiento y de consagración, que lo conducirá a una vida llena de sentido, de propósito, de contemplación y de autorrealización espiritual (en el Estadio Existencial de Plenitud). Es decir, lo conducirán a una vida plena de riqueza espiritual, y lo que es equivalente, a una vida llena de felicidad espiritual.  

La vida no es un fin en sí misma para establecer apegos con los bienes materiales-personales, sino todo lo contrario, un medio para llenar nuestra psique de SER, es decir, de Dios, de Bien, de expansión cualitativa, y a través de la ejecución óptima, sistemática, consagrada, abnegada y como un culto a Dios de nuestro deber supremo: la Ley Eterna y los valores del Espiritualismo Ontológico.

El propósito de Dios para nosotros no es la felicidad, sino la santidad. L. Ravenhill