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Un Curso de Fe Inegoísta L4, P3

Un Curso de Fe Inegoísta

El poder ilimitado de Dios SER ABSOLUTO vs sufrimiento

Lección No.4

Lección No.3 El SER ABSOLUTO y la Privación de SER Absoluto, la creción o generación de todos los entes

(El modelo panteísta y ontológico de la creación de la realidad espiritual y material)

        La fe inegoísta y la fe religiosa-convencional son radicalmente diferentes: Los estimables y pacientes lectores de este curso de Fe Inegoísta, muy posiblemente han notado a esta altura del curso, la abundante base filosófica occidental, escolástica, patrística y esotérica que dan sustento al mismo. Y más específicamente dentro del componente filosófico occidental, se encuentra el conocimiento ontológico y metafísico. Además, en lo relativo al esoterismo, podemos apreciar la presencia de principios de la filosofía oriental. Todo ello conforma un sincretismo que reúne lo mejor de los dos mundos: la sabiduría occidental y la oriental.

     La palabra fe tienen muchos sinónimos. Algunos soy pertinentes en este punto de nuestro análisis: certidumbre, convicción, convencimiento y dogma. La fe religiosa-convencional parte, primero que nada, de un dogma. En el caso de las diferentes religiones cristianas, inicia con la existencia de la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo). Y a partir de ese dogma, continúa con la certeza y el convencimiento de que Dios actúa en nuestro auxilio o en nuestro provecho porque es compasivo y porque es correspondiente con nuestra fe.

     Por su parte, la fe inegoísta inicia su propuesta con algo más que fundamental: la demostración filosófica (ontológica) de la existencia de Dios y de la naturaleza espiritual de la psique o del alma. Luego, haciendo uso de conceptos fundamentales de la ontología, nos presenta la ley de la causa eficiente, según la cual, a mayor presencia de SER, de Dios en nuestras psiques, mayores serán nuestras probabilidades de librarnos de las causas deficientes o perjudiciales productoras de No-Ser (de sufrimiento, dolor, perjuicio). Algunos de dichos conceptos fundamentales, son los siguientes: el SER ABSOLUTO, Dios increado, los seres o entes que participan de ese SER en forma transitoria, privación de SER o No-Ser, y el enunciado de que las cosas, ideas, creaturas (los entes en general), no son más que simples modos a través de los cuales se manifiesta o participa el SER (Dios). 

     De acuerdo con la la fe inegoísta, la la ley de la causa eficiente es una ley típica de causa-efecto, acción-reacción, similar en cuanto a su lógica a la ley budista del karma, aunque ambas leyes son muy diferentes en cuanto a su base racional filosófica y su propuesta teleológica. Ahora bien, el gran problema para el practicante de la fe inegoísta es lograr el incremento de la presencia de SER, que es una labor muy difícil y sacrificada. Afortunadamente, la doctrina del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, le proporciona a toda aquella persona que se tome el tiempo y la molestia de estudiarla, el conocimiento y entusiasmo necesarios para hacerlo.

     En el marco de la Fe Inegoísta, prescindimos de los dogmas y del Dios con forma de trinidad que acudirá a nosotros por el simple hecho de que consideramos que somos merecedores de su compasión.  En su lugar, nos comprometemos con un modelo de vida regido por el Espiritualismo Ontológico y la Fe Inegoísta que nos permitirá progresar diariamente en el plano espiritual, es decir, que nos permitirá incrementar permanentemente la presencia de SER (de Dios, de Bien, de expansión cualitativa, de riqueza ontológica) en nuestra psique, lo cual es imprescindible para contar con un mayor favorecimiento de la ley de la causa eficiente.

     SER ABSOLUTO, privación de SER y los entes: Dios es el SER. El SER se percibe por la razón, no por los sentidos. Si prescindimos por abstracción mental de todas las determinaciones (esencia) que distinguen un ser de otro, nos quedamos con el concepto puro del SER.  El SER es lo que hace que las cosas sean. No vemos ni entendemos el SER, pero sabemos distinguir lo que es de lo que no es. Dios es el SER (el SER ABSOLUTO), porque es la fuente del ser de todas las cosas. Pero Dios no es el “logos” o la idea pura del SER, sino que es el “ontos” o lo que corresponde en la realidad, al concepto del SER (y el ontos evidentemente es una realidad de orden cualitativo). Y es que en la realidad algo tiene que corresponder al concepto del SER, porque de lo contrario tendríamos que decir que nada existe, lo cual sería absurdo.

     Dios decidió crear. Pero no podía crear dioses, porque lo más característico de Dios es que no es creado. Y al ser increado, es eterno. Dios trasciende el tiempo y el espacio, variables que definen la realidad del ámbito de la verdad relativa, y, por lo tanto, también es infinito. Si bien es cierto que Dios no puede crear otro dios u otros dioses, también es acertado indicar que Dios puede crear o generar una cantidad ilimitada de cosas o seres que en términos ontológicos denominamos entes.

     Los seres o más correctamente los entes creados o generados por Dios, tenían que ser necesariamente limitados en el tiempo y en el SER, porque son múltiples, distintos, mutables y compuestos (es decir, encierran composición). Y esas propiedades (multiplicidad, distinción, mutabilidad y composición) son propiedad exclusiva del NO-SER. Y el No-Ser es todo lo opuesto de Dios, que es el SER PURO, ABSOLUTO.

     Para entender el concepto de NO-SER (o de Privación de SER), es imperativo tener claro que el universo es obra de Dios. En él se manifiestan su poder, su sabiduría y, sobre todo, su bondad. Todo lo que procede de Dios es SER, o es BIEN, aunque todas las cosas creadas incluyan un altísimo grado de imperfección o de No-Ser (Privación de SER). En el caso de los seres humanos, la inevitable imperfección de sus actos es la causa de la mayoría de los males, perjuicios y sufrimientos. Dicha imperfección proviene del mal metafísico y más específicamente, del mal moral.

     Las cosas del mundo son más perfectas en la medida en que tengan más SER (Bien, riqueza ontológica, expansión cualitativa) y estén, por eso mismo, más cerca de Dios. El NO-SER inherente a cada ente constitutivo del universo (desde las partículas más diminutas y elementales de la materia como los electrones, ascendiendo en tamaño y complejidad hasta las células, el ser humano y los astros), al ser el causante de la multiplicidad, la distinción, el cambio (mutabilidad) y la composición, está haciendo posible la existencia del mismo cosmos y contribuye con la belleza de toda la naturaleza.

     Definición de ente de género material: Es todo aquel objeto o cosa dotada o compuesta de esencia y existencia, de acto y potencia, de forma y materia, a la que Dios le ha permitido participar de su SER exclusivamente en el ámbito de la verdad relativa (que es el ámbito condicionado por el tiempo y el espacio), por lo que existe transitoriamente (inclusive el universo mismo). En su inmensa mayor parte, es privación de SER (o No-Ser), o sea, imperfección, indeterminación, inconcreción.

     Definición de ente de género espiritual: Hay dos tipos de entes espirituales, las almas y los bienes espirituales, tales como la contemplación, el Estadio Existencial de Plenitud, la Ley Eterna, la autorrealización espiritual, la libertad derivada del dominio sobre sí mismo, la voluntad transigente y misericordiosa, el recto camino de las virtudes, los actos moralmente buenos, el conocimiento de la sabiduría universal, de los valores espirituales y de la virtual inexistencia de los entes. Todos los anteriores tipos de bienes espirituales incrementan la magnitud de SER en nuestra psique u organismo sobrenatural.

     Un principio básico de carácter ontológico es que el SER (Dios), es único e inmutable, mientras que los entes son múltiples y en continuo cambio. El SER es total y absoluta determinación (el ontos). El ente no es ni nada ni todo, es algo. Todo lo que es algo, es ente. Todas las cosas que de alguna manera participan del SER, son entes. Tanto los entes materiales como los espirituales son imperfectos, pues recibieron la existencia de Dios (en el ámbito de la verdad relativa exclusivamente). Por lo tanto, tienen una existencia distinta de su esencia y una gigantesca privación de SER o presencia de No Ser, es decir, de imperfección, de indeterminación, de inconcreción. Por esa razón existe el Estadio Existencial de Carencial, en el cual las almas separadas de sus cuerpos por la muerte tendrán que purgarse de su enorme dependencia con la avidez, es decir, tendrán que lograr un alto grado de perfeccionamiento espiritual o de santidad, de autodominio (tendrán que incrementar la presencia de SER, de Dios, de Bien, de expansión cualitativa, de riqueza ontológica).

     Las almas, en su condición de entes han recibido la dicha de ser (de existir) a través del SER de Dios y, por lo tanto, tienen una existencia distinta de su esencia. Y dicha esencia está conformada por la forma (que es acto, y el acto es perfección) y por la potencia (pero no por la materia, que es exclusiva de los entes materiales).

     La potencia es inherente a todo cuanto ha recibido la existencia, es decir, inherente a todos los entes, a todo aquello que, a diferencia de Dios, tiene una esencia distinta de su existencia y que por lo tanto es imperfecto. Y los entes espirituales tales como las almas separadas de sus cuerpos por la muerte, a diferencia de los entes materiales, en virtud de su voluntad (misericordiosa y transigente) y de su entendimiento (puro, inegoísta, ascético, abnegado y resiliente) tienen la capacidad o están en potencia para incrementar la presencia de SER, de Dios, de Bien, de causa eficiente en su psique u organismo sobrenatural. O lo que es equivalente, las almas están en potencia de incrementar y de perfeccionar su santidad y su desempeño ético, no solo durante su vida terrenal, sino también, en los estadios posteriores de evolución, como son el Estadio Existencial Carencial y el Estadio Existencial de Plenitud.

     El ser es acto, la posibilidad de ser es potencia. Dios es acto puro (perfección), con una ausencia absoluta de potencia. Por eso Dios es concreción y determinación absolutas, Ser Puro. La posibilidad de dejar de ser es impotencia (No-Ser). Toda potencialidad supone algún acto. Los entes en general son al mismo tiempo acto y potencia -dada su imperfección-. Y como consecuencia de ello, son contingentes (o inciertos). Tanto el acto como la potencia son extremadamente limitados en los entes contingentes, por lo tanto, la presencia de No-Ser (o la privación de SER) en los entes contingentes es inmensamente mayoritaria. Lo mismo sucede con la presencia de impotencia.

     Todos los anteriores argumentos ontológicos nos permiten demostrar la primera limitación de los entes tanto materiales como espirituales: la composición, y la composición es indeterminación, porque cada uno de los componentes del ente no es el resto de los componentes, lo que implica que hay una gran presencia de No-Ser en el ente. En los seres materiales, una parte No-Es la otra parte (el pétalo No-Es el tallo, por ejemplo). En cambio, Dios es determinación absoluta, porque es existencia pura, sin esencia. Los entes espirituales están compuestos de existencia y esencia, y dicha esencia está compuesta de forma (pero no de materia), o también, de acto y de potencia. La diferencia entre los entes espirituales y los materiales es que éstos últimos tienen en su esencia no solo acto y potencia, sino también forma y materia, y la materia por definición es corruptible, o sea, puede descomponerse o pudrirse como lo hace un árbol o un animal muerto. La corruptibilidad es la segunda limitación de los entes en general.

     Sin embargo, en el caso de los entes de género espiritual, tenemos que considerar que carecen de materia y por lo tanto es necesario cuestionarnos si también son corruptibles como los entes de género material. La Real Academia Española nos brinda varias acepciones del vocablo corromper:

     Alterar y trastrocar la forma de algo. Echar a perder, depravar, dañar, pudrir. Estragar, viciar. Oler mal.

     Según la RAE, algunos sinónimos de corromper son los siguientes: Pudrir, Descomponer, Estropear, Deteriorar, Malograr, Desintegrar, Pervertir, Seducir, Enviciar, Depravar.

     Según la RAE, corromper puede significar:

     Dañar o corromper física o moralmente.

     Pervertir (a alguien), o inducir(lo) a apartarse del comportamiento recto.

     Pudrir, o hacer que se descomponga (un cuerpo o sustancia orgánicos).

     Con base en la anterior base semántica, podemos establecer una corruptibilidad de tipo material y otra de tipo cualitativa, espiritual o ética. Los entes poseen tanto potencia como impotencia. La impotencia es la posibilidad de dejar de ser, es decir, la posibilidad de perder parte de la forma o acto (o perfeccionamiento) que posee el ente en un determinado momento. En lo concerniente a los entes de género espiritual (los seres humanos son entes mixtos, espiritual y material), la impotencia es la posibilidad de perder parte de su modesto grado de perfeccionamiento espiritual, o bien, la incapacidad de conservar su nivel actual de virtud y enviciarse debido a la avidez y al dominio tan poderoso que ejerce la personalidad egoísta (mal moral). Por lo tanto, es perfectamente factible atribuir la corrupción ética-moral a las psiques de las personas (a sus almas).

     Tenemos por un lado la corrupción o descomposición material, y en el otro, la corrupción o descomposición espiritual o moral-ética. La fruta se ha descompuesto físicamente, el alma se ha descompuesto espiritualmente (o sea, ha perdido parte de su forma, de su acto, es decir, de su grado de perfeccionamiento -SER- porque se ha enviciado).

     En su proceso de santificación o perfeccionamiento espiritual, los seres humanos y las almas separadas de sus cuerpos por la muerte (alojadas en el Estadio Existencial Carencial o EEC), deben desarrollar un proceso gradual de kénosis, el cual les permitirá obtener también gradualmente una mayor presencia de SER o de Dios. Es decir, las psiques de los humanos (mundo terrenal) y las almas (EEC) están en potencia para incrementar su grado de perfeccionamiento (de presencia de SER). Dicha cualidad (la potencia) es uno de los factores causantes de la tercera limitación de los entes materiales y espirituales: la mutabilidad (un ser al experimentar cambio se hace lo que No-Era o deja de ser lo que Era). Ejemplo: el cuerpo humano luego de morir y ser cremado, se convierte en lo que No-Era: cenizas y gases.

    Explica San Agustín de Hipona en su obra El libre albedrío: las cosas antes de ser no son, y cuando son, comienzan a No-Ser. Lo cual expresa diáfanamente ese proceso de cambio, de transformación y de indeterminación tan inherente a la naturaleza del No-Ser (que es materia o potencia), es decir, tan inherente a los entes o cosas de la realidad material-personal. Al estar las cosas o los entes sometidos a un proceso constante de cambio (la base de todo son las reacciones químicas y nucleares), adolecen de una enorme presencia de No-Ser, es decir, de indeterminación. El fenómeno de la dualidad onda-partícula, uno de los elementos más importantes de la teoría de la mecánica cuántica, es un ejemplo diáfano de dicha indeterminación (de No-Ser o privación de SER).

     A diferencia de los entes de género material, las almas son sustancias simples porque no tienen materia. Sin embargo, esta característica no las exime de las limitaciones de los entes en general que ya hemos mencionado y que son, la composición, la corruptibilidad y la mutabilidad. En este punto, es imperativo señalar y aclarar, que a diferencia del alma (psique: voluntad y mente), los bienes espirituales que hemos conocido en este curso efectivamente son incorruptibles.

     Dado que tienen una existencia distinta de su esencia, y que en dicha esencia poseen forma (acto) y potencia (pero no materia), las almas no pueden ser eternas, pero son perennes (porque son sustancias simples). La perennidad (más no la eternidad), es la cuarta limitación de los entes exclusivamente de género espiritual. En el caso de los entes materiales, además de acto y potencia, tienen forma y materia, por lo que no son perennes, sino impermanentes (la impermanencia o transitoriedad, es la cuarta limitación de los entes de género material).

     La perennidad de las almas se manifiesta en el ámbito de la verdad relativa singular, cuyo asidero es en primera instancia el Estadio Existencial Carencial (EEC), y en segunda instancia, el Estadio Existencial de Plenitud (EEP).

     Las almas son múltiples porque poseen forma (acto) y potencia. Si hay potencia es porque recibieron el ser, y así como lo recibe un alma, pueden recibirlo muchas, por eso son múltiples. Otra causa de su multiplicidad es que el proceso de purga en el EEC es muy particular para cada alma. Ni siquiera puede haber dos procesos de purga iguales en el EEC. Todos tienen características muy propias. Los entes de género material también son múltiples, porque entre un ser y otro, como por ejemplo entre un árbol y otro, se manifiesta el No-Ser árbol (un árbol No-Es el resto de los millones de árboles que existen). La multiplicidad es la quinta limitación de los entes en general.

     Finalmente, las almas son distintas, ya que cada una de ellas formó parte de un ser humano que es un ente mixto (género espiritual y material). Así como cada individuo es único, lo es también su experiencia de vida en la que su voluntad y entendimiento (psique) estuvieron inextricablemente involucrados en todas las vivencias y acaecimientos. Los entes materiales también son distintos, porque un árbol se distingue de un ave porque el árbol No-Es ave. Y la distinción es la sexta limitación de los entes en general.

     Anteriormente expresamos que los entes espirituales son perpetuos, pero no eternos. Esta condición significa que Dios les ha hecho partícipes de su SER en el ámbito de la verdad relativa singular o Estadio Existencial de Plenitud, en el cual, las almas altamente espiritualizadas y liberadas de la avidez, alcanzarán una presencia concentrada de SER o de Dios.

     El Estadio Existencial de Plenitud (EEP) en esencia es una existencia contemplativa de Dios, es un acto puro de contemplación. En el EEP, el alma dotada de la facultad del entendimiento puro, inegoísta, desapasionado, está dedicada a contemplar (desde una posición mucho más ventajosa que cuando formó parte de un ser humano) la verdad, la voluntad, el entendimiento, la determinación y la concreción absolutas y perfectas de Dios.

     Los entes espirituales tienen la capacidad (por su propia voluntad), de perfeccionarse y de incrementar la presencia de Dios, de SER (de acto, de forma), y por eso son muchísimo más perfectos que los entes de género material.

     Como Dios es SER puro e increado (y, por lo tanto, sin distinción entre existencia y esencia), en Dios no hay impermanencia, como tampoco hay pluralidad (multiplicidad) ni distinción ni cambio ni composición, atributos que como ya dejamos establecido, son propios de los entes y, por lo tanto, sólo pueden darse mediante el NO-SER. Y como en Dios no hay pluralidad ni distinción, es único en número y en esencia. Y como en ÉL no hay mutabilidad, es siempre el mismo y en consecuencia, es absolutamente incorruptible. Y como en ÉL no hay composición, es simple. Además, Dios, aparte de ser SER puro (100 % SER), es espíritu puro, y esto confirma su simplicidad (existencia pura). Y por su omnímoda simplicidad, en Dios no se puede establecer distinción entre saber, querer y hacer.

    En las almas, el acto (presencia de Ser, de Dios, de Bien, de riqueza ontológica) está limitado por su esencia (materia y forma), que es diferente de su existencia. La presencia de SER que puede albergar un alma (exclusivamente en el ámbito de la verdad relativa singular), comparada con Dios que es el SER ABSOLUTO, increado, eterno, infinito, omnisciente, omnipresente y omnipotente, no solamente es infinitesimal, sino que también es aparente y no real ni efectiva, ya que las almas se desenvuelven en ese ámbito extremadamente particular que hemos denominado “verdad relativa singular”.      En contraste, en Dios el acto es puro, ilimitado y único. No hay esencia ni potencia que pueda dividir ese acto puro, ese SER PURO, ese SER ABSOLUTO. En Dios no hay distinción entre existencia y esencia porque es increado, porque es Dios.

     ¿Cómo hace DIOS para crear o producir entes? Haciéndolos partícipes transitoriamente de su Existencia Absoluta (que es increada) pero con existencia y esencia diferentes. Dios nos brinda la dicha de ser o existir a través de la compartición de su SER ABSOLUTO única y exclusivamente en el ámbito de la verdad relativa (en el caso de los entes espirituales, su ámbito es el de la verdad relativa singular). Al hacernos partícipes o compartirnos su SER, nos está dando gratuita y bondadosamente la dicha de ser, aunque por medio de una existencia y una esencia en forma separada. Pero es que no podría ser de otra manera, ya que solo Dios, Increado, SER ABSOLUTO (cuya existencia ontológica ya hemos demostrado en algunas lecciones y secciones anteriores), posee la virtud de que su existencia y su esencia están fundidas en una sola Realidad Divina Noumenal.

     Prestemos atención a todo lo que nos diferencia de Dios, y por lo cual, tenemos una existencia distinta de nuestra esencia, y por lo cual, somos acto y potencia, forma y materia, y por lo cual, estamos expuestos al mal metafísico y a sus respectivos y derivados males físico y moral, los causantes de que nuestro mundo sea tan imperfecto, tan mediocre moral y éticamente, tan extremadamente injusto y desigual:

     A) Dios es absolutamente inmutable, inalterable, inmodificable, incorruptible, imperturbable, indivisible. Es decir, Dios es acto puro indivisible porque en Él no hay absolutamente ninguna presencia de esencia o de potencia que pueda dividir ese acto puro.

     B) Dios es concreción y determinación absolutas. Todo ente por definición adolece de un determinado grado de inconcreción e indeterminación (de No-Ser o de privación de SER).

    C) Dios es increado y es la causa del ser de todos los entes de la realidades material-personal y espiritual (que son virtualmente inexistentes o prácticamente nada), incluyendo las almas y el universo mismo.

      D) Dios es SER puro, SER ABSOLUTO, por lo tanto, no puede admitir la más mínima presencia de No-Ser, es decir, la más mínima presencia de ente alguno, lo cual incluye al universo, al género humano y a las almas separadas de sus cuerpos por la muerte. Los entes, ya sean de género material o espiritual son fundamentalmente No-Ser, y el No-Ser es causa ineficiente, es imperfección, es vicio, es defecto. Las características de los entes son todo lo contrario de las características de Dios que acabamos de enumerar. Por eso mismo, las cosas que tienen lugar en el ámbito de la verdad relativa, o en el de la verdad relativa singular (para el caso de las almas liberadas de sus cuerpos por la muerte), no tienen cabida alguna en el ámbito de la verdad absoluta, la verdad de Dios, del SER ABSOLUTO.

     No obstante, es fundamental indicar, que las almas que han alcanzado el Estadio Existencial de Plenitud poseen una presencia de SER inmensamente mayor a la que poseen las almas en el Estadio Existencial Carencial, lo cual les capacitará para contemplar desde una posición muchísimo más privilegiada y en forma perenne, la verdad, voluntad, mente, determinación y concreción absolutas y perfectas de Dios. Y el resultado final de todo esto, es experimentar en forma plena, la autorrealización y la felicidad espirituales.

      Argumento del carácter infinitesimal de la verdad relativa: Todo ente (desde un átomo, una molécula, el reino animal, el reino vegetal, el reino mineral, los demás reinos naturales que hay en la Tierra, nuestra galaxia, el universo entero incluyendo al ser humano), no es más que un ser (con minúscula) que participa de la existencia de Dios exclusivamente en el ámbito de la verdad relativa o en el de la verdad relativa singular (en el caso de las almas separadas de sus cuerpos por la muerte). Los condicionantes espacio-tiempo, forma y materia, acto y potencia, son los elementos constitutivos de la verdad relativa ordinaria y de la verdad relativa singular, aunque entre ambas, hay algunas diferencias importantes.

     Dicha participación, por lo mismo que se da en el contexto del No-Ser (o privación de SER), y en el ámbito de la verdad relativa (y en el caso específico de las almas en el ámbito de la verdad relativa singular), implica que la totalidad de los entes (inclusive el universo que es una supra entidad, así como también las almas que son entes de género espiritual), y haciendo previamente una ponderación en cuanto a presencia de SER (de Dios, de Bien, de expansión cualitativa, de riqueza ontológica), tienen que concebirse en términos de magnitudes infinitesimales en comparación con Dios, que es el SER ABSOLUTO, y que es omnisciente, omnipresente, omnipotente, increado, eterno, infinito y es en sí mismo, la verdad absoluta. Sustentados en el presente argumento, realmente no existe ninguna limitación racional, lógica, metafísica ni ontológica, para idear a Dios tan gigantesco como, por ejemplo, un trillón de trillones de trillones de trillones de universos como del que tenemos conocimiento, y a la totalidad de los entes, tanto de género material como espiritual, tan chico como la punta de un clavo.

     El SER es pureza absoluta de acto, de perfección, de concreción y de determinación.  El conjunto total de los entes -al que Dios le permite participar del SER brevemente en el orden de la verdad relativa- incluye el universo (la totalidad de la realidad material), la humanidad y sus bienes materiales-personales y las almas separadas de sus cuerpos por la muerte en el Estadio Existencial Carencial y en el Estadio Existencial de Plenitud.

     Pese a que el conjunto total de entes materiales y espirituales es virtualmente inexistente o prácticamente nada (en cuanto a presencia de SER), tienen la dicha de que Dios los ha facultado bondadosamente para participar de su SER, de su perfección absoluta. Los entes existen porque Dios ha dispuesto crearlos o generarlos brindándoles la dicha de ser a través de su SER en el ámbito de la verdad relativa. Y en lo concerniente a las almas separadas de sus cuerpos por la muerte, en el ámbito de la verdad relativa singular. Las cosas, las ideas, las creaturas (los entes en general), no son más que simples modos a través de los cuales se manifiesta o participa el SER (Dios).