Un Curso de Fe Inegoísta
El poder ilimitado de Dios SER ABSOLUTO vs sufrimiento
Lección No.2
Parte No. 1
La lección No.1 concluyó con la explicación del primero de los valores espirituales de la fe inegoísta o del Espiritualismo Ontológico: La santa indiferencia. Daremos inicio a la segunda lección de nuestro curso de fe inegoísta, con la exposición del segundo valor espiritual: El desprendimiento (los apegos).
En la filosofía
perenne y en el Espiritualismo Ontológico, el desprendimiento es un acto de
ruptura radical con todos los tipos de apegos de nuestra personalidad egoísta o
ensimismado yo (un acto que debe ser preferiblemente proactivo y no reactivo). Los
apegos son una creación de nuestra personalidad egoísta (o nuestra mente de
deseos y calculadora), que experimenta una gran excitación ante los bienes
materiales-personales (bienes exteriores). Recordemos que la personalidad
egoísta pertenece a nuestro yo inferior, y que los bienes exteriores (que son
transitorios, insignificantes, corruptibles, mutables e impermanentes)
pertenecen al mundo de ilusión e ignorancia. Dichos bienes que en esencia son
No-Ser (desde el punto de vista ontológico), constituyen todo lo opuesto a los
bienes espirituales que son permanentes, incorruptibles e inmutables. Los bienes espirituales que tendremos que conocer más adelante, poseen mucho más SER (o sea, mucho más Dios, mucho más Bien), que dichos bienes
exteriores.
Los apegos
más comunes son los siguientes: apegos con el yo inferior de nuestros seres amados, de nuestros congéneres y con el nuestro propio (el yo inferior abarca el cuerpo físico y la
personalidad egoísta). Apegos con los deseos y las pasiones, con los bienes materiales-personales, con la
vanidad (nuestro ego) y con los problemas y preocupaciones.
La siguiente es una definición de desapego que he tomado de un diccionario: “Falta de afecto (aprecio) o interés por una persona o una cosa”. Dicha falta de apego se puede producir de forma natural o espontánea, como por ejemplo, cuando perdemos el aprecio o el interés por un empleo (un trabajo) o por una persona. Pero también puede producirse de forma planificada, deliberada y voluntaria, como resultado de nuestro esfuerzo y trabajo realizados en procura de la obtención de incondicionalidad ante todos los tipos de bienes materiales-personales del mundo de ilusión e ignorancia. Dicha incondicionalidad nos dará un altísimo grado de libertad espiritual y de destreza para purgar nuestra psique de todo rasgo de nuestro yo egocentrista y así poder llenarla de Dios, de SER ABSOLUTO, de perfección, de verdad absoluta, o lo que es equivalente, de la capacidad de experimentar la contemplación y de lograr la absorción total de Dios en nuestra psique u organismo sobrenatural. Finalmente, como consecuencia de todo lo anterior, tendremos el acceso al Estadio Existencial de Plenitud, propósito final de la filosofía perenne y del Espiritualismo Ontológico.
Uno de los objetivos
de esta obra, es conocer la esencia de lo que es el apego (y el ensimismado yo)
y determinar la forma y razón de su exterminación. Tal afirmación la podemos
corroborar con dos ejemplos de principios elementales que constituyen la base
doctrinal aquí contenida: El primero de ellos, es la Ley Eterna. En numeras
ocasiones hemos citado la relevancia máxima de dicha norma, que está inscrita
en la psique de todos los hombres y mujeres (es inherente a la naturaleza
humana), pero que exige un auténtico emprendimiento espiritual para cumplir
fielmente con ella. La ley recordemos, nos manda amar las cosas ORDENADAMENTE,
conforme su grado de perfeccionamiento espiritual, y no preferir lo material a
lo espiritual, ni lo efímero a lo eterno, ni lo cómo y placentero a lo
virtuoso.
La ley
eterna es la norma suprema de la moralidad de los actos humanos.
Santo Tomás de Aquino
El segundo ejemplo, está representado por un principio esencial sobre el sentido de la vida, citado en el anterior capítulo No. 4: La vida no es un fin en sí misma para “consagrar” nuestro ensimismado yo o personalidad egoísta ni para establecer todo tipo de apegos con los entes y/o bienes materiales-personales, sino todo lo contrario, es un medio para romper -a través de la abnegación- con dicha personalidad y con la mayor cantidad posible de sus apegos y así obtener un alto grado de unión con el Poder Superior.
El alma que
tiene asimiento en alguna cosa, aunque más virtud tenga, no llegará a la
libertad de la divina unión: Porque tanto me da que un ave esté asida a un hilo
delgado que a uno grueso; porque, aunque sea delgado, tan asida se estará a él
como al grueso, en tanto que no le quebrare para volar. Así el alma, sujeta por
los lazos de los afectos humanos, por leves que sean éstos, no puede, mientras
duran, encaminarse a Dios.
San Juan de la Cruz
Haz sin apego el trabajo que tienes que hacer; pues el
hombre que hace su trabajo sin apego alcanza en verdad la Meta Suprema. Por la
acción sola, hombres como Janaka lograron la perfección.
Aldous
Huxley, La Filosofía Perenne