Un Curso de Fe Inegoísta
El poder ilimitado de Dios SER ABSOLUTO vs sufrimiento
Lección No.1
Parte No.3
La presencia concentrada de SER, de Dios, de Bien en nuestra psique es el factor clave de la funcionalidad de la Ley de la Causa Eficiente. Sin dicha presencia concentrada no se cumpliría favorablemente dicha ley. Entonces la pregunta obvia es la siguiente: ¿Cuál es el medio a través del cual alcanzaremos dicha presencia concentrada de SER y por lo tanto, del PODER necesario para prevenir y combatir exitosamente el sufrimiento? Dicho medio es la ejecución óptima, sistemática, consagrada y abnegada de la Ley Eterna y de los valores espirituales.
Como entes mixtos que somos (género material y espiritual), adolecemos de enormes debilidades y carencias, y estamos dominados en gran medida por nuestras personalidades egoístas.
El ego fue necesario para que la especie humana pudiera sobrevivir y evolucionar principalmente en la prehistoria y gran parte de la historia como seres biológicos y sociales. Pero simultáneamente ha sido el gran obstáculo para que la especie humana haya logrado un salto cualitativo signficativo en el dominio de sus apegos, deseos y pasiones.
Muy lejos de una evolución o salto cualitativo, lo que ha quedado registrado históricamente es un estancamiento ético-espiritual y una apología universal de la avidez, siendo cómplice la inmensa mayoría de la humanidad.
Ya hemos dicho que la Ley Eterna es uno de los medios a través de los cuales podemos lograr una presencia concentrada de SER y por lo tanto del PODER necesario para prevenir y combatir exitosamente el sufrimiento. El otro medio son los valores espirituales y su cumplimiento como un acto máximo de consagración. Dichos valores espirituales son los siguientes: santa indiferencia, desprendimiento, abnegación, resiliencia espiritual, recogimiento, anonadamiento y enajenación en Dios, conformidad, pobreza y sufrimiento afectivos.
En esta primera lección explicaremos el primero de ellos: Uno de los principales objetivos de la Filosofía Perenne, de la Sofiología, del Espiritualismo Ontológico y de la fe inegoísta, es vivir con un considerable grado de paz interior y de felicidad espiritual. Y para tal efecto, es imperativo alcanzar un altísimo nivel de incondicionalidad en relación con los apegos, deleites, deseos y pasiones que además de absorber la mayoría de nuestros recursos, saturan nuestra psique de No-Ser (de mal, de vicio, de avidez), sin dejar espacio para el SER, el Bien, la virtud, la perfección.
La práctica constante del valor de la santa indiferencia es fundamental para que todo emprendedor espiritual logre ese tesoro invaluable que es la incondicionalidad ante todos los estímulos del mundo de ilusión e ignorancia (y su conjunto de bienes transitorios, insignificantes, corruptibles, mutables e impermanentes), que por el peso tan grande que tienen dentro de nuestra psique, nos separan de Dios, del SER ABSOLUTO. La santa indiferencia tiene un protagonismo fundamental en la estrategia de todo emprendedor comprometido con su superación ascética-espiritual. En virtud de ella, tenemos que ser capaces de experimentar un legítimo desdén y una impasibilidad pura -no fingida- hacia los resultados de nuestro máximo esfuerzo en el logro de los diferentes objetivos materiales-personales (es decir, una indiferencia plena hacia el éxito o el fracaso en el logro de dichos objetivos).
Si la indiferencia que practicamos realmente es efectiva, debe brindarnos la capacidad de anular nuestra voluntad obstinada y empecinada en lograr todo lo que nos apetece, todo lo que consideramos que merecemos o que simplemente necesitamos; también debe hacernos capaces de anular la ira, la frustración y el desencanto cuando quedamos insatisfechos con los resultados de nuestras acciones o de las acciones de nuestros seres queridos o de nuestros congéneres en general (en el ámbito material-personal principalmente).
Si nuestro compromiso con la santa indiferencia realmente es efectivo, tenemos que poner en práctica la negación total y efectiva de nuestro yo separante, yo personal, yo egocentrista. Para que el principio espiritual de la indiferencia tenga validez y sentido, es necesario que en forma simultánea a su ejecución, cumplamos de la manera más perfecta posible y consagrada con nuestros deberes, obligaciones, compromisos y en general, con todos los roles que desempeñamos en nuestras vidas, pero sin estar motivados por la AVIDEZ y sin estar apegados a los resultados. Por lo tanto, nos enfrentamos a un desafío en extremo difícil de cumplir por no decir imposible, ya que se requiere previa e indiscutiblemente de un nivel de virtud o de santidad muy grande, que solo puede obtenerse con un modelo de vida comprometido y enfocado en el cumplimiento de la Ley Eterna y los valores espirituales, compromiso que a su vez, solo puede obtenerse a partir de la motivación que nos provoca nuestro anhelo virtuoso de trascender espiritualmente. En caso contrario, no puede caber ninguna duda de que todo será un fracaso.
La santa indiferencia inculcada por los expositores de la Filosofía Perenne no es estoicismo ni mera pasividad. Es más bien una resignación activa. Se renuncia a la obstinación, no para que haya vacaciones totales de la voluntad, sino para que la voluntad divina pueda servirse de la mente y el cuerpo mortificados como su instrumento para el bien.
Aldous Huxley, La Filosofía Perenne
Ésta es, quizá, la más difícil de todas las mortificaciones: alcanzar una "santa indiferencia" hacia el éxito o fracaso temporal de la causa a la cual dedicó uno sus mayores energías. Si triunfa, bien; si es derrotada, también está bien, aunque sea de modos que, para una mente limitada y atada por el tiempo, son aquí y ahora enteramente incomprensibles.
Aldous Huxley, La Filosofía Perenne
Objetivo funcional No.1 de Un curso de Fe Inegoísta (el poder de Dios SER ABSOLUTO): Cumpliré con el valor de la santa indiferencia en forma óptima, sistemática, consagrada y abnegada para desarrollar y perfeccionar mi fe inegoísta, lo cual me dará el poder necesario para prevenir y combatir exitosamente el sufrimiento y para gozar de la dicha de la autorrealización y felicidad espirituales.
Práctica No.1 de la Lección No.1: Lo primero que haré al iniciar cada nuevo día, será invocar la Ley Eterna, comprometiéndome a su fiel cumplimiento como un acto de consagración suprema a mi Poder Superior.