Un Curso de Fe Inegoísta
El poder ilimitado de Dios SER ABSOLUTO vs sufrimiento
Lección No.4
Parte No. 1: El argumento de la causa primera del ser de los entes
El argumento de la causa primera del ser de los entes se sustenta en un principio o fundamento crucial: La demostración filosófica (metafísica, ontológica) de la existencia del Dios filosófico y de la espiritualidad del alma humana.
La demostración es la
siguiente: El Dios abstracto de la filosofía es la causa primera y
universal de todo orden y de toda perfección. El Dios de las religiones es la
misma causa primera, pero oculta tras un ropaje humano y terreno. El Dios
filosófico se conoce sin necesidad de fe porque hay argumentos para demostrar
que existe. El Dios religioso sólo puede ser aceptado por la fe, puesto que no
ha sido visto ni entendido. Para empezar con la demostración de la existencia
de Dios, partimos del siguiente postulado: La razón es lo más valioso que tiene
el ser humano, no existe absolutamente nada mejor. Pero al mismo tiempo, la
razón entiende que hay un ser superior a ella misma; y más aún, que tiene que
haber un ser superior al cual no se da ni puede darse otro; y éste es Dios. La
razón entiende que tiene que existir un ser superior a ella, por cuanto ella no
se dio a sí misma la existencia; entonces se la dio otro (y éste es superior a
ella porque ella depende de él, nada menos que en el ser). Este ser es
superior a la razón, pero no por eso es Dios. Es Dios porque, si el que dio el
ser a la razón, lo recibió también de otro, este otro es superior; y así
tenemos que llegar al que no recibió de otro la existencia, que existe por
derecho propio, por esencia, y que, por eso, es superior a todos los demás.
Es imperativo considerar que este
SER, Dios, existe, no porque la razón lo piense; ni aún porque lo piense como
el ser más perfecto que pueda existir (porque podría la razón pensarlo y a
pesar de eso no existir), sino que es Dios por ser la causa del ser de
todos los entes. Y Dios, cuya existencia queda de esta manera demostrada,
es el Dios filosófico, que puede ser demostrado y por lo tanto sabido, y por
eso no necesita ser creído. En contraste el Dios religioso
(Trinidad-Encarnación) necesita ser creído, porque no puede ser sabido, porque
no ha sido visto ni entendido. La realidad del Dios religioso o revelado
se basa exclusivamente en dogmas.
La anterior demostración
filosófica-ontológica, puede complementarse y reforzarse leyendo las Cinco Vías
de la demostración de la existencia de Dios, del filósofo escolástico Santo
Tomás de Aquino. Documento relevante que se encuentra dentro de su gran obra “Suma
Teológica”.
En relación con la
demostración filosófica de la espiritualidad del alma humana, la
argumentación es la siguiente: Una sustancia es espiritual cuando posee
facultades inorgánicas, es decir, facultades que no son del orden fisiológico,
o, dicho de otra forma, que no son materiales. La voluntad y
el entendimiento son ejemplos admirables de dicha sustancia
espiritual. Ambos, voluntad y entendimiento, son ejecutados por un modo
superior e independiente de la materia que denominamos “alma”, la cual
también, debe tener necesariamente una naturaleza espiritual.
La voluntad y el entendimiento no
solamente son instrumentos valiosos del alma, sino que permiten demostrar
indirectamente la existencia de ella como una sustancia espiritual.
Es imprescindible que tengamos
claro que el alma se manifiesta a través de facultades totalmente incompatibles
con las condiciones propias de la materia. La voluntad y
el entendimiento son potencias superiores cuya actividad contrasta
con la inercia inherente a la materia; ya que no es posible
atribuir a los cuerpos dominio sobre su actividad, a diferencia de lo que
sucede en el alma, la cual, valiéndose de sus facultades (voluntad y
entendimiento entre otras), se determina a sí misma variando los modos
de obrar y hasta pudiendo suspender la acción de cualquier acto en
forma proactiva.
Si la capacidad de entender
no fuese un acto espiritual, tendría que consumarse por medio de órganos
o medios materiales, y su acción jamás podría superar los límites
de lo concreto y sensible. Nuestra propia experiencia nos demuestra que el
entendimiento conoce objetos que pertenecen a un orden superior, tales como los
conceptos de causa, justicia, virtud, verdad, belleza, armonía, bondad, Dios,
etc., y que se eleva hasta descubrir la necesidad de la existencia de un ser
eterno, absoluto y perfectísimo.
El entendimiento es capaz de
conocer, evaluar y meditar sobre sus propios actos (cualidades de la reflexión
e introspección).
De esta manera, queda demostrada no
sólo la naturaleza espiritual del alma, sino también de sus dos principales
facultades e instrumentos para interactuar: la voluntad y el entendimiento.
Tomando en cuenta que la voluntad y
el entendimiento son facultades o cualidades de naturaleza espiritual
ejecutadas por el alma, podemos deducir que una vez que el alma queda separada
del cuerpo físico a causa de la muerte, conservará dichas facultades o
cualidades, de tal manera que tendrá la capacidad (obligación) de regenerarse
espiritualmente antes de acceder al EEP.
Una segunda argumentación de la
naturaleza espiritual del alma:
"En resumen, la voluntad y el
entendimiento del homo sapiens no fueron innatos, sino que se desarrollaron a
lo largo de un largo proceso evolutivo, influenciado por la adaptación al
entorno, la interacción social y la transmisión de conocimientos". Fuente:
IA de Google.
La anterior afirmación, corresponde
a una concepción clásica de la teoría de la evolución, que, ante
la complejidad de la subjetividad humana, exhibe muchas carencias
para abordar un fenómeno que incluso, y con mucha probabilidad, escapa al
ámbito biológico. Para efectos de nuestra segunda argumentación, es necesario
partir de lo siguiente: la naturaleza orgánica o inorgánica
(espiritual) de la voluntad y del entendimiento puede explicarse básicamente
desde dos campos del conocimiento: La neurociencia y la metafísica (rama de la
filosofía).
¿La voluntad y el entendimiento
son funciones orgánicas (biológicas) o inorgánicas (espirituales o de la
psique)? ¿Pueden responder a procesos mecanicistas y por lo tanto pueden ser
previsibles y medibles? ¿O acaso es imposible reducir la experiencia subjetiva
a un marco teórico y, por lo tanto, trasciende lo físico? ¿la voluntad y el
entendimiento tienen un sitio asignado en la estructura cerebral, como lo posee
por ejemplo la memoria?
En el chatbot de DeepSeek podemos
encontrar algunas ideas fundamentales relacionadas con la discusión que se
genera a partir de las anteriores interrogantes:
-La neurociencia (NC) explica
mecanismos, pero no agota la dinámica de la experiencia subjetiva. No hay una
"teoría del todo" para la conciencia o la cognición.
-La voluntad podría vincularse a procesos
cognitivos y mecanismos de toma de decisiones (aunque el libre albedrío es
controvertido en NC).
-La corriente del Emergentismo
propone que la conciencia surge de la complejidad biológica, pero adquiere
propiedades no reductibles a lo físico.
-Algunas visiones integran ambas
perspectivas: lo espiritual como expresión subjetiva emergente de lo biológico.
-Descartes: La autoconciencia
prueba la existencia de un yo no reductible a lo físico.
-Los estudios de la NC miden actos
simples, no decisiones complejas.
-La mente es indivisible, no hay
"mitad de tu voluntad".
-Kant: La razón trasciende la
experiencia sensible. La experiencia consciente no puede reducirse a procesos
físicos.
-La NC no puede explicar la
experiencia de deliberación consciente. La NC no ha refutado (ni probado) el
libre albedrío filosófico.
-El debate libre albedrío versus
determinismo sigue abierto. La ciencia no ha zanjado la cuestión metafísica.
-Si la voluntad fuera 100 por 100
orgánica, sería determinada por leyes físicas (sin libertad real o libre
albedrío).
-Kant: La moral exige libertad. De
lo cual yo deduzco lo siguiente: la voluntad y el entendimiento no pueden ser
determinados por procesos mecánicos o físicos.
-Las verdades abstractas como Dios,
la justicia, la bondad, no son físicas. ¿Podría algo orgánico o físico entender
y tener conciencia de conceptos inorgánicos? (esta idea es de mi autoría).
-La experiencia subjetiva o moral
es tan compleja, que necesariamente trasciende lo orgánico.
-Terminamos con este ejemplo
ilustrativo acerca de la polémica entre determinismo (neurociencia) y
libre albedrío o experiencia subjetiva (metafísica): Es como predecir el
clima: sabemos que habrá lluvia (tendencia), pero no exactamente dónde
caerá cada gota (decisión concreta derivada de la subjetividad).
En lo que concierne a la doctrina
del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, la experiencia subjetiva o
experiencia de deliberación consciente (libre albedrío, relación con Dios,
autoconciencia, introspección, autocrítica, identificación con el ideal de la
justicia, el aprecio de la belleza y de la bondad, etc.) no puede ser enmarcada
por el determinismo de la neurociencia (NC), disciplina que si bien cumple con
las normas usuales del método científico, lamentablemente ha sido utilizada
como un fetiche mercantilista por muchos que desean ganar fama y dinero, lo
cual definitivamente le ha restado crédito.
Sin embargo, lo más relevante es
que la NC presenta muchas falencias y limitaciones frente a un fenómeno
extremadamente complejo, particular y subjetivo. Mientras que por otro lado, y
en favor de la naturaleza inorgánica de la voluntad y del entendimiento, la
cuestión del libre albedrío engrana a la perfección con el postulado de la Ley
Eterna, que ya he explicado anteriormente en este curso de Fe Inegoísta.
En este punto, damos por
concluido el apasionante tema de la naturaleza orgánica (física) o inorgánica
(metafísica o espiritual) de la voluntad y del entendimiento, cuyo
esclarecimiento es imprescindible para abordar con toda propiedad, el argumento
de la causa primera del ser de todos los entes. En los siguientes dos
razonamientos sobre dicho argumento, utilizaremos como ejemplo paradigmático al
ser humano:
Primera descripción del
argumento de la causa primera del ser de todos los entes:
Según las diferentes teorías, el
homo sapiens empezó a habitar nuestro planeta entre hace 200 y 300 mil años. En
relación con sus antecesores y con el resto del reino animal, es totalmente
incuestionable que la voluntad y el entendimiento constituyen un salto
cualitativo gigantesco en cuanto a incremento de presencia de SER (de Dios, de
Bien) en el homo sapiens. De acuerdo con nuestra postura, respaldada
por innumerables escritos de eruditos de la ontología, metafísica y de la
escolástica, y por las significativas limitaciones de la neurociencia, tales
atributos no fueron resultado de la evolución natural de las especies, sino,
resultado de la bondad de Dios que decidió hacer partícipe al ser humano de una
mayor presencia de su SER eso sí, en el ámbito de la verdad relativa singular
(todos los entes del universo participan del SER de Dios en el ámbito de la verdad
relativa, pero los seres humanos, en virtud de nuestras almas que son
perennes y espirituales, participamos en el ámbito de la verdad relativa
singular).
El homo sapiens recibió el ser de
toda una serie de antepasados. Si nos retrotraemos en el tiempo, y de acuerdo
con la teoría de la evolución de las especies, todos nuestros antepasados
recibieron el ser en última instancia, de las primeras formas de vida animal, y
estas a su vez, de los vegetales, y éstos a su vez, de los microorganismos
procariotas (bacterias y arqueas). Y para que esas primigenias y primitivas
formas de vida recibieran el ser, fue necesario un planeta con unas
características tan particulares como las de la Tierra. Y la Tierra recibió el
ser de la interacción de una nebulosa, del Sol y de otros elementos cósmicos. Y
así podemos continuar regresando en el tiempo hasta llegar al Big Bang o Gran
Explosión, que según su teoría propulsora, dio origen (o el ser) al universo.
El Big Bang, reconocido como una
singularidad en la ciencia de la física, concentraba en un punto infinitamente
pequeño, toda la masa y energía del universo observable y todas las condiciones
necesarias para que 13500 - 13800 millones de años después, surgiera el homo
sapiens como animal pensante, reiterando que sus atributos de la voluntad y el
pensamiento -y con base en la anterior disertación- no fueron el resultado de
la evolución natural, sino, de una mayor participación de SER de parte
de Dios (en el ámbito de la verdad relativa), lo cual, provocó
una expansión cualitativa en la psique del homo sapiens.
Finalmente, para concluir este
periplo regresivo y continuando con la lógica de causa-efecto que hemos
desarrollado en relación con el origen primordial de los entes y más
específicamente, en lo relativo al ser humano, corresponde preguntarnos de
quien o de que recibió el ser la singularidad llamada Big Bang o Gran
Explosión. Antes del Big Bang no existían ni la materia ni el tiempo relativo.
No existían condiciones que propiciaran la creación de tal singularidad. Con el
Big Bang llegamos al final de la secuencia de eventos predecesores. Es decir,
no había ningún ente que pudiera dar origen a la singularidad. Pero eso no es
ningún problema, porque ya tenemos muy claro que Dios es la causa primera del
ser de los entes (incluyendo el universo y la humanidad), de tal forma que
podemos enunciar certeramente, que la singularidad del Big Bang recibió el ser
inequívocamente, de Dios. Para dejarlo totalmente claro, Dios le
brindó la dicha de ser al Big Bang a través de la compartición de su SER (exclusivamente
en el ámbito de la verdad relativa).
Independientemente de cualquier
teoría que explique cómo se originó el universo, sabemos
el QUÉ dio origen o el QUÉ dio el ser al
universo: Dios, la Realidad Divina Noumenal. El universo fue el resultado de
hacer Dios partícipe su SER específicamente en el ámbito de la verdad relativa.
Y así, de esta forma tan
ilustrativa, hemos demostrado que la presencia de SER o de Dios es
incuestionablemente real y verdadera. Y que la trascendencia de dicha presencia
divina se manifiesta plenamente a través de su capacidad de ser la causa
primera del ser de todos los entes, incluyendo por supuesto, al ser humano.
Segunda descripción del
argumento de la causa del ser de todos los entes (sustentada en la lógica
ontológica):
La existencia de Dios puede definirse
como máxima y absoluta determinación y concreción (la indeterminación y la
inconcreción constituyen No-Ser o privación de SER). Además, en términos
absolutos es una existencia eterna, infinita, intransformable, inmodificable,
indivisible, imperturbable, inalterable, inmutable, incorruptible, increada,
única, omnisciente, omnipresente, omnipotente. Es decir, Dios es SER
PURO, sin cabida para la más remota presencia de No-Ser (o de privación
de SER), lo cual implica que, en Dios, la existencia y la esencia
son lo mismo, lo que también es equivalente a afirmar que Dios no tiene esencia.
En caso contrario, ya no sería solo existencia, sino existencia y además alguna
forma (la forma es ontológicamente acto). Mucho menos podría ser que Dios
admita materia, porque la materia es ontológicamente potencia. Dios es acto
puro, SER PURO. Por todo lo anterior, es que Dios no puede crear SER, porque
significaría que se está creando a sí mismo, lo cual es imposible porque Dios
es increado. Sería un absurdo pensar que Dios puede crear SER, ya que ÉL es el
SER ABSOLUTO.
En consecuencia, las cosas, las
ideas, las creaturas (los entes en general), no son más que simples
modos en los que se manifiesta o participa el SER (Dios), lo que es
diametralmente diferente a decir, que un ente para existir, ha recibido una
magnitud de SER “nueva” que no existía antes, o a la que Dios ha renunciado o
se ha despojado para poder crear el ente. Los entes existen porque Dios ha
dispuesto crearlos o generarlos brindándoles la dicha de ser a través de su SER (el
SER ABSOLUTO) y por supuesto, en el ámbito de la verdad relativa (o en
el ámbito de verdad relativa singular en el caso de las almas).
El Reino del SER ABSOLUTO es SER
PURO. ¿Y qué es el SER? ¿De qué está hecho o constituido? “El
SER es lo que hace que las cosas sean. No vemos ni entendemos el ser, pero
sabemos distinguir lo que es de lo que no es. Al ser lo percibimos por la
razón, no por los sentidos. Si prescindimos por abstracción mental de todas las
determinaciones (esencia) que distinguen un ser de otro, nos quedamos con el
concepto puro del SER. Lo que corresponde en la realidad al concepto de SER es
llamado ontos. Ontos es el ser en sí o la verdad absoluta. El ontos al
contrario del ser lógico, es máxima y absoluta determinación, significa toda
perfección, porque toda perfección se resume en última instancia en el SER. El
SER en sí es en cierto modo todas las cosas porque está en todas y en cierto
modo no es ninguna cosa, porque ninguna cosa es ÉL” (filósofo Manuel Segura).
Nota: diferencia
entre SER con mayúsculas y ser con minúsculas. El SER es Dios, es el
Bien absoluto, es la existencia que Dios comparte en mayor o en menor grado con
todos los entes para darles la posibilidad de ser en el orden de la verdad
relativa. El ser es cualquier ente, un ser humano, un planeta, un árbol.
Por más que Dios quiera hacer
partícipe en forma generosa su SER en un ente (inclusive el ser humano o el
universo), existen leyes ontológicas que lo impiden. Observemos con
detalle el siguiente resumen de propiedades y características de Dios y de los
entes tanto materiales como espirituales:
Propiedades inherentes a Dios:
Increación, infinitud, eternidad, omnisciencia, omnipresencia, omnipotencia, y
además verdad, voluntad, entendimiento, determinación y concreción absolutas y
perfectas. Dios es inalterable, indivisible, inmodificable, imperturbable,
inmutable, incorruptible. Dios es acto puro, SER ABSOLUTO, sin cabida para la
más mínima privación de SER. Sin una existencia distinta a su esencia.
Propiedades inherentes a
los entes (de género material y espiritual): Los entes adolecen de
composición (es decir, una parte No-Es el resto de las demás partes, por lo
tanto, todas las partes son No-Ser), y también son corruptibles, mutables,
impermanentes, múltiples y distintos. En términos de eternidad, tienen una
existencia extremadamente breve, transitoria e insignificante (inclusive el
universo). Sin embargo, en el caso de los entes de género espiritual (las
almas), éstos no adolecen de impermanencia porque son perennes, pero no eternos.
En todos los entes (tanto los de género material como espiritual), su
existencia es distinta a su esencia, lo que significa que recibieron de Dios el
ser (con minúscula), es decir, recibieron la dicha de ser entes. Pertenecen al
ámbito de la verdad relativa o al de la verdad relativa singular (en el caso de
los entes espirituales como las almas).
Las anteriores propiedades constitutivas
de los entes no son más que limitaciones generadas por el No-Ser (o por
el Mal Metafísico que es privación de SER), absolutamente insalvables
de acuerdo con los postulados ontológicos universales (limitaciones de acto y
potencia, forma y materia, esencia distinta a su existencia).
La virtual existencia de la verdad
relativa depende de la virtual existencia de los entes, y la virtual existencia
de ellos depende a su vez, de la presencia o participación de SER o de Dios en
ellos. Adicionalmente, podemos agregar que la verdad relativa, cuya existencia
es inherente a los entes, es un ente de razón según los fundamentos
metafísicos.
Con base en las anteriores
propiedades inherentes a los entes (de género material y espiritual), podemos
establecer perfectamente que los entes tienen una presencia o participación de
SER tan insignificante que son virtualmente inexistentes o
prácticamente nada, lo cual implica necesariamente, que lo es también la
verdad relativa (medio donde se desenvuelven dichos entes).
Al ser Dios el SER ABSOLUTO, es tan
grande (tan eterno, tan infinito, tan omnisciente, omnipresente y omnipoderoso,
tan increado y único porque existe por derecho propio porque es Dios), que
cualquier entidad o ente (del ámbito de la verdad relativa), comparado con ÉL,
siempre será virtualmente inexistente prácticamente nada. Las proporciones
entre las entidades o entes y Dios (inclusive entre Dios y el universo o entre
Dios y la humanidad), siempre serán infinitamente dispares y
abismales.
Para una mejor comprensión de
las proporciones que existen entre las realidades espiritual (verdad absoluta)
y material (verdad relativa), o dicho con otras palabras, para mostrar la
inmensa diferencia de escala entre ambas, podemos recurrir al recurso
didáctico de las comparaciones con valores cuantitativos, de tal forma que
podamos presentar la siguiente propuesta (no sin antes señalar que es algo que
está fuera de discusión, que la naturaleza espiritual de Dios no admite ningún
tipo de cuantificaciones o magnitudes físicas):
El Reino del SER ABSOLUTO
(Dios), tiene una magnitud de 10 x 10 elevado a la potencia 100000 (un número
que tiende al infinito) de verdad, voluntad, entendimiento, determinación y
concreción absolutas y perfectas. Es decir, el Reino del SER ABSOLUTO es una
existencia eterna, infinita, intransformable, inalterable, indivisible,
inmodificable, imperturbable, inmutable, incorruptible, increada, omnisciente,
omnipresente y ominipoderosa, sin cabida para la más remota presencia de No-Ser
(de privación de SER). En contraste, el universo (incluida la humanidad
en su condición de entidad de género material) o lo que es igual, el reino de
la verdad relativa, tiene una presencia de No-Ser de 10 x 10 elevado a la
potencia 0.9999999999, es decir, una presencia de No-Ser de 99.999999997697418 (prácticamente
un 100 % de No-Ser), o lo que es lo mismo, el universo es una entidad
con una presencia de SER (de Dios) de 10 x 10 elevado a la potencia -100, es
decir, una presencia SER de 0.0000000… 000000.1 (cien
ceros y un uno a la derecha del punto decimal), es decir, prácticamente un 0 %
de SER, de Dios. En síntesis, el universo es virtualmente inexistente o
prácticamente nada.
El concepto de verdad
absoluta es totalmente incomprensible para el entendimiento humano que se
desenvuelve en el orden de la verdad relativa, que es el orden del No-Ser.
Enuncia el maestro Manuel Segura,
filósofo de la Universidad de Costa Rica: Realmente lo que nosotros conocemos,
no es la verdad absoluta o el SER en sí, sino los entes (orden de la verdad
relativa). Existen tantos modos de entes como modos de participar el SER. Hay
entes reales o concretos, de razón (como el unicornio), abstractos, etc. Todo
lo que es, de cualquier forma que sea, excepto el SER en sí, es ente.
Como conclusión, podemos afirmar
categóricamente, que los entes existen porque Dios dispuso darles la dicha de
ser a través de la compartición de su SER en el ámbito de la verdad relativa
(para los entes de género material) y en el ámbito de la verdad relativa
singular (para los entes de género espiritual como lo son las almas).
En el orden de la verdad
absoluta no hay posibilidad alguna para la presencia de entes, ya que perfecto,
increado y absoluto solo el Poder Superior. Por lo que ningún ente -llámese el
universo o un alma separada de su cuerpo por la muerte y eventualmente con un
alto grado de santidad o perfección- puede formar parte de la Realidad
Divina Noumenal que es inmutable, invariable, inalterable, Ser Puro, existencia
pura, sin la más mínima posibilidad de presencia de No-Ser. Inclusive
las almas altamente espiritualizadas, siguen siendo entes y por lo tanto,
imperfectas (es decir, con un determinado grado de No-Ser).
No obstante, en el Estadio
Existencial de Plenitud (que pertenece al ámbito de la verdad relativa
singular), las almas altamente espiritualizadas -luego de superar su etapa de
purga y avidez en el Estadio Existencial Carencial- gozarán de una existencia
perenne en la podrán contemplar la Realidad Noumenal del Poder Superior
bajo condiciones privilegiadas y además, al estar liberadas en gran medida de
las privaciones de SER (ya que han absorbido una ingente magnitud de la
presencia de SER, de Dios, de Bien, de causa eficiente), se beneficiarán de un
altísimo nivel de autorrealización y felicidad espirituales.
Práctica No. 1 de la
lección No. 4:
Diariamente, invocaré las siguientes dos
premisas de la Fe Inegoísta:
1) Dos de los principales objetivos del
Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, son los siguientes: Depender
principalmente de la resiliencia espiritual proactiva y efectiva para vivir muy
bien anímicamente. Generar méritos y autorrealización espirituales diariamente,
y para tal efecto, una vida tipo rutinaria, ordinaria, austera y apática (en lo
exterior o lo exotérico exclusivamente *), resulta ser sin duda alguna,
el mejor medio para lograrlo.
2) Dentro del contexto del
Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, una vida tipo rutinaria,
ordinaria, austera y apática (en lo exterior o lo exotérico exclusivamente *),
es un don divino y un bien invaluable, esencial, imperativo e imprescindible.
Es el principal nutriente de mi fe inegoísta para superar exitosamente el
Estadio Existencial Carencial (EEC) y para acceder posteriormente, al Estadio
Existencial de Plenitud (EEP).
Nota (*) Porque en lo interior o esotérico, es decir, en mi
existencia íntima, mi vida es dinámica, extraordinaria, desafiante, llena de
prosperidad y de riqueza inmaterial, llena de los bienes espirituales,
incorruptibles y perennes.
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