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Un Curso de Fe Inegoísta L 3, P 2

                            Un Curso de Fe Inegoísta

        El poder ilimitado de Dios SER ABSOLUTO vs sufrimiento

                                           Lección No. 3

Parte No.2: La balanza de la justica de la Fe Inegoísta

     En la primera parte de la presente lección No.3, iniciamos el estudio  del Agradecimiento de Fe Inegoísta (AFI), el cual a su vez, forma parte del Algoritmo del Espiritualismo Ontológico, el cual a su vez, es uno de los elementos del método requerido para solucionar la segunda parte del problema fundamental de la existencia, problema que consiste en determinar el método y la forma para tener un desempeño sobresaliente durante el desafío del Estadio Existencial Carencial, de tal forma que seamos capaces de eludir lo peor de dicho estadio y acceder de una forma relativamente favorable al Estadio Existencial de Plenitud.

     Por su parte, el AFI se compone de varios fundamentos que le dan vida. Uno de ellos, es el ejercicio de la balanza o ponderación espiritual, al cual le dedicamos una explicación amplia también en la primera parte de esta lección No.3.

     En esta segunda parte, utilizaremos ejemplos de Situaciones de Sufrimiento Resilientes como las que suceden constantemente en todo el mundo, en nuestro entorno cercano y como las que nos ocurren a nosostros mismos, de tal forma que podamos entender con más detalle, el funcionamiento y la dinámica de dicho ejercicio de la balanza o ponderación espiritual, que es una dinámica entremezclada del mal metafíco y de la doctrina de la Fe Inegoísta.

    Primero que todo, debemos tener muy presente el siguiente principio ontológico: En cualquier lugar donde se encuentre un ser humano, irremediablemente hay imperfección, y en consecuencia, hay mal metafísico (que es No-Ser y privación de SER, de Dios, de Bien, de causa eficiente), el cual a su vez, se revela por medio del mal físico (enfermedades, accidentes, violencia) y del mal moral (vicio, pecado, defectibilidad de la voluntad, avidez).

     El mal metafísico tiene muchas formas de manifestarse. La siguiente es una clasificación básica de todas esas formas (o Situaciones de Sufrimiento Resilientes), a través de las cuales se expresa o se concretiza el mal metafísico y sus respectivos y derivados males físico y moral:

     Categoría No.1, Enfermedades y trastornos:

     Incluye enfermedad cardiovascular, cáncer, accidente cerebrovascular, enfermedad infectocontagiosa, enfermedad degenerativa, malformación congénita y todas las demás dolencias principalmente de mediano u alto riesgo o grado de perjucio.

     Categoría No.2, Accidentes:

    Incluye accidentes de tránsito, de aviación, marítimos, ferroviarios, laborales, turísticos, domésticos y todos los demás tipos de accidentes. Los accidentes en general, no solo pueden provocar la muerte, sino también, incapacidad física o mental permanente.

     Categoría No.3, Agresión y abuso:

    Incluye agresión física y psicológica, abuso y acoso de todo tipo, estupro, incesto, violencia intrafamiliar, homicidio, tiroteos, etc.

     Categoría No.4, Fenómenos sociopolíticos y geopolíticos: 

    Incluye migraciones forzadas, refugiados y desplazados internos, guerras civiles y geopolíticas, genocidios y crímines de lesa humanidad, conflictos étnicos, sanciones económicas, atentados terroristas, etc.

     Categoría No.5, Crimen organizado y delicuencia: 

    Incluye asaltos a mano armada, robos, hurtos, estafas, timos, extorsión, narcotráfico y todas sus secuelas y perjuicios indirectos, tráfico de personas y todas las demás formas de crimen organizado. 

     Categoría No.6, Siniestros y fenómenos de la naturaleza: Incluye incendios, explosiones de gas, sismos, sunamis, inundaciones, tornados, huracanes, etc.

     Luego de conocer la anterior clasificación de todas las manifestaciones (o Situaciones de Sufrimiento Resilientes) del mal metafísico y sus respectivos y derivados males físico y moral, podemos tener una imagen amplia y detallada de todo la gama de mal, dolor y sufrimiento ante la cual estamos expuestos. Dicha clasificación nos facilitará hacer una valoración del resultado del ejercicio de la ponderación o balanza espiritual, una vez que lo hemos puesto en práctica.

      Lo que sigue es colocar pesas imaginarias  (una mucho más masiva que la otra) en cada uno de los extremos de la balanza de la justicia e imaginar el grado de inclinación que tomaría la viga o barra horizontal que soporta las pesas en sus platos o extremos. Recordemos que cada pesa representa un caso paradigmático de lo que lamentablemente ocurre cotidianamente en nuestro mundo, y que para efectos de nuestra doctrina del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, cada caso es una Situación de Sufrimiento Resiliente (SSR) y que la escala del sufrimiento (o del mal metafísico y sus derivados y respectivos males físico y moral), va de 1 a 100 (donde el 100 representa una SSR extremadamente cruda, despidada, funesta, fúnebre, desgarradora, trágica, espantosa, incurable, inexorable, inhumana e inimaginable). Para efectos de nuestro ejercicio, utilizaremos una SSR de un nivel bastante alto, digamos de nivel 80, y la compararemos con una SSR de mucho menor grado de perjuicio en la escala del sufrimiento, como podría ser una situación de nivel 30 aproximadamente. 

     Nota:  los valores adjudicados a las situaciones de sufrimiento son muy subjetivos y relativos, pero lo relevante es que reflejen la gran diferencia en el grado de daño, dolor o perjuicio entre ambas, lo cual es necesario para ver el funcionamiento de la balanza de la justicia.

     La Situaciones de Sufrimiento Resiliente (SSR) que vamos a utilizar en el siguiente ejemplo son las siguientes:  Yo soy víctima de un accidente de tránsito, y como consecuencia del mismo, pierdo una de mis extremidades inferiores y además sufro algunas otras lesiones de consideración pero logro recuperarme totalmente de ellas. La otra SSR que colocaremos en la balanza de la justicia es la siguiente: En un país sumido en un conflicto geopolítico (ni siquiera una guerra civil, sino una guerra provocada por la injerencia de intereses geopolíticos), un padre tuvo que ver a su pequeño hijo herido y sufriendo mucho por los efectos explosivos de un proyectil disparado por un tanque de guerra, y tuvo que verlo morir algunos días después simplemente porque el niño no pudo recibir la adecuada asistencia médica en un plazo de tiempo oportuno. Además, el padre y el resto de su familia se conviertieron en desplazados internos y perdieron su casa y todas sus demás pertenencias.

     La SSR que me ha perjudicado, está ubicada en el lado izquierdo de la balanza de la justicia. La otra SSR, está ubicada en el lado derecho. A mi SSR le asignaré un peso de un kilogramo, por lo que en el lado izquierdo de la balanza hay una pesa de 1 kg. La otra SSR que es muchísimo más grave, dolorosa y perjudical, debería tener en consecuencia un peso al menos de 10 kilogramos, por lo que en el lado derecho de la balanza, hay una pesa de 10 kg. La relación de 10 a 1 evidentemente nos indica que la SSR del lado derecho es 10 veces más dañina, sufrida y maligna que la del lado izquierdo.

     En términos de la escala del sufrimiento, y desde mi punto de vista, la SSR que he tenido que enfrentar tiene un valor de 30, y la otra SSR un valor de 80. Las SSR con el valor máximo de la escala, las podríamos encontrar en general, en los genocidios muy propios de las guerras, donde los civiles sufrieron pánico, torturas, violaciones, muertes dolorosas y donde fueron sometidos en algunos casos a experimentos médicos de carácter sádico. Algunos de los ejemplos más emblemáticos los podemos ver en los campos de exterminio nazis y en la Unidad 731, que fue un programa encubiero de armas biológicas y químicas operado por el Ejército Imperial Japonés en China entre 1936 y 1945. Pero por supuesto que también existen otros escenarios muy propicios para tales eventos tan extremadamente perjudiciales y dolorosos.  

     Con una pesa de un 1 kg en uno de sus extremos y una pesa de 10 kg en el otro, y luego de preguntar a la IA  de  Deep Seek (IA) acerca de lo que le sucedería a la balanza, esta es la respuesta del chat bot: la balanza no se detendrá en un ángulo pequeño. La fuerza neta que la gira es enorme (equivalente a 9 kg de desbalance). Girará rápidamente hasta alcanzar el límite físico de su diseño. La barra horizontal de la balanza de la justicia se inclinará completamente hacia el lado donde está la pesa de 10 kg hasta que toque su límite mecánico (o hasta que el platillo izquierdo se eleve por completo). El torque en el lado derecho es 10 veces mayor que el del lado izquierdo. Por lo tanto, el lado derecho bajará y el izquierdo subirá. El ángulo de inclinación sería de 90 grados (o muy cercano a él si la balanza no tiene topes). Si es una balanza ideal sin topes, la barra se inclinará hasta quedar completamente vertical.

     En el presente ejercicio, 1kg versus 10 kg es una desproporción masiva, lo cual muestra de una forma extremadamente gráfica, la diferencia tan grande entre una y otra situación en términos de malignidad.

     La primera conclusión que deberíamos extraer del anterior ejercicio de la ponderación o  balanza espiritual, es que a pesar de tratarse de un evento maligno perjudicial, que me ha provocado la pérdida de una extremidad y un breve período hospitalizado, es absolutamente evidente, que comparado con el evento maligno del padre que ha perdido a su pequeño hijo de una forma muy dolorosa en un país convulsionado por la guerra, el caos, la violencia y en donde las familias están expuestas cotidianamente a la muerte, al abuso y al ultraje, obligadas a dejar atrás su tierra, su patrimonio y a huir como desplazados internos, mi SSR resulta ser hasta cierto punto benigna y se encuentra ubicada en una posición relativamente baja de  la escala del sufrimiento. 

     Para representar en forma simbólica o metafórica el anterior contraste entre ambas SSR, hemos colocando una pesa de un Kg. en el plato del extremo izquierdo de la balanza de la justicia, y una pesa de 10 Kg. en el plato del extremo derecho y hemos imaginado como la viga o barra horizontal se ha inclinado con mucha fuerza y a gran velocidad hacia el lado derecho, evidenciando la gran diferencia en masa (o en nivel de dolor y malignidad en la escala del sufrimiento o del mal metafísico) entre una pesa y la otra.

     Tal y como lo establecimos en la anterior parte No.1 de esta lección No.3 (y en relación con el ejercicio de la ponderación o balanza espiritual), "su objetivo es ubicar cualquier evento trágico y/o doloroso en su lugar correcto, proporcional a su importancia real en relación con un evento que tenga un grado de malignidad , daño o perjuicio mucho mayor o mucho más grande, de tal forma que podamos contextualizar o relativizar dicho evento real que nos está afectando o perjudicando  y no verlo como algo aislado y superlativo", sino, como un medio óptimo para mejorar nuestra formación como emprendedores y supervivencialistas espirituales. Si tuviéramos la capacidad de poner en práctica el ejercicio de la ponderación o balanza espiritual cada vez que enfrentamos una SSR de mediano o alto grado de dificultad para ser asimilada y aprovechada (estratégicamente), reconoceríamos de inmediato que hemos sido muy afortunados, ya que nos hemos librado de una SSR que en vez de tener un valor de 20 o 30 en la escala del sufrimiento (o del mal metafísico y sus derivados  y respectivos males físico y moral), perfectamente pudo haber tenido un valor de 90 o de 100 en dicha escala.

     La segunda conclusión que deberíamos extraer, es algo que también expusimos en la primera parte de esta lección No.3: Las Situaciones de Sufrimiento Resilientes (SSR) de mediano y de alto grado de dificultad para ser asimiladas o aprovechadastienen la virtud de apartanos por un determinado período de tiempo de las emociones, pasiones y preocupaciones mundanas (o sea, nos apartan de la avidez). Dicho con otras palabras, las SSR como la del ejemplo del accidente de tránsito, nos impulsan a valorar correctamente cosas que en principio parecen tan ordinarias como la salud, la cotidianidad, la vida, la familia, los amigos, Dios, etc, y nos capacita para que al menos por un corto período de tiempo, podamos encontrar el verdadero sentido de la vida sin depender para ello primordialmente de los bienes materiales-personales. Dependerá de cada quien, cuánto pueda aprovechar los beneficios antes descritos para efectos de un cambio radical en su modelo de vida.

     La anterior clasificación básica de todas las formas (o Situaciones de Sufrimiento Resilientes), a través de las cuales se expresa o se concretiza el mal metafísico y sus respectivos y derivados males físico y moral, nos proporciona una cantidad casi infinita de combinaciones de SSR con las que podemos visualizar a través del ejercicio de la ponderación o balanza espiritual, el contraste tan grande entre dos eventos dolorosos con valores muy desiguales en la escala del sufrimiento. Cada vez que nos corresponda asumir las consecuencias de un evento de mediano o alto grado de daño, perjuicio y dolor, es deseable como parte de la doctrina de la Fe Inegoísta, poner en práctica el Agradecimiento de Fe Inegoísta, el cual incluye por supuesto, dentro de sus elementos principales, el ejercicio de la ponderación o balanza espiritual.

     Estas dos conclusiones no solamente guardan muchísima relación, sino que constituyen un complemento primordial de los fundamentos del ejercicio del Agradecimiento de Fe Inegoísta (AFI), que conocimos en la primera parte de esta Lección No.3.

     El mal metafísico y sus respectivos y derivados males físico y moral pertenecen al ámbito del No-Ser, que  es todo lo opuesto al ámbito del SER, que es Dios, Bien, causa eficiente, verdad absoluta. Y como el mal metafísico es No-Ser, no existe en términos de verdad absoluta, pero al mismo tiempo, es el nutriente de nuestro proceso de santificación y perfeccionamiento espiritual, que nos conducirá a una existencia magnífica en el Estadio Existencial de Plenitud (EEP). 

     Recurso didáctico para comprender metafóricamente la magnitud eterna e infinita del SER ABSOLUTO

     Considerando que Dios es el SER ABSOLUTO, y que los entes en general tan solo participan del SER o bien, tienen una determinada presencia de SER (y exclusivamente en el ámbito de la verdad relativa), y con el objetivo de representar y resaltar el contraste abismal entre ambos (contraste tomando en cuenta únicamente la presencia de SER por supuesto), podemos apelar a la siguiente comparación:   

     Mientras que Dios (SER puro), es el equivalente a un trillón de universos como del que tenemos conocimiento, por otro lado, los entes (o supraentidades) como el Estadio Existencial de Plenitud (que alberga almas altamente espiritualizadas), el Estadio Existencial Carencial, el universo y la humanidadequivalen todos ellos (en términos de presencia de SER) a unos pocos electrones. !Qué deproporción tan insondable! !Un trillón de universos (cada uno de ellos con un diámetro de 93 mil millones de años luz al menos en su parte observable), versus unos cuantos electrones! NOTA: En toda comparación que hagamos con Dios, lo único que cuenta de cualquier ente es su presencia de SER, porque todo lo demás que forma parte de él, es No-Ser, y el No-Ser no es, es decir, no existe en cuanto a verdad absoluta se refiere.  

     Por lo tanto, podemos deducir de manera taxativa que tu alma y mi alma, eventualmente evolucionadas y alojadas en el EEP, desde el punto de vista cualitativo (o sea, presencia de SER)  y al igual que lo que ocurre con cualquier otro ente, son insignificantes a la par de Dios SER ABSOLUTO. Todos los entes anteriormente descritos (incluyendo las almas altamente espiritualizadas en el EEP), son virtualmente inexistentes o prácticamente nada.

     Los anteriores parámetros utilizados para evidenciar la desproporción tan enorme entre Dios y todas las supraentidades mencionadas anteriormente (incluyendo obviamente los trillones de trillones de entes contenidos dentro de esas cuatro supraentidades), son totalmente reales y están fundamentados en la siguiente Premisa de las Limitaciones Generadas por el No-Ser

     Por más que Dios quiera hacer partícipe en forma generosa su SER en las supraentidades o en general, en los trillones de trillones de entes existentes en el ámbito de la verdad relativa (las supraentidades y/o entes tienen una determinada presencia de SER por voluntad de Dios), tenemos que observar algunas leyes ontológicas que lo impiden. Examinemos con detalle el siguiente resumen de propiedades y características de Dios y de los entes tanto materiales como espirituales:

  Propiedades inherentes a Dios: Dios es increado, infinito, eterno, omnisciente, omnipresente, omnipotente. Dios es verdad, voluntad, entendimiento, determinación y concreción absolutas y perfectas. Dios es inalterable, indivisible, inmodificable, imperturbable, inmutable, incorruptible. Dios es acto puro, SER ABSOLUTO, sin cabida para la más mínima privación de SER y sin una existencia distinta a su esencia.

     Propiedades inherentes a los entes (de género material y espiritual): Los entes adolecen de composición (es decir, una parte No-Es el resto de las demás partes, por lo tanto, todas las partes son No-Ser), y también son corruptibles, mutables, impermanentes, múltiples y distintos. En términos de eternidad, tienen una existencia extremadamente breve, transitoria e insignificante (inclusive el universo). Sin embargo, en el caso de los entes de género espiritual, éstos no adolecen de impermanencia porque son perennes, pero no eternos. En todos los entes (tanto los de género material como espiritual), su existencia es distinta a su esencia, lo que significa que recibieron de Dios el ser (con minúscula), es decir, recibieron la dicha de ser entes). Pertenecen al ámbito de la verdad relativa o al de la verdad relativa singular (en el caso de los entes espirituales como las almas). 

         La virtual existencia de la verdad (relativa o singular), depende de la virtual existencia de los entes, y la virtual existencia de ellos, depende a su vez, de la presencia o participación de SER o de Dios en ellos. Con base en las anteriores propiedades inherentes a los entes (de género material y espiritual), podemos establecer perfectamente que los entes tienen una presencia o participación de SER tan insignificante que son virtualmente inexistentes o prácticamente nada, lo cual implica necesariamente, que lo es también la verdad relativa (medio donde se desenvuelven dichos entes). 

     Nota: La verdad relativa, cuya existencia es inherente a los entes, es un ente de razón, según los fundamentos metafísicos.

     En correspondencia con la argumentación del párrafo anterior, podemos decretar que las supraentidades como el EEC, EEP, el universo y la humanidad y los trillones de trillones de entes que contienen, poseen una presencia o participación de No-Ser de prácticamente un 100 %, o lo que es equivalente, una presencia o participación de SER (Dios, Bien, causa eficiente) de prácticamente un 0 %. Todo lo que no es Dios es No-Ser, y el No-Ser no es porque es virtualmente inexistente o prácticamente nada. En consecuencia, todos los entes (que no son Dios sino No-Ser), también son virtualmente inexistentes o prácticamente nada (al igual que la verdad relativa) y por lo mismo, las desproporciones entre Dios y las entidades o entes, siempre serán infinitamente dispares y abismales (como, por ejemplo, Dios equivale a un trillón de universos como el nuestro, mientras que el universo y la humanidad equivalen a unos cuantos electrones).

     Las anteriores propiedades constitutivas de los entes no son más que limitaciones generadas por el No-Ser (o por el Mal Metafísico), absolutamente insalvables de acuerdo con los postulados ontológicos universales (limitaciones de acto y potencia, forma y materia, esencia distinta a su existencia).

     Lo fundamental no es argumentar por qué Dios nos ha dado una presencia de SER tan pequeña, sino, considerar el hecho trascendental de que al ser Dios el SER ABSOLUTO, es tan grande (tan eterno, tan infinito, tan omnisciente, omnipresente y omnipoderoso, tan increado y existe por derecho propio porque es Dios), que cualquier entidad o ente (del ámbito de la verdad relativa), comparado con ÉL, siempre será virtualmente inexistente prácticamente nada.

    El concepto de verdad absoluta es totalmente incomprensible para el entendimiento humano que se desenvuelve en el orden de la verdad relativa, que es el orden del No-Ser. 

     Hemos descrito dos ámbitos de verdad relativa: la verdad relativa simple donde se encuentra el universo, y la verdad relativa singular, donde se encuentran el Estadio Existencial Carencial (EEC) y el Estadio Existencial de Plenitud (EEP). La gran diferencia entre ambos ámbitos es que, en el segundo, las almas separadas de sus cuerpos por la muerte son perennes, mientras que todo lo que se encuentra en el universo (con la excepción de las almas cuando forman parte integral de los seres humanos) es finito, impermanente. 

     Algo fundamental en relación con la verdad relativa (ya sea simple o singular), es que el mal metafísico es inherente a ella (o más precisamente, a los entes que encuentran en ella), por eso, el ser humano y las almas separadas de sus cuerpos por la muerte, siempre estarán expuestos a Situaciones de Sufrimiento Resilientes (SSR), excepto en el EEP, donde si bien es cierto que el mal metafísico ejerce su poder de imperio (porque las almas siempre serán imperfectas), el nivel de espiritualización o presencia de SER en ellas es tal, que la Ley de la Causa Eficiente obrará favorable y perennemente, librándolas de cualquier Situación de Sufrimiento Resiliente. 

     De lo anteriormente dicho sobre la relación intrínseca entre la verdad relativa y el mal metafísico, podemos deducir con total certeza que el Estadio Existencial Carencial (EEC), es una Situación de Sufrimiento Resiliente de alto grado de dificultad para ser asimilada o aprovechada estratégicamente. Lo es también la imposibilidad de  contemplar la verdad absoluta en el EEP.

     Si anteriormente dejamos establecido que Dios (el SER, la verdad y el Bien absolutos), comparado con el conjunto de todos los entes del ámbito de la verdad relativa (incluidas las almas espiritualizadas en el EEP), es lo mismo que comparar un trillón de universos como el nuestro con varios electrones respectivamente, entonces ¿cuál sería el ejemplo para representar lo que significa comparar a Dios con una SSR de alto grado de dificultad para ser asimilada y aprovechada estratégicamente? El ejemplo que debemos utilizar es el siguiente: un trillón de universos como el nuestro comparado con un neutrino respectivamente (un neutrino tiene una fracción de un millón de veces más pequeño que un electrón).

     El recurso de la balanza o ponderación espiritual y el de la comprensión metafórica de la magnitud eterna e infinita del SER ABSOLUTO, son elementos muy  importantes de la doctrina del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta. Con ellos, la doctrina no pretende hacer alegoría del nihilismo ni mucho menos, simplemente aspira a demostrarnos la grandeza inconmensurable de Dios, y a motivarnos para luchar incansablemente -guiados por la sabiduría y el conocimiento- para alcanzar un estado privilegiado desde el que podamos contemplar la verdad absoluta de Dios.




Un Curso de Fe Inegoísta L 3, P 1

Un Curso de Fe Inegoísta

El poder ilimitado de Dios SER ABSOLUTO vs sufrimiento 

Lección No. 3

Parte No. 1: El problema fundamental de la existencia

     El Espiritualismo Ontológico (que abarca la Fe Inegoísta) es una doctrina que explica cuál es el sentido de la vida o su razón de ser (TELEOLOGÍA), un método que instruye cómo alcanzar la supervivencia espiritual (SOTERIOLOGÍA), y una dialéctica que describe con precisión, cómo son el Estadio Existencial Carencial y el Estadio Existencialo de Plenitud (ESCATOLOGÍA).

    Si buscas la definición de teleología en algún chat de IA, encontrarás una respuesta como la siguiente: La teleología, en filosofía, es la doctrina que estudia la finalidad o propósitos de las cosas, ya sean objetos, procesos naturales o acciones humanas. Se centra en entender el "para qué" de algo, en lugar de solo su causa eficiente. En otras palabras, la teleología se pregunta por el fin o meta hacia la cual algo está orientado o dirigido.

     Si alguna vez en tu vida, en un momento de inquietud o de pesadumbre te has preguntado por el sentido de la vida, entonces, en ese instante ingresaste en el campo de la teleología. 

     De acuerdo con el Espiritualismo Ontológico y con la Fe Inegoísta, el sentido de la vida (su razón de ser), constituye el problema fundamental de la existencia (problema de orden teleológico). Y la solución a dicho problema empieza en primerísimo lugar, por contar con una demostración racional de la existencia de Dios (del Dios filosófico). Y tal demostración solamente puede obtenerse por medio de la filosofía, y, más específicamente, en virtud de la ontología Y, en segundo lugar, contando ya con la certeza de la existencia de Dios, del Dios filosófico, es necesario conocer el método y la forma para tener un desempeño sobresaliente durante el desafío del Estadio Existenical Carencial, de tal forma que podamos eludir lo peor de dicho estadio y acceder de una forma relativamente favorable al Estadio Existencial de Plenitud. De esta forma, ya tendríamos la solución al problema del sentido de la vida.

    Veamos de inmediato la demostración racional, sistemática y ontológica de la demostración de la existencia de Dios, cuyo autor es el filósofo costarricense Manuel Segura: El hombre tiene la tendencia de meter a Dios dentro de los esquemas de lo humano y de lo terreno. Este error surge de no distinguir claramente entre la verdad absoluta y la relativa, por lo que pone a Dios y el mal en el mismo plano. Pero la verdad es que una cosa es el Dios abstracto de la filosofía (causa primera y universal de todo orden y de toda perfección), y otra cosa es el Dios de las religiones: la misma causa primera pero oculta tras un ropaje humano y terreno. El Dios filosófico se conoce sin necesidad de fe, porque hay argumentos para demostrar que existe. El Dios religioso sólo puede ser aceptado por la fe, puesto que no ha sido visto ni entendido (trinidad, encarnación, resucitación, etc.).

     El hombre puede dudar de todo, pero hay algo que el hombre conoce con absoluta certeza: su propia existencia. La bestia ve, pero no ve que ella ve, mientras que la razón piensa las cosas, y piensa que ella piensa, y piensa que la viste ve, por eso la razón es lo mejor que hay en el ser humano. Pero la razón entiende que hay, sin embargo, un ser superior a ella misma, y más aún, que tiene que haber un ser superior al cual, no se da ni puede darse otro, y éste es Dios. La razón entiende que tiene que existir un ser superior a ella, por cuanto ella no se dio a sí misma la existencia; entonces se la dio otro (y este es superior a ella porque ella depende de él, nada menos que en el ser). Este ser es superior a la razón, pero no por eso es Dios. Es Dios porque si el que dio el ser a la razón, lo recibió también de otro, este otro es superior; y si este otro, lo recibió de otro, este otro es superior; y así tenemos que llegar al que no recibió de otro la existencia, que existe por derecho propio, por esencia, y que, por eso es superior a todos los demás. Hay que tener el cuidado de entender que este SER, Dios, existe no porque la razón lo piense, ni aún porque lo piense como el ser más perfecto que pueda existir. Sino que es Dios por ser la causa del ser de todos los entes. Este Dios, cuya existencia ha quedado demostrada, es el Dios filosófico que puede ser demostrado y por lo tanto, sabido y por eso no necesita ser creído. En cambio, el Dios religioso necesita ser creído, porque no puede ser sabido, porque no ha sido visto ni entendido.

     Una vez que disponemos de la demostración racional de la existencia de Dios (del Dios filosófico), nos corresponde resolver la segunda parte del problema fundamental de la existencia, tal y como lo hemos dejado establecido anteriormente en esta misma publicación: Determinar el método y la forma para tener un desempeño sobresaliente durante el desafío del Estadio Existencial Carencial, de tal forma que seamos capaces de eludir lo peor de dicho estadio y acceder de una forma relativamente favorable al Estadio Existencial de Plenitud, donde podremos obtener una contemplación muchísimo más efectiva de la Realidad Divina Noumenal, que en última instancia, nos proporcionará la felicidad y la autorrealización espirituales. 

     El método requerido para solucionar la segunda parte del problema fundamental, consiste en cumplir con la Ley Eterna, los Valores Espirituales y el Algoritmo del Espiritualismo Ontológico. Y en cuanto a la forma, ella radica en la ejecución óptima, sistemática, consagrada, apasionada y como un culto a Dios (OSCAC) de esos tres elementos, que conforman nuestro deber supremo 

     En publicaciones anteriores de este mismo curso, hemos conocido la definición de la Ley Eterna y la lista de los valores espirituales. Sin embargo, el método contiene un tercer elemento que aún no hemos explicado: el Algoritmo del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta

     Tengamos en cuenta que un algoritmo es un conjunto ordenado y finito de operaciones que permite hallar la solución de un problema (diccionario de la RAE). También podemos agregar que un algoritmo es una secuencia lógica y precisa de pasos para resolver un problema específico (IA). En consonancia con las dos anteriores nociones del vocablo algoritmo, podemos enunciar que el Algoritmo del Espiritualismo Ontológico (AEO) es un proceso metódico, sistemático y escalonado, aplicado a la solución de una cuestión o problema de orden metafísico.

   Explicado en detalle, el primer paso del Algoritmo del Espiritualismo Ontológico (AEO) consiste en la ejecución apasionada y metódica del emprendimiento espiritual, el cual está constituido por la caridad o por las obras de carácter material o espiritual (en sabiduría universal, la caridad es la expresión más pura de amor al Bien, a la humanidad); por la devoción (con la que realizamos las oraciones, los ejercicios espirituales, la meditación trascendental, la contemplación) y por el conocimiento de la filosofía y el misticismo orientales, de la filosofía cristiana (la escolástica), de las religiones, del esoterismo, de la sofiología, de la metafísica, ontología y ética, de la sabiduría universal y del Espiritualismo Ontológico. 

Luego, los siguientes pasos del AEO son los siguientes:

     Cuanto mayor sea el grado cuantitativo y cualitativo de nuestras obras, devoción y conocimiento, mayor será la presencia de SER en nuestra psique u organismo sobrenatural. 

      En consecuencia, mayor será la magnitud de nuestra voluntad misericordiosa y transigente y de nuestro entendimiento puro, inegoísta, ascético, abnegado y resiliente. 

     Lo cual nos brindará un incremento en nuestro acervo de méritos y autorrealización espirituales. 

     En consecuencia, mayor será nuestro acervo de bienes espirituales, incorruptibles e inmutables. 

     Lo cual nos brindará un incremento en la magnitud de nuestra  investidura y uniforme inmaterial de espiritualistas ontológicos y todo lo inmenso que ellos significan y que constituyen las fuentes máximas y supremas de nuestra autorrealización espiritual. 

     En consecuencia, mayores serán nuestras probabilidades de alcanzar plenamente el Estadio Existencial de Plenitud después de nuestra muerte material (y en una pequeñísima medida durante nuestra existencia terrenal). Y también, serán mayores nuestras probabilidades de librarnos de las causas deficientes o perjudiciales productoras de No-Ser o de sufrimiento (por efecto de la Ley de la Causa Eficiente). Estos últimos dos grandes beneficios constituyen el propósito fundamental del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, y son el resultado tal y como ha quedado demostrado de manera inequívoca, de la ejecución correcta de nuestro deber supremo

     En cuanto al emprendimiento espiritual (el primer paso del AEO), que ya explicamos y que abarca entre otros elementos las obras o la caridad, es fundamental indicar que no solamente incluye las obras dirigidas a hacer el Bien a nuestros semejantes, sino también, una norma o protocolo muy particular y de enorme trascendencia llamado Agradecimiento de Fe Inegoísta (AFI) y que conoceremos seguidamente:

     Según el gran Leibniz, el mal metafísico consiste en la simple imperfección inherente a todo ente. Del mal metafísico se derivan el mal físico (enfermedades, accidentes, etc.) y el mal moral (el pecado o la fabilidad de la voluntad). La totalidad de los males, dolores y sufrimientos se derivan taxativamente del mal físico y del mal moral. A cada mal, dolor o sufrimiento lo denominaremos Situación de Sufrimiento Resiliente (SSR)  de bajo, mediano o alto grado de dificultad para ser asimilada y aprovechada

  Por cada SSR de mediano o alto grado de dificultad que logremos aprovechar estratégicamente para nuestro proceso de perfeccionamiento y desenvolvimiento espiritual -a través de la ejecución de la Ley Eterna, de los valores del Espiritualismo Ontológico y del Algoritmo del Espiritualismo Ontológico- lograremos un incremento de la presencia de SER en nuestra psique u organismo sobrenatural. Es decir, incrementaremos nuestra riqueza espiritual, nuestra santidad, nuestro dominio sobre la personalidad egoísta, nuestra capacidad de supervivencia espiritual en el Estadio Existencial Carencial.

     Las SSR inicialmente constituyen amenazas, pero luego de utilizarlas estratégicamente y dentro del contexto del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, se transforman en enormes y valiosísimas oportunidades para incrementar nuestras probabilidades de supervivencia espiritual  en el Estadio Existencial Carencial. Por lo tanto, es necesario brindar un agradecimiento formal a Dios cada vez que se presente una SSR en nuestras vidas, ya que sin dichas experiencias sería imposible medir nuestro grado de aptitud como espiritualistas ontológicos y practicantes de la Fe Inegoísta. Cada SSR aprovechada correctamente, provoca una mayor concentración de Dios, de SER, de causa eficiente en nuestra psique  u organismo sobrenatural. 

     Los fundamentos del ejercicio del Agradecimiento de Fe Inegoísta (AFI), son los siguientes tres elementos:

     A) El ejercicio de la ponderación o balanza espiritual: Su objetivo es ubicar cualquier evento trágico y/o doloroso en su lugar correcto, proporcional a su importancia real en relación con un evento que tenga un grado de malignidad , daño o perjuicio mucho mayor o mucho más grande, de tal forma que podamos contextualizar o relativizar dicho evento real que nos está afectando o perjudicando  y no verlo como algo aislado y superlativo.

     Prestemos atención al siguiente ejercicio de ponderación o de balanza espiritual: En un extremo de una balanza de la justicia se encuentra la situación de sufrimiento resiliente (SSR) que nos está afectando y que tiene metafóricamente un peso de 1 Kg. En el otro extremo se encuentra una situación de sufrimiento resiliente (SSR) ajena a nuestra realidad (pero lamentablemente inherente a la realidad de varias o muchas personas) con un peso de  10 Kg (metafóricamente hablando también). ¿Cuál sería el grado de inclinación que exhibiría la balanza de la justicia? Evidentemente un ángulo de 90 grados, lo que significa que nuestra SSR, que en principio nos parece extremadamente maligna o perjudicial, es relativamente insignificante.

     En la próxima publicación, tomaremos el presente ejercicio de ponderación o de la balanza espiritual y asignaremos ejemplos reales y concretos de Situaciones de Sufrimiento Resilientes (SSR) a cada uno de los extremos de la balanza de la justicia, para que podamos tomar plena conciencia de que en la escala del sufrimiento (o del mal metafísico y sus derivados  y respectivos males físico y moral), que va de 1 a 100, donde el 100 representa una SSR extremadamente cruda, despidada, funesta, fúnebre, desgarradora, trágica, espantosa, incurable, inexorable, inhumana e inimaginable, la SSR que nos está perjudicando (a pesar de que podría significar inclusive una pérdida irreparable) comparada con una infinidad de otras SSR mucho más graves, a fin de cuentas no está ubicada en una posición tan alta en la escala del sufrimiento.  

     B) Las Situaciones de Sufrimiento Resilientes (SSR) de mediano y de alto grado de dificultad para ser asimiladas o aprovechadas, tienen la virtud de apartanos de las emociones, pasiones y preocupaciones mundanas (o sea, nos apartan de la avidez), y nos obligan a estar más tiempo y con mayor intensidad en el modo virtuoso de nuestra psique (nuestra voluntad misericordiosa-transigente y nuestro entendimiento puro, inegoísta, ascético, abnegado y resiliente). Es decir, nos compelen a vivir poniendo en práctica todos los valores del Espiritualismo Ontológico (recogimiento, abnegación, conformidad, etc.). En términos de planificación estratégica, las SSR de mediano y alto grado, constituyen invaluables oportunidades para profundizar en nuestra vocación de emprendedores espirituales.  Por lo tanto, constituyen un insumo imprescindible para nuestro crecimiento como emprendedores espirituales. Sin ellas, careceríamos de la motivación suficiente para progresar en nuestra santificación o proceso de enriquecimiento espiritual, que ineludiblemente requiere en su etapa inicial de mucho sacrificio.

     En lo que respecta a algunas SSR de mediano grado y a todas las SSR de bajo grado de dificultad para ser asimiladas o aprovechadas, si bien no poseen la capacidad de  apartanos de la avidez, al menos tienen el mérito de recordarnos que tenemos una personalidad egoísta que procura mantenernos en el modo vicioso o defectuoso (nuestra voluntad obstinada con la avidez y nuestro entendimiento  egoísta, calculador, deseoso y especulador) y a la que estamos obligados a contener, doblegar y apartar, para regresar al modo virtuoso. 

     C) Las Situaciones de Sufrimiento Resilientes son auténticas pruebas que le permiten al emprendedor espiritual determinar objetivamente si tiene la suficiente pasión y aptitud para ser un Espiritualista Ontológico y practicante de la Fe Inegoísta. Tales pruebas son imperativas para que podamos verificar o comprobar que nuestro desenvolvimiento espiritual es coherente con nuestro conocimiento, fundamentos y valores espirituales. Dicho en forma aforística, "sin dolor no hay ganancia". (Esta frase, según lo que he investigado, fue creada por alguien de habla inglesa, y en su forma original, sería "no pain, no gain").

     Una persona que ha sido entrenada y preparada para ser un soldado militar, requiere necesariamente de experiencia real de combate (experiencia en el campo de batalla) para culminar satisfactoriamente su formación y consolidarse como tal. Es tan determinante la experiencia, que un soldado experimentado o veterano, puede valer perfectamente por dos o tres soldados novatos. De la misma manera, un espiritualista ontológico y practicante de la Fe Inegoísta, requiere de experiencia real en el campo de batalla del mal metafísico, lo cual significa,  enfrentar, asimilar y aprovechar exitosamente Situaciones de Sufrimiento Resilientes (SSR), de tal forma que pueda consolidarse como un  soldado espiritual. 

     Así como hay veteranos de diferentes guerras (Vietnam, Corea, Afganistán, Irak, Siria, Donbass, Ucrania, etc.), también hay soldados espirituales que han tenido un gran desenvolvimiento enfrentando y superando estratégicamente diversas SSR, por lo cual están en todo el derecho de considerarse veteranos de la guerra del Mal Metafísico y sus respectivos y derivados mal físico y moral.

    Son estos supervivientes espirituales y veteranos de la guerra del Mal Metafísico, los que tendrán un alto grado de probabilidad de eludir lo peor del Estadio Existencial Carencial (EEC) y acceder al Estadio Existencial de Plenitud (EEP) de una manera relativamente favorable. Y ya sabemos que el EEP, aun siendo un ámbito de verdad relativa singular y perteneciente al Reino del No-Ser, tiene la virtud de permitirnos percibir telepáticamente y en forma privilegiada el Reino del SER ABSOLUTO, el Reino de Dios, que comparado con el universo, la humanidad entera y las almas altamente espiritualizadas en el EEP, es como comparar un trillón de universos con unos cuantos electrones respectivamente.

     Aquí concluimos por ahora el relevante tema de la norma del Agradecimiento de Fe Inegoísta, con lo cual, también estamos logrando resolver la segunda parte del problema fundamental de la existencia: Determinar el método y la forma para tener un desempeño sobresaliente durante el desafío del Estadio Existencial Carencial, de tal forma que seamos capaces de eludir lo peor de dicho estadio y acceder de una forma relativamente favorable al Estadio Existencial de Plenitud, donde podremos obtener una contemplación muchísimo más efectiva de la Realidad Divina Noumenal, que en última instancia, nos proporcionará la felicidad y la autorrealización espirituales. 






    


Un Curso de Fe Inegoísta L 2, P 4

Un Curso de Fe Inegoísta

El poder ilimitado de Dios SER ABSOLUTO

Lección No.2

Parte No.4

    Y precisamente, nuestro octavo valor espiritual es el de la pobreza y el sufrimiento afectivos. Para abordar este tema, hay que empezar por distinguir entre la pobreza efectiva y la pobreza afectiva. En el sitio web del Diccionario de Acción Humanitaria y Cooperación al Desarrollo, encontramos la siguiente definición de pobreza que es equivalente a la pobreza Efectiva: Situación de una persona cuyo grado de privación se halla por debajo del nivel que una determinada sociedad considera mínimo para mantener la dignidad. En términos más simples, la pobreza (efectiva) se refiere a aquella persona o familia que no tiene lo necesario para satisfacer sus necesidades básicas. Dado que la pobreza efectiva se mide en términos de un ingreso mínimo personal o familiar, se trata de un elemento objetivo.

     Mientras tanto, la Pobreza Afectiva se refiere a la indiferencia que logra experimentar una persona con relación a un determinado grado de austeridad, a una situación económica relativamente precaria, o a la ausencia de un determinado nivel de bienestar material que se puede considerar como el mínimo o el promedio para pertenecer a una determinada clase media. La pobreza afectiva es el resultado de una valoración muy particular que hace el individuo de su modelo de vida totalmente coherente con los principios de la doctrina del Espiritualismo Ontológico o de la Fe Inegoísta (que incluye la Ley Eterna) y/o con los ideales  de la filosofía perenne, y por ende, se trata de un elemento subjetivo y volitivo.

     Algo muy relevante en cuanto a la pobreza afectiva, es que solo un individuo cuya voluntad y entendimiento (funciones inorgánicas y elementos de naturaleza espiritual alojados en la psique u organismo sobrenatural), permanezcan la mayor parte del tiempo en el modo virtuoso, tendrán la capacidad de experimentar y regocijarse con dicha condición. A ese individuo lo denominamos emprendedor espiritual.

     La pobreza y el sufrimiento afectivos son el resultado de lograr un alto grado de incondicionalidad en relación con la avidez (es decir, los apegos, deleites, deseos, pasiones, emociones). Dicha incondicionalidad proviene de un trabajo intenso, permanente e inclaudicable con la voluntad misericordiosa/transigente y con el entendimiento puro, inegoísta, ascético, abnegado y resiliente (o sea, con la voluntad y el entendimiento enfocados en el modo virtuoso). 

     El emprendedor espiritual, cuyo modelo de vida es totalmente coherente con su deber sagrado (La Ley Eterna y los valores espirituales), y que en consecuencia tiene la dicha y la capacidad de experimentar la felicidad espiritual (sustentada en los bienes espirituales) y de prescindir o de ser indiferente en gran medida a la felicidad material-personal (sustentada en los bienes exteriores), obtendrá como resultado una mayor presencia concentrada de SER, de Dios, de Bien, ya que se ha librado del ensimismado yo que es puro No-Ser, lo cual implica que tiene un mayor grado de desenvolvimiento espiritual, y por lo tanto mayores probabilidades de librarse de las causas deficientes o perjudiciales productoras de No-Ser (de la privación de SER y del mal metafísico) y de alcanzar la contemplación y el Estadio Existencial de Plenitud. La pobreza y el sufrimiento afectivos, junto con la práctica de otros ejercicios espirituales, además de la  meditación, del estudio y lectura de libros de filosofía perenne (filosofía oriental, filosofía cristiana, sofiología), son algunas características muy particulares del modelo de vida sustentado en el emprendimiento espiritual.

     Pero el emprendedor espiritual no es una persona enclaustrada en un monasterio, en una abadía o un cenobio. Es un ciudadano común y corriente que tiene que cumplir con sus funciones o roles profesionales-laborales, familiares, sociales, religiosos o confesionales, académicos, de entretenimiento, etc. Y necesita distribuir su tiempo de tal forma que pueda cumplir con todas y cada una de sus funciones o papeles de la manera más perfecta posible (porque todo lo que hace lo consagra a Dios) y proporcional (según su importancia desde el punto de vista ascético-espiritual). Cuanto menos esté condicionado por la avidez (los bienes exteriores o materiales-personales), menor será su consumo de objetos prescindibles, mayor será su independencia económica, mucho más simple será su vida, y finalmente, mejores serán sus posibilidades de contar con minutos u horas de ocio para su rol más importante, el de emprendedor espiritual, que recordemos, está constituido por las obras (o la caridad o altruismo), la devoción y el conocimiento de la ciencia espiritual. Es imperativo indicar en este punto, que el emprendimiento espiritual es el paso previo para aspirar a ser un espiritualista ontológico y practicante de la Fe Inegoísta de clase mundial.

     La pobreza y el sufrimiento afectivos está admirablemente encarnados en el siguiente fundamento del Espiritualismo Ontológico y de la filosofía perenne: La vida no es un fin en sí misma para establecer apegos de todo tipo con los bienes materiales-personales (incluida la personalidad egoísta de nuestros seres amados), sino, todo lo contrario, es un medio para alcanzar el conocimiento unitivo de la Realidad Divina Noumenal a través de la ruptura con la mayor cantidad posible de apegos y finalmente, acceder al Estadio Existencial de Plenitud.

     En el sentido opuesto, la pobreza y el sufrimieto efectivos se manifiestan cuando nuestra voluntad y entendimiento se encuentran principalmente en el modo defectuoso o vicioso. Nos referimos a nuestra mente calculadora, deseosa, egocentrista y a nuestra voluntad obstinada con los deleites, apegos, deseos y pasiones; nuestra voluntad obstinada con lo que yo queremos, deseamos, necesitamos, consideramos merecer, y hasta con lo que le rogamos o suplicamos a Dios. En síntesis, la avidez.

     Todos los objetos, las cosas y los seres humanos somos entes. El mal metafísico es el costo de oportunidad de ser un ente, es decir, de existir. Dicho mal en principio es insalvable, ya que Dios no podía crearnos tan perfectos como Él mismo, puesto que Dios por definición es increado y consecuentemente no puede crear dioses. Por lo tanto, los seres humanos en nuestra calidad de entes y al igual que todos los demás entes del universo, estamos determinados por el mal metafísico, del cual se derivan el mal físico que afecta a la especie humana y al reino animal, y el mal moral (defectibilidad de la razón y de la voluntad), que afecta específicamente a la especie humana y que está profundamente relacionado con la avidez. Todos los males, dolores y sufrimientos humanos, se derivan del mal moral (defectibilidad de la razón y de la voluntad) y del mal físico, los cuales a su vez, son el producto del mal metafísico. Y dichos males pertenecen al ámbito de la verdad relativa, que es No-Ser, mientras que Dios es el Bien absoluto, la verdad absoluta, el SER ABSOLUTO.

     De todo lo anterior, podríamos extraer una deducción muy lamentable: nosotros, en nuestro ámbito o estadio existencial de verdad relativa, nos encontramos en un alto grado de exposición ante el mal metafísico y sus males derivados, el moral y el físico, o lo que es lo mismo, ante las causas deficientes o perjudiciales de No-Ser. Y Dios no puede atender nuestras súplicas y oraciones, ya que mientras los humanos nos encontramos en el orden de la verdad relativa, Dios es la verdad absoluta, el SER ABSOLUTO, el SER puro. Son dos planos totalmente diferentes y separados. En el orden de la verdad relativa hay mucha más esencia que ser, o mucho más No-Ser que SER, y el No-Ser no tiene    sentido en el orden de la verdad absoluta. El mal metafísico, al pertenecer al orden de la verdad relativa, al orden del No-Ser, no es una verdad. Y al no ser una verdad absoluta, no tiene causa o explicación en la verdad absoluta que es Dios. Lo anterior significa que ante el mal, ante el dolor y ante el sufrimiento (en nuestro ámbito de la verdad relativa), dependemos exclusivamente de nosotros mismos, de nuestras virtudes (principalmente las virtudes cardinales: fortaleza, templanza, prudencia y tolerancia), ya que no podemos contar con la gracia de Dios.

     No obstante, tal deducción no es del todo correcta, ya que, si los seres humanos somos entes, es porque Dios nos ha permitido participar de su existencia (de su SER) en una magnitud que si bien es cierto, es ínfima o insignificante (así lo establecimos anteriormente), es la causa de la naturaleza espiritual de nuestra voluntad y de nuestro entendimiento, que recordemos, son de naturaleza binaria, por lo que pueden estar en el modo virtuoso o en el modo vicioso. Vivir la gran mayor parte del tiempo en el modo virtuoso (el fundamento de la Fe Inegoísta) significa vaciar nuestra psique de la voluntad obstinada con los bienes materiales-personales y de la mente concreta, de deseos, calculadora, especuladora, y en su lugar, llenarla de la voluntad clarificada-espiritual y del entendimiento puro, inegoísta, ascético, abnegado y resiliente (proceso denominado kénosis).

     Por lo tanto, vivir permanentemente en el modo virtuoso (innecesario decir que es un desafío descomunal que exige muchísimo sacrificio), incrementará en forma vertiginosa la naturaleza o esencia espiritual de nuestra voluntad y entendimiento, lo que es equivalente a un incremento de la magnitud de SER, de Dios, de perfección, de virtud, de causa eficiente, de Bien en nuestra psique u organismo sobrenatural, y en forma concomitante, reducirá considerablemente la magnitud o presencia de No-Ser, de imperfección, de vicio, de causa ineficiente, de Mal. Vivir permanentemente en el modo virtuoso, implica vivir en una situación muy cercana al vacío perfecto, que es la psique liberada en su totalidad de los deleites, apegos, deseos y pasiones (de la avidez). Y es a través de ese vacío perfecto (kénosis), o de ese estado muy cercano a dicho vacío, que puede obrar la Ley de la Causa Eficiente. 

     Y la Ley de la Causa Eficiente, recordemos, responde a la ley de causa-efecto: cuanta mayor sea la concentración de SER, de Dios, de virtud, de Bien en nuestra psique u organismo sobrenatural, menor será la concentración de No-Ser, de vicio, de mal metafísico y sus derivados mal físico y moral, y por lo tanto, mayores serán nuestras probabilidades de librarnos de los males, dolores y sufrimientos. 

     Como conclusión final, la ejecución correcta del valor de la pobreza y sufrimiento Afectivos requiere necesariamente de la kénosis, que es una condición espiritual extremadamente difícil de lograr y que requiere un trabajo sobresaliente como emprendedor espiritual (recordemos que el emprendimiento espiritual está constituido de obras, devoción y conocimiento). El sacrificio material-personal y la abnegación necesarios para alcanzar la kénosis son ingentes, pero uno de los beneficios que optendremos a cambio es absolutamente invaluable: el favorecimiento de la Ley de la Causa Eficiente.

Objetivo funcional No.2 de Un curso de Fe Inegoísta (el poder de Dios SER ABSOLUTO): Ejecutaré en forma óptima, sistemática, consagrada y como un culto a Dios todos los valores espirituales de la doctrina del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, con el objetivo de alcanzar la kénosis, que tal y como ya lo hemos explicado, es la eliminación de la avidez o de mi personalidad egoísta, para que en su lugar, mi psique u organismo sobrenatural se llene de mi espiritual yo inegoísta, es decir, de SER, de Dios, de Bien, de virtud, de poder contra el mal metafísico (el sufrimiento en general). 


Práctica No.1 de la Lección No.2: Lo primero que haré al iniciar cada nuevo día, será asumir el compromiso sagrado de permanecer hora tras hora, minuto tras minuto en el modo virtuoso, lo cual significa que mi vida está siendo gobernada por mi voluntad misericordiosa/transigente y mi entendimiento puro, inegoísta, ascético, abnegado y resiliente.





Un Curso de Fe Inegoísta L 2, P 3


                                                    Un Curso de Fe Inegoísta

             El poder ilimitado de Dios SER ABSOLUTO vs sufrimiento

                                                Lección No. 2

                                                   Parte No. 3

       El siguiente valor espiritual que vamos a conocer y explicar es el número 5, el recogimiento. Empezaremos con la definición del término que brinda el diccionario de la RAE: El estado y la actitud de la persona que se aísla del trato con la gente. Sin embargo, en los contextos de las filosofías espirituales orientales y de la teología cristiana (todas ellas reunidas bajo un solo concepto que denominamos filosofía perenne), la idea del aislamiento tiene un significado muchísimo más esotérico, soteriológico y teleológico, ya que invoca la necesidad de enfocarnos en nuestro yo interior (nuestro Yo Superior), en ese estado idóneo de vacío perfecto de cualquier rasgo de avidez (el proceso de la kénosis), en nuestro rol de emprendedor espiritual (o practicante de la fe inegoísta) y en liberarnos de los condicionamientos del mundo de ilusión e ignorancia, lo cual supone imperiosamente un aislamiento o contención de la mayor cantidad posible de todos los estímulos del entorno que por su naturaleza superficial, efímera e intrascendente (hay excepciones por supuesto), pueden distraernos o perjudicarnos en el dearrollo de nuestra planificación estratégica espiritual cuyo propósito final es el acceso al Estadio Existencial de Plenitud (el nivel máximo de contemplación de la Realidad Divina Noumenal del Poder Superior). 

     Así, el recogimiento tiene la función de mantenernos enfocados en un modelo de vida ordenado según la Ley Eterna y según la Visión y Misión de nuestra planifición estratégica espiritual, y en forma concomintante, apartados o distanciados de la mayor cantidad posible de distractores que se encuentran en el mundo de ilusión e ignorancia (mundo material-personal) y su conjunto de bienes transitorios, breves, fútiles, insignificantes, corruptibles, mutables e impermanentes, que pertenecen al ámbido de la verdad relativa, mientras que Dios, el Bien supremo, es en sí mismo, la verdad absoluta, el SER ABSOLUTO.

     Algunos ejemplos concretos de distractores que pueden perjudicarnos son los siguientes: la inmensa industria del entretenimiento en todas sus formas y géneros; las redes sociales e Internet en general, cuando le damos un uso frívolo e irrelevante; el abuso de la sociabilidad y de la necesidad estima y reconocimiento; las adicciones en todas sus manifestaciones incluyendo la manía al trabajo, etc. 

    Finalmente, para concluir este tema del valor espiritual del recogimiento, es atinado conocer la definición del vocablo recogimiento que se encuentra en el sitio web de la Enciclopedia Hispano-Católica Universal Mercabá: Es la contemplación, la paz interior, la presencia de Dios, la unión con Dios. El recogimiento es de este modo, un hábito por el que la voluntad fuerza a los sentidos y apetitos, manteniéndolos en los límites de su autoridad, con un dominio que sin embargo, nunca llega a ser absoluto.

     El anonadamiento y la enajenación en Dios corresponde al sexto valor espiritual de nuestro curso de Fe Inegoísta. En el diccionario de la RAE podemos encotrar los siguientes significados de anonadamiento: 1. Reducir a la nada, aniquilar. 2. Abrumar o dejar muy desconcertado a alguien. Opacar, disminuir mucho algo. 

     En el marco de de la filosofía perenne (ver libro de Aldous Huxley titulado de la misma forma), del  Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, el anonadamiento es el vaciamiento de la propia voluntad (reducir a la nada o aniquilar la voluntad obstinada con los deseos y las pasiones), para llegar a ser completamente receptivo a la voluntad de Dios (cuanto más hay de Dios en mí, menos hay del yo). 

     El anonadamiento es la acción de despojarnos entusiasta y abnegadamente de nuestra personalidad egoísta o ensimismado yo (y su dependencia con la avidez) o lo que es lo mismo, de nuestra voluntad obstinada y empeñada en las cosas materiales-personales, con el diáfano y determinado objetivo de lograr que nuestra psique u organismo sobrenatural se llene de la Realidad Divina Noumenal. Y en la medida que nuestro acto de anonadamiento sea más perfecto (es decir, en la medida que nuestro sometimiento estratégico sea más entusiasta, dócil e incondicional a la Voluntad Divina), de igual forma, mayor será el grado de contemplación y absorción de Dios en nuestra psique. 

   El acto de vaciamiento de nuestra voluntad obstinada requiere imperativamente, despojarnos de  nuestro yo egocentrista (como un acto supremo de consagración) por amor a la Ley Eterna y a nuestro Poder Superior que es verdad, voluntad, entendimiento, determinación y concreción absolutas y perfectas.

    Luego, en lo relativo al vocablo enajenar, encontramos dos definiciones útiles en el diccionario de la RAE: 1. Extasiar, embelesar. 2. Desposeerse, privarse de algo. La contemplación mística nos introduce al conocimiento unitivo de Dios. Cuanto más podamos presupuestar  (racionalmente) o intuir acerca de la naturaleza de Dios, del SER, del Bien, mayor será nuestro éxtasis y subyugación. Y cuanto más cautivados estemos con la elocuencia de dicha realidad, mayor será nuestra disposición y necesidad de desprendernos del relativo control de nuestras vidas, lo cual significa la aniquilación de nuestra personalidad egoísta.

     El séptimo valor espiritual es el de la conformidadconformidad con lo que nos suceda (exceptuando por supuesto las consecuencias del pecado y el vicio). La conformidad reúne elementos de la abnegación y del recogimiento. 

     

     Conformidad con la voluntad de Dios, sumisión, docilidad para con las indicaciones del Espíritu Santo; en la práctica, si no verbal-mente, son lo mismo que conformidad con la Senda Perfecta, rehusar el tener preferencias y acariciar opiniones, mantener los ojos abiertos de modo que puedan cesar los sueños y revelarse la verdad. 

                                                                 Aldous Huxley, La Filosofía Perenne

          Quien mira hacia afuera sueña, quien mira hacia adentro, despierta.

                                                                                                      Jung

          El bien es lento porque va cuesta arriba, el mal es rápido porque va cuesta abajo.

                                                                                            Alejandro Dumas


En el diccionario de la RAE encontramos entre varios significados del vocablo conformidad, los siguientes dos que se ajustan perfectamente al concepto que queremos definir: El primero dice “adhesión íntima y total de una persona a otra”, y el segundo dice, “tolerancia y sufrimiento en las adversidades”. Extrapolando tales significados al contexto de la filosofía perenne, tenemos que la conformidad es nuestra adhesión total e incondicional a la Ley Eterna, a nuestra Visión y Misión de la planificación estratégica del Espiritualismo Ontológico, a la abnegación y a la resiliencia como medios para aspirar a la iluminación (a la contemplación).

     

     La iluminación viene cuando abandonamos nuestra obstinación y nos hacemos dóciles al obrar del Tao (la voluntad de Dios) en el mundo que nos rodea y en nuestros propios cuerpos, mentes y espíritus.

    La última finalidad del hombre, la razón final de la existencia humana es el conocimiento unitivo de la divina Base —el conocimiento que puede llegar tan sólo a los que están decididos a "morir para el yo" y de tal modo a hacer sitio, por así decirlo, a Dios.

                                                          Aldous Huxley, La Fisolofía Perenne


Y morir para el yo, implica la capacidad de poner en práctica la pobreza y el sufrimiento afectivos, condiciones imperativas para aspirar a ser un emprendedor espiritual de clase mundial, y constituyen los paradigmas de un modelo superior, virtuoso y extremadamente singular de vida.



Un Curso de Fe Inegoísta L 2, P 2


Un Curso de Fe Inegoísta

El poder ilimitado de Dios SER ABSOLUTO vs sufrimiento

Lección No.2

Parte No.2

     El tercer valor espiritual que vamos a explicar es la abnegación. Empezaremos con un elocuente aforismo tomado de mi obra El Reino del Ser Absoluto, Dios Increado

     "Cuanto más hay del yo (egocéntrico), menos hay de Dios en mí, y cuanto menos hay del yo (egocéntrico), más hay de Dios en mí". Este aforismo está basado en el concepto de kénosis, que en la teología cristiana se refiere al vaciamiento de la propia voluntad para llegar a ser totalmente receptivo a la voluntad de Dios. Otra forma de ejemplificar la kénosis, es la siguiente: El costo de oportunidad de satisfacer mi voluntad obstinada con muchas de las cosas de este mundo, es el conocimiento unitivo de la Realidad Noumenal de Dios, que abre las puertas del Estadio Existencial de Plenitud.

     En relación con el principio espiritual de la abnegación, primero debemos establecer lo siguiente: la presencia de Dios, de SER, de Bien, que hay dentro de nuestra psique u  organismo sobrenatural y que se manifiesta a través de nuestra capacidad de ser causa moral eficiente para contribuir de alguna manera y en algún grado a dar el SER a nuestros seres amados, congéneres y a nosotros mismos, es lo único realmente valioso que podemos encontrar en nuestras vidas. El resto está constituido por nuestra personalidad egoísta o ensimismado yo y por nuestros bienes materiales-personales, que son de carácter transitorio, efímero, insignificante, corruptible, mutable e impermanente. Tanto nuestra personalidad egoísta como dichos bienes son en esencia No-Ser (hablando en términos ontológicos). 

     La segunda consideración es que cuanto más concentrada sea esa presencia de SER, de Dios, de Bien, de causa eficiente, dentro de nuestra psique u organismo sobrenatural, mayores serán nuestras probabilidades de alcanzar la contemplación y de acceder al Estadio Existencial de Plenitud (EEP).

   Hemos mencionado el concepto de organismo sobrenatural, por lo tanto vamos a definirlo: El organismo sobrenatural está conformado por las dos facultades inorgánicas del alma que demuestran la naturaleza espiritual de la misma. Estas dos facultades, la voluntad y el entendimiento (que son de naturaleza binaria), cuando se encuentran la mayor parte del tiempo en el modo virtuoso y consecuentemente, generando virtudes, potencian al individuo para incrementar su desenvolvimiento o producción espiritual a través de los siguientes tres elementos que constituyen el núcleo del Emprendimiento Espiritual: la caridad (el amor más puro y desinteresado reflejado en obras), la devoción (los ejercicios espirituales, la oración, la contemplación, etc.) y el conocimiento de la Realidad Divina Noumenal del Poder Superior.

     La abnegación es el sacrificio o la renuncia de nuestra voluntad obstinada y de los deleites, apegos,deseos y pasiones, en función de servir eficientemente a Dios y a nuestros congéneres. Y servir eficientemente, significa actuar con base en nuestro yo superior o espiritual yo inegoísta (nuestra voluntad y entendimiento en el modo virtuoso), y nunca jamás con base en nuestro ensimismado yo o personalidad egoísta (nuestra voluntad y entendimiento en el modo defectuoso o vicioso). La abnegación es un instrumento fundamental para incrementar la presencia de Dios (SER ABSOLUTO) dentro de nuestra psique u organismo sobrenatural,

      La abnegación es la resignación proactiva, es decir, es una resignación con sentido, una resignación  con un propósito establecido de antemano, que es el logro del estado de perfecto vacío de nuestra personalidad egoísta (que hemos denominado kénosis). La kénosis es la anulación de sí mismo.

     No es de otra forma sino ejerciendo el imperio de nuestra voluntad misericordiosa/transigente sobre la avidez, que lograremos alcanzar la contemplación y la absorción de Dios en nuestra psique, requisitos previos a nuestra asunción al Estadio Existencial de Plenitud, propósito final del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta. El ejercicio de la abnegación significa la preeminencia de la voluntad misericordiosa/transigente sobre nuestra voluntad obstinada con la avidez y su cancelación.

     

     Pero esta "anulación de sí mismo" no es nunca (por lo menos por nadie que sepa de qué está hablando) considerada como un fin en sí misma. Posee meramente un valor instrumental, como algo indispensable para otra cosa. En las palabras de uno a quien tuvimos ocasión de citar en secciones anteriores, nos es necesario a todos "aprender el verdadero carácter y valor de todas las abnegaciones y mortificacion.

                                                                                                                              Aldous Huxley

     

     Habiendo visto a su propio yo como el YO, se separa del yo (y por lo tanto obra abnegadamente) y en virtud de su abnegación debe concebirse como INCONDICIONADO. Este es el misterio más alto, que anuncia la emancipación; mediante la abnegación, no toma parte en placer o dolor (en otras palabras, entra en un estado de desprendimiento o santa indiferencia), pero alcanza lo absoluto o, según lo expresa Alberto Magno, "llega a ser inmutable y alcanza la verdadera vida que es Dios mismo".

                                                                                                                                          N.Grou


     El cuarto valor espiritual, cuya ejecución óptima, sistemática, consagrada y como un culto a Dios incrementará la presencia de SER, de Dios, de Bien en nuestra psique u organismo sobrenatural, es el de la resiliencia espiritual. Dentro de la doctrina del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, la resiliencia espiritual es una poderosa herramienta de transformación personal que tiene la capacidad de extraer la materia prima del sufrimiento y transformarla en autorrealización espiritual y en liberación de nuestra psique (es decir, liberación de las cadenas de nuestro yo egocéntrico). Para ello se vale entre otras cosas, del razonamiento estragégico que propone analizar los acontecimientos en términos de fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas.

     Las situaciones de sufrimiento resilientes, que son la manifestación del mal metafísico y de sus respectivos y derivados mal físico y mal moral, constituyen amenazas que desvelan e intensifican nuestras debilidades, pero en forma concomitante, representan oportunidades que estimulan y exigen al máximo el despliegue de nuestras fortalezas.

   La resiliencia espiritual en términos concretos, consiste en sobreponernos a todos los males, dolores y sufrimientos con base en una conducta y en una estrategia proactivas o propositivas que nos permitan aprovecharnos de los mismos, para ser cada día más virtuosos a través de la generación de méritos y autorrealización espirituales.

     El concepto de resiliencia tiene varias acepciones en el diccionario de la RAE. Una de ellas es la siguiente: Es la capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido. En el caso de este curso de fe inegoísta, haciendo una adaptación de dicha definición formal, la resiliencia espiritual es la capacidad de nuestra psique para recuperar la paz, la sobriedad, la entereza y el dominio sobre nuestra personalidad egoísta cuando ha cesado la perturbación inicial de una situación de sufrimiento (dolor físico, emocional o sentimental).

     Los sufrimientos no deberían ser causa permanente de dolor, de angustia o incertidumbre, ya que en principio, todos ellos deberían quedar convertidos -en virtud de la poderosa herramienta de la resiliencia espiritual- en medios para generar autorrealización espiritual y alcanzar la contemplación en menor o en mayor grado.