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Un Curso de Fe Inegoísta L 2, P 3


                                                    Un Curso de Fe Inegoísta

             El poder ilimitado de Dios SER ABSOLUTO vs sufrimiento

                                                Lección No. 2

                                                   Parte No. 3

       El siguiente valor espiritual que vamos a conocer y explicar es el número 5, el recogimiento. Empezaremos con la definición del término que brinda el diccionario de la RAE: El estado y la actitud de la persona que se aísla del trato con la gente. Sin embargo, en los contextos de las filosofías espirituales orientales y de la teología cristiana (todas ellas reunidas bajo un solo concepto que denominamos filosofía perenne), la idea del aislamiento tiene un significado muchísimo más esotérico, soteriológico y teleológico, ya que invoca la necesidad de enfocarnos en nuestro yo interior (nuestro Yo Superior), en ese estado idóneo de vacío perfecto de cualquier rasgo de avidez (el proceso de la kénosis), en nuestro rol de emprendedor espiritual (o practicante de la fe inegoísta) y en liberarnos de los condicionamientos del mundo de ilusión e ignorancia, lo cual supone imperiosamente un aislamiento o contención de la mayor cantidad posible de todos los estímulos del entorno que por su naturaleza superficial, efímera e intrascendente (hay excepciones por supuesto), pueden distraernos o perjudicarnos en el dearrollo de nuestra planificación estratégica espiritual cuyo propósito final es el acceso al Estadio Existencial de Plenitud (el nivel máximo de contemplación de la Realidad Divina Noumenal del Poder Superior). 

     Así, el recogimiento tiene la función de mantenernos enfocados en un modelo de vida ordenado según la Ley Eterna y según la Visión y Misión de nuestra planifición estratégica espiritual, y en forma concomintante, apartados o distanciados de la mayor cantidad posible de distractores que se encuentran en el mundo de ilusión e ignorancia (mundo material-personal) y su conjunto de bienes transitorios, breves, fútiles, insignificantes, corruptibles, mutables e impermanentes, que pertenecen al ámbido de la verdad relativa, mientras que Dios, el Bien supremo, es en sí mismo, la verdad absoluta, el SER ABSOLUTO.

     Algunos ejemplos concretos de distractores que pueden perjudicarnos son los siguientes: la inmensa industria del entretenimiento en todas sus formas y géneros; las redes sociales e Internet en general, cuando le damos un uso frívolo e irrelevante; el abuso de la sociabilidad y de la necesidad estima y reconocimiento; las adicciones en todas sus manifestaciones incluyendo la manía al trabajo, etc. 

    Finalmente, para concluir este tema del valor espiritual del recogimiento, es atinado conocer la definición del vocablo recogimiento que se encuentra en el sitio web de la Enciclopedia Hispano-Católica Universal Mercabá: Es la contemplación, la paz interior, la presencia de Dios, la unión con Dios. El recogimiento es de este modo, un hábito por el que la voluntad fuerza a los sentidos y apetitos, manteniéndolos en los límites de su autoridad, con un dominio que sin embargo, nunca llega a ser absoluto.

     El anonadamiento y la enajenación en Dios corresponde al sexto valor espiritual de nuestro curso de Fe Inegoísta. En el diccionario de la RAE podemos encotrar los siguientes significados de anonadamiento: 1. Reducir a la nada, aniquilar. 2. Abrumar o dejar muy desconcertado a alguien. Opacar, disminuir mucho algo. 

     En el marco de de la filosofía perenne (ver libro de Aldous Huxley titulado de la misma forma), del  Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, el anonadamiento es el vaciamiento de la propia voluntad (reducir a la nada o aniquilar la voluntad obstinada con los deseos y las pasiones), para llegar a ser completamente receptivo a la voluntad de Dios (cuanto más hay de Dios en mí, menos hay del yo). 

     El anonadamiento es la acción de despojarnos entusiasta y abnegadamente de nuestra personalidad egoísta o ensimismado yo (y su dependencia con la avidez) o lo que es lo mismo, de nuestra voluntad obstinada y empeñada en las cosas materiales-personales, con el diáfano y determinado objetivo de lograr que nuestra psique u organismo sobrenatural se llene de la Realidad Divina Noumenal. Y en la medida que nuestro acto de anonadamiento sea más perfecto (es decir, en la medida que nuestro sometimiento estratégico sea más entusiasta, dócil e incondicional a la Voluntad Divina), de igual forma, mayor será el grado de contemplación y absorción de Dios en nuestra psique. 

   El acto de vaciamiento de nuestra voluntad obstinada requiere imperativamente, despojarnos de  nuestro yo egocentrista (como un acto supremo de consagración) por amor a la Ley Eterna y a nuestro Poder Superior que es verdad, voluntad, entendimiento, determinación y concreción absolutas y perfectas.

    Luego, en lo relativo al vocablo enajenar, encontramos dos definiciones útiles en el diccionario de la RAE: 1. Extasiar, embelesar. 2. Desposeerse, privarse de algo. La contemplación mística nos introduce al conocimiento unitivo de Dios. Cuanto más podamos presupuestar  (racionalmente) o intuir acerca de la naturaleza de Dios, del SER, del Bien, mayor será nuestro éxtasis y subyugación. Y cuanto más cautivados estemos con la elocuencia de dicha realidad, mayor será nuestra disposición y necesidad de desprendernos del relativo control de nuestras vidas, lo cual significa la aniquilación de nuestra personalidad egoísta.

     El séptimo valor espiritual es el de la conformidadconformidad con lo que nos suceda (exceptuando por supuesto las consecuencias del pecado y el vicio). La conformidad reúne elementos de la abnegación y del recogimiento. 

     

     Conformidad con la voluntad de Dios, sumisión, docilidad para con las indicaciones del Espíritu Santo; en la práctica, si no verbal-mente, son lo mismo que conformidad con la Senda Perfecta, rehusar el tener preferencias y acariciar opiniones, mantener los ojos abiertos de modo que puedan cesar los sueños y revelarse la verdad. 

                                                                 Aldous Huxley, La Filosofía Perenne

          Quien mira hacia afuera sueña, quien mira hacia adentro, despierta.

                                                                                                      Jung

          El bien es lento porque va cuesta arriba, el mal es rápido porque va cuesta abajo.

                                                                                            Alejandro Dumas


En el diccionario de la RAE encontramos entre varios significados del vocablo conformidad, los siguientes dos que se ajustan perfectamente al concepto que queremos definir: El primero dice “adhesión íntima y total de una persona a otra”, y el segundo dice, “tolerancia y sufrimiento en las adversidades”. Extrapolando tales significados al contexto de la filosofía perenne, tenemos que la conformidad es nuestra adhesión total e incondicional a la Ley Eterna, a nuestra Visión y Misión de la planificación estratégica del Espiritualismo Ontológico, a la abnegación y a la resiliencia como medios para aspirar a la iluminación (a la contemplación).

     

     La iluminación viene cuando abandonamos nuestra obstinación y nos hacemos dóciles al obrar del Tao (la voluntad de Dios) en el mundo que nos rodea y en nuestros propios cuerpos, mentes y espíritus.

    La última finalidad del hombre, la razón final de la existencia humana es el conocimiento unitivo de la divina Base —el conocimiento que puede llegar tan sólo a los que están decididos a "morir para el yo" y de tal modo a hacer sitio, por así decirlo, a Dios.

                                                          Aldous Huxley, La Fisolofía Perenne


Y morir para el yo, implica la capacidad de poner en práctica la pobreza y el sufrimiento afectivos, condiciones imperativas para aspirar a ser un emprendedor espiritual de clase mundial, y constituyen los paradigmas de un modelo superior, virtuoso y extremadamente singular de vida.



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Un Curso de Fe Inegoísta

El poder ilimitado de Dios SER ABSOLUTO vs sufrimiento

Lección No.2

Parte No.2

     El tercer valor espiritual que vamos a explicar es la abnegación. Empezaremos con un elocuente aforismo tomado de mi obra El Reino del Ser Absoluto, Dios Increado

     "Cuanto más hay del yo (egocéntrico), menos hay de Dios en mí, y cuanto menos hay del yo (egocéntrico), más hay de Dios en mí". Este aforismo está basado en el concepto de kénosis, que en la teología cristiana se refiere al vaciamiento de la propia voluntad para llegar a ser totalmente receptivo a la voluntad de Dios. Otra forma de ejemplificar la kénosis, es la siguiente: El costo de oportunidad de satisfacer mi voluntad obstinada con muchas de las cosas de este mundo, es el conocimiento unitivo de la Realidad Noumenal de Dios, que abre las puertas del Estadio Existencial de Plenitud.

     En relación con el principio espiritual de la abnegación, primero debemos establecer lo siguiente: la presencia de Dios, de SER, de Bien, que hay dentro de nuestra psique u  organismo sobrenatural y que se manifiesta a través de nuestra capacidad de ser causa moral eficiente para contribuir de alguna manera y en algún grado a dar el SER a nuestros seres amados, congéneres y a nosotros mismos, es lo único realmente valioso que podemos encontrar en nuestras vidas. El resto está constituido por nuestra personalidad egoísta o ensimismado yo y por nuestros bienes materiales-personales, que son de carácter transitorio, efímero, insignificante, corruptible, mutable e impermanente. Tanto nuestra personalidad egoísta como dichos bienes son en esencia No-Ser (hablando en términos ontológicos). 

     La segunda consideración es que cuanto más concentrada sea esa presencia de SER, de Dios, de Bien, de causa eficiente, dentro de nuestra psique u organismo sobrenatural, mayores serán nuestras probabilidades de alcanzar la contemplación y de acceder al Estadio Existencial de Plenitud (EEP).

   Hemos mencionado el concepto de organismo sobrenatural, por lo tanto vamos a definirlo: El organismo sobrenatural está conformado por las dos facultades inorgánicas del alma que demuestran la naturaleza espiritual de la misma. Estas dos facultades, la voluntad y el entendimiento (que son de naturaleza binaria), cuando se encuentran la mayor parte del tiempo en el modo virtuoso y consecuentemente, generando virtudes, potencian al individuo para incrementar su desenvolvimiento o producción espiritual a través de los siguientes tres elementos que constituyen el núcleo del Emprendimiento Espiritual: la caridad (el amor más puro y desinteresado reflejado en obras), la devoción (los ejercicios espirituales, la oración, la contemplación, etc.) y el conocimiento de la Realidad Divina Noumenal del Poder Superior.

     La abnegación es el sacrificio o la renuncia de nuestra voluntad obstinada y de los deleites, apegos,deseos y pasiones, en función de servir eficientemente a Dios y a nuestros congéneres. Y servir eficientemente, significa actuar con base en nuestro yo superior o espiritual yo inegoísta (nuestra voluntad y entendimiento en el modo virtuoso), y nunca jamás con base en nuestro ensimismado yo o personalidad egoísta (nuestra voluntad y entendimiento en el modo defectuoso o vicioso). La abnegación es un instrumento fundamental para incrementar la presencia de Dios (SER ABSOLUTO) dentro de nuestra psique u organismo sobrenatural,

      La abnegación es la resignación proactiva, es decir, es una resignación con sentido, una resignación  con un propósito establecido de antemano, que es el logro del estado de perfecto vacío de nuestra personalidad egoísta (que hemos denominado kénosis). La kénosis es la anulación de sí mismo.

     No es de otra forma sino ejerciendo el imperio de nuestra voluntad misericordiosa/transigente sobre la avidez, que lograremos alcanzar la contemplación y la absorción de Dios en nuestra psique, requisitos previos a nuestra asunción al Estadio Existencial de Plenitud, propósito final del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta. El ejercicio de la abnegación significa la preeminencia de la voluntad misericordiosa/transigente sobre nuestra voluntad obstinada con la avidez y su cancelación.

     

     Pero esta "anulación de sí mismo" no es nunca (por lo menos por nadie que sepa de qué está hablando) considerada como un fin en sí misma. Posee meramente un valor instrumental, como algo indispensable para otra cosa. En las palabras de uno a quien tuvimos ocasión de citar en secciones anteriores, nos es necesario a todos "aprender el verdadero carácter y valor de todas las abnegaciones y mortificacion.

                                                                                                                              Aldous Huxley

     

     Habiendo visto a su propio yo como el YO, se separa del yo (y por lo tanto obra abnegadamente) y en virtud de su abnegación debe concebirse como INCONDICIONADO. Este es el misterio más alto, que anuncia la emancipación; mediante la abnegación, no toma parte en placer o dolor (en otras palabras, entra en un estado de desprendimiento o santa indiferencia), pero alcanza lo absoluto o, según lo expresa Alberto Magno, "llega a ser inmutable y alcanza la verdadera vida que es Dios mismo".

                                                                                                                                          N.Grou


     El cuarto valor espiritual, cuya ejecución óptima, sistemática, consagrada y como un culto a Dios incrementará la presencia de SER, de Dios, de Bien en nuestra psique u organismo sobrenatural, es el de la resiliencia espiritual. Dentro de la doctrina del Espiritualismo Ontológico y de la Fe Inegoísta, la resiliencia espiritual es una poderosa herramienta de transformación personal que tiene la capacidad de extraer la materia prima del sufrimiento y transformarla en autorrealización espiritual y en liberación de nuestra psique (es decir, liberación de las cadenas de nuestro yo egocéntrico). Para ello se vale entre otras cosas, del razonamiento estragégico que propone analizar los acontecimientos en términos de fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas.

     Las situaciones de sufrimiento resilientes, que son la manifestación del mal metafísico y de sus respectivos y derivados mal físico y mal moral, constituyen amenazas que desvelan e intensifican nuestras debilidades, pero en forma concomitante, representan oportunidades que estimulan y exigen al máximo el despliegue de nuestras fortalezas.

   La resiliencia espiritual en términos concretos, consiste en sobreponernos a todos los males, dolores y sufrimientos con base en una conducta y en una estrategia proactivas o propositivas que nos permitan aprovecharnos de los mismos, para ser cada día más virtuosos a través de la generación de méritos y autorrealización espirituales.

     El concepto de resiliencia tiene varias acepciones en el diccionario de la RAE. Una de ellas es la siguiente: Es la capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido. En el caso de este curso de fe inegoísta, haciendo una adaptación de dicha definición formal, la resiliencia espiritual es la capacidad de nuestra psique para recuperar la paz, la sobriedad, la entereza y el dominio sobre nuestra personalidad egoísta cuando ha cesado la perturbación inicial de una situación de sufrimiento (dolor físico, emocional o sentimental).

     Los sufrimientos no deberían ser causa permanente de dolor, de angustia o incertidumbre, ya que en principio, todos ellos deberían quedar convertidos -en virtud de la poderosa herramienta de la resiliencia espiritual- en medios para generar autorrealización espiritual y alcanzar la contemplación en menor o en mayor grado.

    








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Un Curso de Fe Inegoísta

El poder ilimitado de Dios SER ABSOLUTO vs sufrimiento

Lección No.2

Parte No. 1

     La lección No.1 concluyó con la explicación del primero de los valores espirituales de la fe inegoísta o del Espiritualismo Ontológico: La santa indiferencia. Daremos inicio a la segunda lección de nuestro curso de fe inegoísta, con la exposición del segundo valor espiritual: El desprendimiento (los apegos).

     En la filosofía perenne y en el Espiritualismo Ontológico, el desprendimiento es un acto de ruptura radical con todos los tipos de apegos de nuestra personalidad egoísta o ensimismado yo (un acto que debe ser preferiblemente proactivo y no reactivo). Los apegos son una creación de nuestra personalidad egoísta (o nuestra mente de deseos y calculadora), que experimenta una gran excitación ante los bienes materiales-personales (bienes exteriores). Recordemos que la personalidad egoísta pertenece a nuestro yo inferior, y que los bienes exteriores (que son transitorios, insignificantes, corruptibles, mutables e impermanentes) pertenecen al mundo de ilusión e ignorancia. Dichos bienes que en esencia son No-Ser (desde el punto de vista ontológico), constituyen todo lo opuesto a los bienes espirituales que son permanentes, incorruptibles e inmutables. Los bienes espirituales que tendremos que conocer más adelante, poseen mucho más SER (o sea, mucho más Dios, mucho más Bien), que dichos bienes exteriores.

     Los apegos más comunes son los siguientes: apegos con el yo inferior de nuestros seres amados, de nuestros congéneres y con el nuestro propio (el yo inferior abarca el cuerpo físico  y la personalidad egoísta). Apegos con los deseos y las pasiones, con los bienes materiales-personales, con la vanidad (nuestro ego) y con los problemas y preocupaciones.

     La siguiente es una definición de desapego que he tomado de un diccionario: “Falta de afecto (aprecio) o interés por una persona o una cosa”. Dicha falta de apego se puede producir de forma natural o espontánea, como por ejemplo, cuando perdemos el aprecio o el interés por un empleo (un trabajo) o por una persona. Pero también puede producirse de forma planificada, deliberada y voluntaria, como resultado de nuestro esfuerzo y trabajo realizados en procura de la obtención de incondicionalidad ante todos los tipos de bienes materiales-personales del mundo de ilusión e ignorancia. Dicha incondicionalidad nos dará un altísimo grado de libertad espiritual y de destreza para purgar nuestra psique de todo rasgo de nuestro yo egocentrista y así poder llenarla de Dios, de SER ABSOLUTO, de perfección, de verdad absoluta, o lo que es equivalente, de la capacidad de experimentar la contemplación y de lograr la absorción total de Dios en nuestra psique u organismo sobrenatural. Finalmente, como consecuencia de todo lo anterior, tendremos el acceso al Estadio Existencial de Plenitud, propósito final de la filosofía perenne y del Espiritualismo Ontológico. 

     Uno de los objetivos de esta obra, es conocer la esencia de lo que es el apego (y el ensimismado yo) y determinar la forma y razón de su exterminación. Tal afirmación la podemos corroborar con dos ejemplos de principios elementales que constituyen la base doctrinal aquí contenida: El primero de ellos, es la Ley Eterna. En numeras ocasiones hemos citado la relevancia máxima de dicha norma, que está inscrita en la psique de todos los hombres y mujeres (es inherente a la naturaleza humana), pero que exige un auténtico emprendimiento espiritual para cumplir fielmente con ella. La ley recordemos, nos manda amar las cosas ORDENADAMENTE, conforme su grado de perfeccionamiento espiritual, y no preferir lo material a lo espiritual, ni lo efímero a lo eterno, ni lo cómo y placentero a lo virtuoso.

     La ley eterna es la norma suprema de la moralidad de los actos humanos.

                                                                                                                 Santo Tomás de Aquino               

     El segundo ejemplo, está representado por un principio esencial sobre el sentido de la vida, citado en el anterior capítulo No. 4: La vida no es un fin en sí misma para “consagrar” nuestro ensimismado yo o personalidad egoísta ni para establecer todo tipo de apegos con los entes y/o bienes materiales-personales, sino todo lo contrario, es un medio para romper -a través de la abnegación- con dicha personalidad y con la mayor cantidad posible de sus apegos y así obtener un alto grado de unión con el Poder Superior.

     El alma que tiene asimiento en alguna cosa, aunque más virtud tenga, no llegará a la libertad de la divina unión: Porque tanto me da que un ave esté asida a un hilo delgado que a uno grueso; porque, aunque sea delgado, tan asida se estará a él como al grueso, en tanto que no le quebrare para volar. Así el alma, sujeta por los lazos de los afectos humanos, por leves que sean éstos, no puede, mientras duran, encaminarse a Dios.

                                                                                                                    San Juan de la Cruz            

 

Haz sin apego el trabajo que tienes que hacer; pues el hombre que hace su trabajo sin apego alcanza en verdad la Meta Suprema. Por la acción sola, hombres como Janaka lograron la perfección.

Aldous Huxley, La Filosofía Perenne



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Un Curso de Fe Inegoísta

El poder ilimitado de Dios SER ABSOLUTO vs sufrimiento

Lección No.1

Parte No.3

     La presencia concentrada de SER, de Dios, de Bien en nuestra psique es el factor clave de la funcionalidad de la Ley de la Causa Eficiente. Sin dicha presencia concentrada no se cumpliría favorablemente dicha ley. Entonces la pregunta obvia es la siguiente: ¿Cuál es el medio a través del cual alcanzaremos dicha presencia concentrada de SER y por lo tanto, del PODER necesario para prevenir y combatir exitosamente el sufrimiento? Dicho medio es la ejecución óptima, sistemática, consagrada y abnegada de la Ley Eterna y de los valores espirituales.

     Como entes mixtos que somos (género material y espiritual), adolecemos de enormes debilidades y carencias, y estamos dominados en gran medida por nuestras personalidades egoístas.

     El ego fue necesario para que la especie humana pudiera sobrevivir y evolucionar principalmente en la prehistoria y gran parte de la historia como seres biológicos y sociales. Pero simultáneamente ha sido el gran obstáculo para que la especie humana haya logrado un salto cualitativo signficativo en el dominio de sus apegos, deseos y pasiones.

     Muy lejos de una evolución o salto cualitativo, lo que ha quedado registrado históricamente es un estancamiento ético-espiritual y una apología universal de la avidez, siendo cómplice la inmensa mayoría de la humanidad.

     Ya hemos dicho que la Ley Eterna es uno de los medios a través de los cuales podemos lograr una presencia concentrada de SER y por lo tanto del PODER necesario para prevenir y combatir exitosamente el sufrimiento. El otro medio son los valores espirituales y su cumplimiento como un acto máximo de consagración. Dichos valores espirituales son los siguientes: santa indiferencia, desprendimiento, abnegación, resiliencia espiritual, recogimiento, anonadamiento y enajenación en Dios, conformidad, pobreza y sufrimiento afectivos.

     En esta primera lección explicaremos el primero de ellos: Uno de los principales objetivos de la Filosofía Perenne, de la Sofiología, del Espiritualismo Ontológico y de la fe inegoísta, es vivir con un considerable grado de paz interior y de felicidad espiritual. Y para tal efecto, es imperativo alcanzar un altísimo nivel de incondicionalidad en relación con los apegos, deleites, deseos y pasiones que además de absorber la mayoría de nuestros recursos, saturan nuestra psique de No-Ser (de mal, de vicio, de avidez), sin dejar espacio para el SER, el Bien, la virtud, la perfección. 

     La práctica constante del valor de la santa indiferencia es fundamental para que todo emprendedor espiritual logre ese tesoro invaluable que es la incondicionalidad ante todos los estímulos del mundo de ilusión e ignorancia (y su conjunto de bienes transitorios, insignificantes, corruptibles, mutables e impermanentes), que por el peso tan grande que tienen dentro de nuestra psique, nos separan de Dios, del SER ABSOLUTO. La santa indiferencia tiene un protagonismo fundamental en la estrategia de todo emprendedor comprometido con su superación ascética-espiritual. En virtud de ella, tenemos que ser capaces de experimentar un legítimo desdén y una impasibilidad pura -no fingida- hacia los resultados de nuestro máximo esfuerzo en el logro de los diferentes objetivos materiales-personales (es decir, una indiferencia plena hacia el éxito o el fracaso en el logro de dichos objetivos).

     Si la indiferencia que practicamos realmente es efectiva, debe brindarnos la capacidad de anular nuestra voluntad obstinada y empecinada en lograr todo lo que nos apetece, todo lo que consideramos que merecemos o que simplemente necesitamos; también debe hacernos capaces de anular la ira, la frustración y el desencanto cuando quedamos insatisfechos con los resultados de nuestras acciones o de las acciones de nuestros seres queridos o de nuestros congéneres en general (en el ámbito material-personal principalmente). 

     Si nuestro compromiso con la santa indiferencia realmente es efectivo, tenemos que poner en práctica la negación total y efectiva de nuestro yo separante, yo personal, yo egocentrista. Para que el principio espiritual de la indiferencia tenga validez y sentido, es necesario que en forma simultánea a su ejecución, cumplamos de la manera más perfecta posible y consagrada con nuestros deberes, obligaciones, compromisos y en general, con todos los roles que desempeñamos en nuestras vidas, pero sin estar motivados por la AVIDEZ y sin estar apegados a los resultados. Por lo tanto, nos enfrentamos a un desafío en extremo difícil de cumplir por no decir imposible, ya que se requiere previa e indiscutiblemente de un nivel de virtud o de santidad muy grande, que solo puede obtenerse con un modelo de vida comprometido y enfocado en el cumplimiento de la Ley Eterna y los valores espirituales, compromiso que a su vez, solo puede obtenerse a partir de la motivación que nos provoca nuestro anhelo virtuoso de trascender espiritualmente. En caso contrario, no puede caber ninguna duda de que todo será un fracaso.

     La santa indiferencia inculcada por los expositores de la Filosofía Perenne no es estoicismo ni mera pasividad. Es más bien una resignación activa. Se renuncia a la obstinación, no para que haya vacaciones totales de la voluntad, sino para que la voluntad divina pueda servirse de la mente y el cuerpo mortificados como su instrumento para el bien.

                                                                  Aldous Huxley, La Filosofía Perenne

     Ésta es, quizá, la más difícil de todas las mortificaciones: alcanzar una "santa indiferencia" hacia el éxito o fracaso temporal de la causa a la cual dedicó uno sus mayores energías. Si triunfa, bien; si es derrotada, también está bien, aunque sea de modos que, para una mente limitada y atada por el tiempo, son aquí y ahora enteramente incomprensibles.

                                                    Aldous Huxley, La Filosofía Perenne


     

Objetivo funcional No.1 de Un curso de Fe Inegoísta (el poder de Dios SER ABSOLUTO): Cumpliré con el valor de la santa indiferencia en forma óptima, sistemática, consagrada y abnegada para desarrollar y perfeccionar mi fe inegoísta, lo cual me dará el poder necesario para prevenir y combatir exitosamente el sufrimiento y para gozar de la dicha de la autorrealización y felicidad espirituales.


Práctica No.1 de la Lección No.1: Lo primero que haré al iniciar cada nuevo día, será invocar la Ley Eterna, comprometiéndome a su fiel cumplimiento como un acto de consagración suprema a mi Poder Superior. 





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Un Curso de Fe Inegoísta

El poder ilimitado de Dios SER ABSOLUTO vs sufrimiento

Lección No.1 

Parte No.2

     Pero antes de explicar el fundamento de la fe inegoísta, es necesario brindar una definición de lo que es la fe en su sentido más amplio y general.

     La fe es un impulso interno que nos provoca la necesidad de buscar a Dios, un instinto emocional que nos lleva a sentir la presencia íntima de Dios. Es inherente a la naturaleza humana. Generlamente, acudimos a la fe en forma reactiva y no proactiva, cuando experimentamos mucho dolor físico, emocional o sentimental.

     Cuando nuestra psique estando en el modo virtuoso utiliza el instrumento de la fe, empieza a manifestarse la fe inegoísta. Y cuando nuestra psique estando en el modo defectuoso o vicioso utiliza el instrumento de la fe, empieza a manifestarse la fe convencional, ordinaria, egoísta.

     Cuando nuestra psique se encuentra en el modo virtuoso, nuestro espiritual yo inegoísta está gobernando. Cuando nuestra psique se encuentra en el modo vicioso, es nuestra personalidad egoísta la que está gobernando.

     Nuestro espiritual yo inegoísta está constituido por nuestra voluntad transigente y misericordiosa, y por nuestra mente desinteresada y resiliente (la psique en el modo virtuoso). En el lado opuesto, nuestra personalidad egoísta o ensimismado yo está compuesto por nuestra voluntad obstinada con la satisfacción de todo lo que anhela o necesita y por nuestra mente deseosa, calculadora, especuladora, tendenciosa (la psique en el modo defectuoso o vicioso).

     Evidentemente, nuestro espiritual yo inegoísta y nuestro ensimismado yo representan posturas antagónicas y contrapuestas, lo mismo que nuestra psique en el modo virtuoso y nuestra psique en el modo defectuoso o vicioso.

     De acuerdo con la fe inegoísta, el principio fundamental para lograr la destrucción del sufrimiento es la ejecución óptima, sistemática, consagrada y abnegada de la Ley Eterna. Tenemos que aceptar la universalidad e imbatibilidad de dicha ley.

     La Ley Eterna enuncia lo siguiente: Tenemos que amar las cosas ordenadamente conforme su grado de perfeccionamiento espiritual, y no preferir lo material a lo espiritual, ni lo efímero a lo eterno, ni lo cómodo y placentero a lo virtuoso.

   Podemos ver en el anterior texto de dicha ley, cuatro premisas sabias de aceptación taxativa y universal, pero que a la vez son imprecisas en cuanto al punto máximo al que tenemos que llevar el sacrificio personal que implica la ejecución óptima de tan preciada ley.

     Por eso necesitamos de la fe inegoísta que se encarga de reglamentar dicha ley, de tal forma que podamos interpretar los alcances de sus cuatron premisas de una forma mucho más diáfana  y precisa, y tener una idea objetiva de hasta dónde tenemos que llevar nuestro sacrificio. 

     En lecciones posteriores conoceremos a fondo los alcances específicos de la Ley Eterna.

     La fe ordinaria se basa en un Dios personal y misericordioso que eventualmente responde a las oraciones y que por lo tanto, podría intervenir en los acontecimientos en forma divina.

     La fe inegoísta por su misma naturaleza contraria a los deseos del ego, no contempla la posibilidad de un Dios personal que lamentable e irremediablemente, tiende a alimentar la mente deseosa y la voluntad obstinada. En su lugar, propone la Ley de la Causa Eficiente como mecanismo indirecto de interacción con Dios.

    Pero antes de conocer la definición de la Ley de la Causa Eficiente, tenemos que saber lo que significa la palabra "causa" en el contexto de la ontología. Todo lo que contribuye de alguna manera y en algún grado a dar a otro el SER, el Bien, es causa. Si una causa no da SER, sino No-Ser (es decir, produce daño), entonces no es causa eficiente, sino causa deficiente. 

     Hay dos tipos de causas: Las causas físicas son las que producen efectos físicos, buenos o malos. Cuando son efectos buenos, las llamaremos causas físicas eficientes, y en caso contrario, deficientes. Luego, las causas morales son las que producen virtud o vicio (pecado). Las primeras son causas morales eficientes, las segundas, deficientes.

     Ley de la Causa Eficiente

     La Ley de la Causa Eficiente enuncia que cuanta mayor sea la presencia de SER, de Dios, de Bien en nuestra psique u organismo sobrenatural (lo cual requiere que nuestra voluntad y entendimiento permanezcan principalmente en el modo virtuoso), de igual forma mayor será la presencia de causa moral y física eficientes, lo cual implica que menor será la presencia de No-Ser, de vicio, de defecto, y de igual forma, menor será la presencia de su opuesto: causa moral y física ineficientes. Y desde la otra perspectiva, cuanta mayor sea la presencia de No-Ser, de Mal, de vicio en nuestra psique u organismo sobrenatural (lo cual implica que nuestra voluntad y entendimiento permanezcan principalmente en el modo defectuoso), se cumplirá el mismo proceso descrito anteriormente, pero en sentido inverso, es decir, en un sentido totalmente perjudicial (o sea, mayor será la presencia de causa moral y física deficientes, lo cual implica que menor será la presencia de SER, de Dios, de Bien, de virtud y de igual forma, menor será la presencia de su opuesto: causa moral y física eficientes).

Explicado de forma diferente, cuanta mayor sea la presencia de SER, de Dios, de Bien en nuestra psique u organismo sobenatural (lo que significa que nuestra voluntad y entendimiento permanecen principalmente en el modo virtuoso), mayores serán las probabilidades de que en virtud de ese SER que es Dios, que es Bien, estemos protegidos de las causas deficientes o perjudiciales productoras de No-Ser o de sufrimiento (lo que equivale a afirmar que mayor será nuestro PODER para prevenir y combatir el sufrimiento).

    Y, en el caso contrario, cuanta mayor sea la presencia de No-Ser, de Mal, de vicio, de avidez en nuestra psique (lo que significa que nuestra voluntad y entendimiento permanecen principalmente en el modo defectuoso), menores serán las probabilidades de que en virtud de ese SER, que es Dios, que es Bien, estemos protegidos de las causas deficientes o perjudiciales productoras de No-Ser o de sufrimiento (lo que equivale a afirmar que menor o nulo será nuestro PODER para prevenir y combatir el sufrimiento).

     Por lo tanto, si nos desenvolvemos bajo un modelo de vida caracterizado por la prevalencia de nuestra voluntad misericordiosa/transigente y nuestra mente desinteresada/resiliente (es decir, nuestra psique en modo virtuoso), dispondremos entonces de muchas probabilidades de que la Ley de la Causa Eficiente (en virtud de una presencia concentrada de SER, de Dios), nos protega de los males, dolores y sufrimientos derivados de los actos imperfectos que a su vez, son derivados de la naturaleza imperfecta y limitada de la humanidad, que a su vez, es derivada del mal metafísico. 

     La Ley de la Causa Eficiente reduce nuestra exposición al mal moral y al mal físico que son consecuencia del mal metafísico, y nos brinda un gran PODER para prevenir y combatir el sufrimiento.

     Tal y como ha quedado demostrado con los argumentos anteriores, la Ley de la Causa Eficiente responde a un proceso totalmente lógico de causa-efecto. Por eso la fe inegoísta no requiere de la participación directa de un Dios personal que interceda por nosotros en momentos de mucho sufrimiento.








     

Un Curso de Fe Inegoísta L 1, P 1

   
Un Curso de Fe Inegoísta

El poder ilimitado de Dios SER ABSOLUTO vs sufrimiento

Lección No.1

Parte No.1
     
     Llamaremos Dios a aquel SER que es absolutamente superior a todos los demás. Dicha superioridad radica en que nadie le dio la existencia, sino todo lo contrario, es increado y en consecuencia, es la causa del ser de todos los entes (materiales y espirituales). Dios (el SER), es absolutamente superior a todos los entes porque existe por derecho propio, porque no recibió de otro la existencia y porque es la fuente del ser de todas las cosas, de todos los entes (el anterior texto corresponde a la demostración ontológica de la existencia de Dios).

        Como Dios es increado, es eterno. Y como existe por sí mismo, con total independencia, es infinito (nada lo limita).

     Dios es verdad, voluntad, entendimiento, determinación y concreción absolutas y perfectas. Dios es omnisciente, ominipresente y ominipoderoso. Todos estos atributos divinos pueden condensarse en dos palabras: PODER ABSOLUTO. Dentro del Reino de Dios Ser Absoluto, hay un punto infinitesimal de verdad relativa llamada universo, nuestro universo.

     El poder que tiene Dios para crear o para generar entes materiales  en el ámbito de la verdad relativa (y entes espirituales en el ámbito de la verdad relativa singular), es taxativamente ilimitado. Dios podría perfectamente crear o generar un millón de universos como el nuestro o un billón de almas separadas de sus cuerpos por la muerte. Lo que Dios no puede crear son otros dioses como Él, porque ÉL es increado, por eso es Dios (los entes son todas las cosas que existen en el mundo material-personal, y están incluidos en el reino animal, vegetal, mineral, los demás reinos biológicos y en todas las demas manifestaciones físicas de la naturaleza como nuestro planeta Tierra y el universon entero).

     Los entes, por lo mismo que se desenvuelven en el ámbito de la verdad relativa (donde prevalece el mal metafísico), tienen muchísimas limitaciones y condicionamientos. Los entes de género espiritual como por ejemplo las almas, también enfrentan limitaciones  y  condicionamientos pero en un ámbito diferente, exclusivo para ellos, que es el de la verdad relativa singular y que conoceremos más adelante. Por más que Dios quiera hacer que los entes participen en forma generosa de su existencia divina, la presencia de SER o de Dios en ellos siempre será infinitesimal a la par de Dios mismo, primero, porque Dios es el SER Y VERDAD ABSOLUTOS, INCREADO, y por lo tanto no puede crear otros dioses porque al recibir la existencia ya no serían dioses, mientras que los entes simplemente participan de la dicha de ser o de existir a través del SER de Dios en forma insignificante (o sea, han recibido la dicha de ser en virtud de la misericordia de Dios que les ha compartido su SER pero exclusivamente en el ámbito de la verdad relativa o de la verdad relativa singular). Segundo, y consecuenica del primer argumento, Dios se desenvuelve en el ámbito de la verdada absoluta, mientras que los entes, las cosas, existen breve o temporalmente en el ámbito de la verdad relativa. Más adelante, enunciaremos un tercer argumento con fundamentos de orden filosófico y más específicamente ontológicos que establecen taxativamente las razones de la insignificancia de los entes en comparación con Dios, el SER PURO.

        Inclusive la presencia de SER que hay en un hipotético billón de almas o entes espirituales, comparado con el SER ABSOLUTO, es lo mismo que comparar un electrón con el universo respectivamente.

      Y en el caso de los entes de género material, y utilizando de ejemplo la entidad más grande que conocemos que es el universo, podemos afirmar con total certeza que un hipotético billón de universos como el nuestro -que tiene una extensión de 93 mil millones de años luz que significa viajar a 300 mil kilómetros por segundo durante 93 millones de años- comparados con el SER ABSOLUTO, también es muy similar a comparar un electrón con el universo respectivamente.

     Sin embargo, dado que el billón de universos tiene muchísima menos presencia de SER que el billón de almas (porque los entes de género espiritual son superiores en acto o en SER a los entes de género material), resulta mucho más acertado si hacemos la comparación entre un neutrino y el universo respectivamente, ya que el neutrino es más pequeño o tiene menos masa que el electrón (por lo tanto, el neutrino representa al billón de universos y el electrón al billón de almas).

     Incluso un solo ser humano tiene mayor presencia de SER que un billón de universos como el nuestro, ya que al estar dotado de alma no solamente es un ente de género material, sino también un ente de género espiritual (un ente mixto). La voluntad y el entendimiento son facultades de naturaleza espiritual que capacitan al individuo para incrementar conscientemente su grado de perfeccionamiento (o de santidad, de virtud) a través de las obras, la devoción y el conocimiento. La capacidad de santificación (modestamente hablando), que es equivalente a la competencia para incrementar la presencia de SER, de Dios en la psique u organismo sobrenatural, es un atributo exclusivo de los entes de género espiritual y por eso mismo, un solo ser humano como dijimos anteriormente, tiene mayor presencia de SER (de Dios, de Bien, de Causa Eficiente) que un billón de universos.

     El billón de universos simplemente posee una inconmensurable mayor magnitud de materia (o de potencia) que un ser humano. Pero la materia y la potencia son atributos que no tienen incidencia alguna en la magnitud de la presencia de SER (de Dios, de Bien, de virtud) en los entes materiales. Por lo tanto, la materia y la potencia tienen un enorme impacto en lo cuantitativo, no así en lo cualitativo, en lo sustancial, que sería el acto, la forma.

     Cabe aclarar que acto, forma, materia, potencia, esencia y existencia, son conceptos con un significado ontológico muy diferente a su significado común y ordinario que podemos hallar en el diccionario. 
     
    Todos los prodigiosos atributos divinos que mencionamos anteriormente pueden condensarse en dos palabras: PODER ABSOLUTO. Una fracción infinitesimal de ese poder se manifiesta en nuestra psique u organismo sobrenatural (alma). Tal y como ya lo hemos establecido, nuestra voluntad y entendimiento -que indiscutiblemente son facultades de orden espiritual- nos proporcionan la capacidad de incrementar dicha fracción infinitesimal hasta alcanzar un nivel de presencia concentradísima (lo cual no sucede en los entes materiales). No obstante, en la escala de los entes espirituales, una presencia concentradísima de SER, de PODER, continúa siendo una fracción infinitesimal (comparada con el SER ABSOLUTO). Sin embargo, lo importante es que podemos utilizarla para prevenir el sufrimiento potencial y para combatir exitosamente el sufrimiento real, efectivo. Más adelante conoceremos la Ley de la Causa Eficiente, una ley de causa-efecto que nos protege contra el mal metafísico según la concentración de SER que tengamos en nuestra psique u organismo sobrenatural.

     Lograr una presencia concentradísima de SER o de PODER en nuestra psique no es algo gratuito, se requiere de un método de trabajo no solo para alcanzar tal presencia, sino también para obtener el máximo provecho de dicho poder al combatir el sufrimiento. El método al que hacemos alusión es el de la Fe Inegoísta.