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Un Curso de Fe Inegoísta L 1, P 2

Un Curso de Fe Inegoísta

El poder ilimitado de Dios SER ABSOLUTO vs sufrimiento

Lección No.1 

Parte No.2

     Pero antes de explicar el fundamento de la fe inegoísta, es necesario brindar una definición de lo que es la fe en su sentido más amplio y general.

     La fe es un impulso interno que nos provoca la necesidad de buscar a Dios, un instinto emocional que nos lleva a sentir la presencia íntima de Dios. Es inherente a la naturaleza humana. Generlamente, acudimos a la fe en forma reactiva y no proactiva, cuando experimentamos mucho dolor físico, emocional o sentimental.

     Cuando nuestra psique estando en el modo virtuoso utiliza el instrumento de la fe, empieza a manifestarse la fe inegoísta. Y cuando nuestra psique estando en el modo defectuoso o vicioso utiliza el instrumento de la fe, empieza a manifestarse la fe convencional, ordinaria, egoísta.

     Cuando nuestra psique se encuentra en el modo virtuoso, nuestro espiritual yo inegoísta está gobernando. Cuando nuestra psique se encuentra en el modo vicioso, es nuestra personalidad egoísta la que está gobernando.

     Nuestro espiritual yo inegoísta está constituido por nuestra voluntad transigente y misericordiosa, y por nuestra mente desinteresada y resiliente (la psique en el modo virtuoso). En el lado opuesto, nuestra personalidad egoísta o ensimismado yo está compuesto por nuestra voluntad obstinada con la satisfacción de todo lo que anhela o necesita y por nuestra mente deseosa, calculadora, especuladora, tendenciosa (la psique en el modo defectuoso o vicioso).

     Evidentemente, nuestro espiritual yo inegoísta y nuestro ensimismado yo representan posturas antagónicas y contrapuestas, lo mismo que nuestra psique en el modo virtuoso y nuestra psique en el modo defectuoso o vicioso.

     De acuerdo con la fe inegoísta, el principio fundamental para lograr la destrucción del sufrimiento es la ejecución óptima, sistemática, consagrada y abnegada de la Ley Eterna. Tenemos que aceptar la universalidad e imbatibilidad de dicha ley.

     La Ley Eterna enuncia lo siguiente: Tenemos que amar las cosas ordenadamente conforme su grado de perfeccionamiento espiritual, y no preferir lo material a lo espiritual, ni lo efímero a lo eterno, ni lo cómodo y placentero a lo virtuoso.

   Podemos ver en el anterior texto de dicha ley, cuatro premisas sabias de aceptación taxativa y universal, pero que a la vez son imprecisas en cuanto al punto máximo al que tenemos que llevar el sacrificio personal que implica la ejecución óptima de tan preciada ley.

     Por eso necesitamos de la fe inegoísta que se encarga de reglamentar dicha ley, de tal forma que podamos interpretar los alcances de sus cuatron premisas de una forma mucho más diáfana  y precisa, y tener una idea objetiva de hasta dónde tenemos que llevar nuestro sacrificio. 

     En lecciones posteriores conoceremos a fondo los alcances específicos de la Ley Eterna.

     La fe ordinaria se basa en un Dios personal y misericordioso que eventualmente responde a las oraciones y que por lo tanto, podría intervenir en los acontecimientos en forma divina.

     La fe inegoísta por su misma naturaleza contraria a los deseos del ego, no contempla la posibilidad de un Dios personal que lamentable e irremediablemente, tiende a alimentar la mente deseosa y la voluntad obstinada. En su lugar, propone la Ley de la Causa Eficiente como mecanismo indirecto de interacción con Dios.

    Pero antes de conocer la definición de la Ley de la Causa Eficiente, tenemos que saber lo que significa la palabra "causa" en el contexto de la ontología. Todo lo que contribuye de alguna manera y en algún grado a dar a otro el SER, el Bien, es causa. Si una causa no da SER, sino No-Ser (es decir, produce daño), entonces no es causa eficiente, sino causa deficiente. 

     Hay dos tipos de causas: Las causas físicas son las que producen efectos físicos, buenos o malos. Cuando son efectos buenos, las llamaremos causas físicas eficientes, y en caso contrario, deficientes. Luego, las causas morales son las que producen virtud o vicio (pecado). Las primeras son causas morales eficientes, las segundas, deficientes.

     Ley de la Causa Eficiente

     La Ley de la Causa Eficiente enuncia que cuanta mayor sea la presencia de SER, de Dios, de Bien en nuestra psique u organismo sobrenatural (lo cual requiere que nuestra voluntad y entendimiento permanezcan principalmente en el modo virtuoso), de igual forma mayor será la presencia de causa moral y física eficientes, lo cual implica que menor será la presencia de No-Ser, de vicio, de defecto, y de igual forma, menor será la presencia de su opuesto: causa moral y física ineficientes. Y desde la otra perspectiva, cuanta mayor sea la presencia de No-Ser, de Mal, de vicio en nuestra psique u organismo sobrenatural (lo cual implica que nuestra voluntad y entendimiento permanezcan principalmente en el modo defectuoso), se cumplirá el mismo proceso descrito anteriormente, pero en sentido inverso, es decir, en un sentido totalmente perjudicial (o sea, mayor será la presencia de causa moral y física deficientes, lo cual implica que menor será la presencia de SER, de Dios, de Bien, de virtud y de igual forma, menor será la presencia de su opuesto: causa moral y física eficientes).

Explicado de forma diferente, cuanta mayor sea la presencia de SER, de Dios, de Bien en nuestra psique u organismo sobenatural (lo que significa que nuestra voluntad y entendimiento permanecen principalmente en el modo virtuoso), mayores serán las probabilidades de que en virtud de ese SER que es Dios, que es Bien, estemos protegidos de las causas deficientes o perjudiciales productoras de No-Ser o de sufrimiento (lo que equivale a afirmar que mayor será nuestro PODER para prevenir y combatir el sufrimiento).

    Y, en el caso contrario, cuanta mayor sea la presencia de No-Ser, de Mal, de vicio, de avidez en nuestra psique (lo que significa que nuestra voluntad y entendimiento permanecen principalmente en el modo defectuoso), menores serán las probabilidades de que en virtud de ese SER, que es Dios, que es Bien, estemos protegidos de las causas deficientes o perjudiciales productoras de No-Ser o de sufrimiento (lo que equivale a afirmar que menor o nulo será nuestro PODER para prevenir y combatir el sufrimiento).

     Por lo tanto, si nos desenvolvemos bajo un modelo de vida caracterizado por la prevalencia de nuestra voluntad misericordiosa/transigente y nuestra mente desinteresada/resiliente (es decir, nuestra psique en modo virtuoso), dispondremos entonces de muchas probabilidades de que la Ley de la Causa Eficiente (en virtud de una presencia concentrada de SER, de Dios), nos protega de los males, dolores y sufrimientos derivados de los actos imperfectos que a su vez, son derivados de la naturaleza imperfecta y limitada de la humanidad, que a su vez, es derivada del mal metafísico. 

     La Ley de la Causa Eficiente reduce nuestra exposición al mal moral y al mal físico que son consecuencia del mal metafísico, y nos brinda un gran PODER para prevenir y combatir el sufrimiento.

     Tal y como ha quedado demostrado con los argumentos anteriores, la Ley de la Causa Eficiente responde a un proceso totalmente lógico de causa-efecto. Por eso la fe inegoísta no requiere de la participación directa de un Dios personal que interceda por nosotros en momentos de mucho sufrimiento.








     

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